Tocando las puertas de América Latina Cuarta parte Cuba-Marruecos: Una historia de amor y traiciones Por Hassan Achahbar (*)
Cuba siempre
anheló entablar relaciones normales con Marruecos y por culpa de Argelia siempre acabó colocándose
en el extremo opuesto y en el lado equivocado. Es una larga historia de amor y
traiciones que empezó cuando La Habana decidió intervenir en la “Guerra de las
Arenas” en 1963.
Sucedió cuatro años después del triunfo de la
revolución castrista y una vez la Isla caribeña metida de lleno dentro del
bloque soviético. Argelia les brindó a los cubanos la oportunidad de exportar
su revolución y, a pesar de la amargura por no poder entrar en acción, el amago
en Argelia les sirvió de ensayo para futuras intervenciones en distintos puntos
del África subsahariana.
Según relata el
diario “Granma”, órgano del Partido Comunista, el pasado 22 de octubre, Fidel y
Raúl Castro enviaron a Argelia “tanques, tripulantes y artilleros
para repeler la invasión del Rey Hassan II, de Marruecos”. “En la madrugada del 22 de octubre de 1963 arribó el
mercante Aracelio Iglesias” al puerto argelino de Orán, “para desembarcar la
columna que fue transportada por vía férrea en 42 planchas y 12 vagones, unos
80 km, al fuerte construido por la Legión Extranjera en Bedeau, cerca del poblado
de Ras-el Ma”, cuenta el rotativo al
recordar la efeméride.
“Granma”
agrega que para pedir socorro, el presidente Ben Bella y su vice Houari
Boumediene mandataron al ministro de asuntos extranjeros, Abdelaziz Bouteflika,
quien “llegó en la mañana del 9 de octubre de 1963 a la residencia del
embajador cubano, el comandante Jorge Serguera”.
Bouteflika
“le contó” al comandante Jorge Serguera, que “tropas marroquíes estaban a
punto de invadirla” y que “el ejército argelino carecía de tanques y otros
medios para afrontar una guerra convencional”. Así fue como se pactó la
intervención y como llegó el armamento cubano a Argelia, trasladado en dos
buques.
Granma
sigue detallando que se trató de “un batallón de tanques con 22 T-34; un grupo
de artillería con 18 obuses de 122 mm; un grupo de morteros con 18 piezas de
120 mm; un grupo de artillería antiaérea con 18 piezas 14,5 mm y una batería de
cañones antitanque de 57 mm”.
Lo
sínico es esa frivolidad del órgano del Partido comunista que llega a insinuar
que con solo este material y un personal militar que “incluía 26 oficiales, 19
clases y 640 soldados”, los cubanos podían proteger a Argelia, romper las
líneas defensivas enemigas, atravesar Marruecos de punta a punta a través de
los montes Atlas, y ocupar Casablanca.
Lo
anecdótico parte, el cuerpo expedicionario cubano llegó tarde a la cita con el
destino. Los marroquíes se llevaron el trofeo en una noche otoñal y según
parece, los cubanos enviados a Argelia siguen dudando si no son mejores que sus
maestros marroquíes. Fidel al
menos, tuvo el valor de reconocer la realidad.
En sus
“conversaciones con Ignacio Ramonet”, recogidas en el libro “Cien horas con
Fidel”, éste último admite que tanto él como su hermano general Raúl y la
leyenda argentina Ernesto “Che” Guevara, aprendieron las tácticas de guerrilla
de Abdelkrim Jatabi. Algo
pues, poco o mucho, le deben los caribeños a este Marruecos que
pretendían “invadir”.
“¿El
Che no tenía ninguna experiencia militar cuando llega allí?”, le pregunta Ignacio Ramonet a Fidel Castro,
refiriéndose a los campos de entrenamiento de la guerrilla cubana en México, a
lo cual responde el comandante con un seco “no”.
- “No, ninguna. No tenía”.
-“¿Él
empezó a entrenarse militarmente con ustedes?
-“Con nosotros asistía a un curso de
táctica que nos daba un general español, Alberto Bayo -que había nacido en
Cuba, en Camagüey en 1892, antes de la independencia. En los años 1920 había
luchado en Marruecos, en el Ejército del Aire y después, como oficial
republicano, combatió en la guerra civil española y se exilió en México. Che
era un alumno en todas las clases tácticas. Bayo decía que era su "mejor
alumno". Los dos eran ajedrecistas, y allí en el campamento, echaban todas
las noches grandes partidas de ajedrez, Bayo no rebasaba las enseñanzas de cómo
debe actuar una guerrilla para romper un cerco, a partir de las veces que los
marroquíes de Abdelkrim, en la guerra del Rif, rompieron los cