POBREZA POST PANDEMIA EN LATINOAMÉRICA, AFRICA Y ASIA Dr. Mario H. Concha Vergara PhD, Docente de TEW Chile



Dr. Mario H. Concha Vergara PhD, Docente de TEW Chile

Hasta diciembre de 2019 en el mundo, 1.400 millones de personas eran pobres en todos los sentidos de la palabra, porque sus ingresos eran irremediablemente bajos (menos de 1 dólar diario), no tenían  acceso a agua potable, alimentos suficientes o electricidad o servicios de salud pública y escolaridad. Lamentablemente, a fines de 2019 la pobreza comenzó a aumentar rápidamente. La pobreza se concentra en niños y adolescentes. Para este periodo se observa que en el grupo de quienes tienen menos de 15 años.

Reducir la pobreza con motivo de la pandemia del coronavirus es una necesidad jurídica, ética, social, política y estratégica. La profunda caída de la actividad en el marco de la pandemia del COVID-19. Sus efectos económicos y sociales impactarán de forma diferencial a quienes están en la pobreza. Es decir, al parecer, los pobres serán más pobres. Los ricos como siempre, se las arreglarán para especular a costa de los pobres olvidándose que los muy pobres no consumen y que muchos se transformarán en delincuentes para sobrevivir.

El coronavirus ha transformado el sombrío horizonte económico en América Latina, África y algunos países de Asia, del bajo crecimiento a la recesión, sin solución de continuidad en más medio siglo, como recuerda director del  Fondo Monetario Internacional (FMI), Alejandro Werner. Por otra parte la Cepal, brazo económico de América Latina, se ha sumado al pesimismo por el frenazo de la actividad económica globalizada.

La pobreza extrema se disparará en el ámbito mundial y si el avance de la pandemia, como lo hemos dicho en crónicas anteriores, provocase una caída del 5% en el ingreso medio de la población activa, Si la merma de ingresos para la población económicamente activa fuese del 10%, esa cifra se dispararía hasta los mil millones de personas más según diferentes estudios.

Porcentaje de pobres en el mundo

Es muy posible que si la pandemia del Covid – 19 dure otro año los países en celeste aumenten lo mismo que los países en amarillo.

Según estima el Banco Mundial que abarca a casi 150 naciones, el 10 % de la población mundial (o 734 millones de personas) vivía con menos de USD 1,90  hace 5 años. Sin embargo, es probable que esta tendencia se revierta en 2020 debido a la crisis de la COVID-19 (coronavirus) y a la caída del precio de petróleo. La crisis de la COVID-19 tendrá un impacto desproporcionado sobre los pobres, a través de la pérdida de empleos, la reducción de las remesas, el alza de precios y la interrupción de la prestación de servicios como la educación y la salud. Por primera vez desde 1998, las tasas de pobreza aumentarán a medida que la economía mundial entra en recesión y cae abruptamente el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita. Pero nosotros aquí insistiremos en dos cosas: 1) el PIB no es una buena medida del crecimiento económico pues ella no considera verdaderamente el desarrollo económico de los pueblos, ni sus evoluciones; 2) El PIB per cápita no puede ni debe ser una medida económica pues divide toda la riqueza que se produce y que va a manos de una ínfima minoría por todo un pueblo.

 La crisis en marcha revertirá casi todos los avances logrados en los últimos cinco años. De acuerdo con estimaciones del Banco Mundial, varios millones de personas caerán en la pobreza extrema (vivir con menos de USD 1,90 al día) en 2020, en comparación con cifras de 2019, como resultado de la COVID-19, dependiendo de las hipótesis sobre la magnitud de la crisis económica. La tasa de pobreza extrema mundial podría aumentar entre 0,3 y 0,7 puntos porcentuales, hasta llegar a alrededor del 9 % en 2020.

El panorama de la pobreza para 2030 no es muy alentador para el Banco Mundial; éste, en un nuevo informe, estima que hasta dos tercios de la población mundial “extremadamente pobre vivirá en economías frágiles y afectadas por conflictos, poniéndose en evidencia que los objetivos mundiales de reducción de la pobreza no se lograrán si no se intensifican las medidas”. El problema es que el organismo multilateral no especifica cuáles serán las medidas a tomar en contra de la pobreza, aunque cínicamente hablando hay que aceptar que la pandemia del Covid-19 puedes ser una gran ayuda con las muertes que este provoque.

Las personas más pobres del mundo viven en zonas rurales, tienen escasa instrucción, trabajan principalmente en el sector de la agricultura, son menores de 18 años, sus viviendas son precarias, no tienen servicios médicos, muchas veces carecen de agua potable, de electricidad, etcétera. Obviamente, queda mucho por hacer para poner fin a la pobreza extrema, hay muchos desafíos incluso de gobiernos que quieren mantener a sus pueblos pobres para poder controlarlos. En gran parte del mundo, el crecimiento es muy lento, y la inversión casi no existe para elevar los ingresos. En algunos países, el ritmo de reducción de la pobreza ha sido más lento o incluso se ha revertido, haciendo a los pobres más pobres.

Según el Banco Mundial los 43 países más pobres son frágiles o atraviesan por situaciones de fragilidad y conflicto. Muchos de estos se encuentran en África al sur del Sahara. Por otra parte, la escasez de datos complica aún más la posibilidad de dimensionar el alcance del problema que significa la pobreza. Más  de 500 millones de personas habitan en economías que carecen de datos de pobreza o estos se encuentran desactualizados, o estos se encuentran adulterados por ciertos gobiernos. Para obviar esta falta de datos y generar oportunamente estimaciones de la pobreza internacional, en el reciente informe del Banco Mundial se utilizaron supuestos estadísticos e imputaciones que dan lugar a una cifra estimada de muchos millones más de personas por países.

El acceso a educación, la atención de la salud, electricidad, agua potable y otros servicios esenciales sigue estando fuera del alcance de cientos de millones de personas, por razones socioeconómicas, geográficas, étnicas y de género. Revela un mundo en el que la pobreza es un problema mucho más generalizado y arraigado. La proporción de pobres, según una definición multidimensional que abarca el consumo, la educación y el acceso a servicios básicos, es alrededor de un 50 % más alta que cuando se mide teniendo en cuenta exclusivamente la pobreza monetaria.

El Banco Mundial, en su último informe ratifica que los avances para detener la pobreza son a menudo temporales para quienes han logrado salir de ella.  Las crisis económicas, la inseguridad alimentaria y el cambio climático le quitan aquello que han conseguido con tanto esfuerzo y los hace  caer nuevamente en la pobreza. Ahora, como decíamos, la pandemia del Covid-19 se suma a todas las lacras que convierten a los seres humanos en pobres. Será fundamental encontrar formas de enfrentar estos problemas a medida que se avanzan hacia 2030.

Muchos residentes de barrios pobres nunca han recibido poca o ninguna ayuda de los gobiernos para hacer frente a los efectos económicos y sanitarios de las diferentes  crisis, lo que les lleva a valerse por sí mismos y de los líderes de sus comunidades para afrontar la emergencia. Muchos barrios pobre que no son ayudados por los gobiernos han comenzado a recibir ayuda de alimentos  y económicas de las bandas de narcotraficantes; esto comenzó en Colombia en los años 80 con Pablo Escobar, siguió en México y ahora se ha comprobado que en la población Las legua de Santiago de Chile los habitantes están siendo ayudados por el narcotráfico lo cual, a la larga les permite total impunidad en sus acciones.

En Brasil, donde hasta el momento se han reportado más de 25 mil muertes por COVID-19 y el foco de infecciones es el más elevado de América Latina, cuenta con más de 15 millones de personas que viven en favelas[1] totalmente hacinados lo cual, obviamente, les impide el distanciamiento social para no contagiarse. Esto es una gran prueba de que los más pobres son los más contagiados. Lo mismo sucede con los miles de norteamericanos que viven hacinados en los shelter homes[2] .

En Latinoamérica hay gobiernos que han asignado algunas ayudas a los más pobres; por ejemplo Colombia ha asignado 120 millones de dólares para ayudar a tres millones de trabajadores de la economía informal, mientras que en Argentina el Gobierno anunció que los trabajadores de bajos ingresos recibirían un bono de asistencia único de 10.000 pesos (unos 147 de dólares). Chile ha anunciado ayudas de emergencia en efectivo que llegarán a alrededor de 4,5 millones de personas, y unos 5 millones de cajas con alimentos y artículos de aseo; mientras que República Dominicana ha asignado subsidios o dinero en efectivo para unas 1,5 millones de familias.

Por otra parte las medidas que han tomado en Argentina, Ecuador y Colombia han sido tanto o más positivas al prohibir la suspensión de servicios públicos para los inquilinos que no pueden cumplir con el pago de sus cuentas durante la pandemia, y en Perú se les dijo a los hogares de bajos ingresos que podían aplazar el pago de las facturas de servicios públicos. Pero, muchos habitantes de barrios marginales dicen que eso no es suficiente. La pandemia ha traído como consecuencia el alza desmedida de las cuentas de electricidad, gas y agua potable debido a que las cuarentenas obligan a que todo el mundo permanezca en sus hogares consumiendo más servicios.

Los trabajadores  informales que han perdido sus empleos debido a medidas de confinamiento han salido a las calles de varias capitales, incluidos Bogotá y Santiago de Chile, para exigir ayuda del Gobierno, esto ha sucedido en especial con los vendedores informales. Pero, además, en Chile el gobierno ha negado la ayuda para los pensionados ex Presos Políticos quienes reciben pensiones miserables. Hace 4 años, la Iglesia Católica de chile manifestó que los salarios mínimos éticos debían ser de 400 mil pesos (en ese entonces US$ 650); pasaron 2 gobiernos socialistas y dos de derechas y hasta ahora han hecho oídos sordos.  La mayoría de estos ex presos políticos chilenos viven en la inopia.

A medida que los habitantes y activistas piden más ayuda estatal, también se están creando redes de vecinos para llegar a las personas más necesitadas. Es decir, los pobres ayudando a los pobres. En Chile por ejemplo, así como en Perú, se están creando “ollas comunes” las cuales con la ayuda de vecinos dan una comida diaria a quienes no tienen suficientes alimentos.

Al otro lado del Atlántico, casi 600 millones de africanos subsaharianos viven en extrema pobreza. Del Covid 19 se sabe muy poco pues no es la única pandemia y no hay personal ni capacidad de medirla. La malaria causa la muerte de 3 mil niños africanos al día. Con una población pronosticada a duplicarse antes del 2050, no habrá suficientes recursos para todos sin que ocurra un cambio económico y tal vez político-cultural radical. La infraestructura que comúnmente se encuentra en la mayoría del mundo es inexistente o altamente deficiente en el África. Casi 600 millones de africanos subsaharianos viven sin electricidad y cocinan con lo que pueden quemar. Problemas de agua y saneamiento cuestan más de lo que estos países reciben en ayuda económica. De todas las personas en el mundo que carecen de acceso al agua, casi el 40% de ellas vive en el continente africano. El hambre es un problema serio[3], y en África se produce menos comida por persona, donde el terreno promedio es demasiado pequeño para alimentar a una familia.

Mohamed VI ha liderado en el continente africano en los últimos años numerosas iniciativas para ayudar a las naciones más pobres. El hito principal del monarca, llamado “el rey de los pobres” y “el africano” por la mass media africana, fue el regreso de Marruecos al seno de la Unión Africana, hecho efectivo el 30 de enero de 2017.  De allí para adelante el apoyo marroquí a los países más necesitados no ha cesado. Con respecto a la pandemia del Coronavirus la iniciativa del Monarca alauita fue el establecimiento por parte de los jefes de Estado africanos de un cuadro operativo para la gestión de manera concertada de las distintas fases de la pandemia. “Se trata de una iniciativa pragmática y orientada hacia la acción que permita que se compartan las experiencias y buenas prácticas con vistas a hacer frente al impacto sanitario, económico y social de la pandemia”. Hay que recordar que Marruecos es uno de los países que mejor ha controlado el virus del Covid-19 y que tiene un holgado estándar de vida.

e-mail: conchamh@gmail.com

[1] Favela es el nombre dado en Brasil a los asentamientos precarios o informales que crecen en torno o dentro mismo de las ciudades grandes del país.

[2] Shelter homes: casas de refugio para los más pobres

[3] Vea: https://www.children.org/es/pobreza-global/datos-sobre-la-pobreza/africa

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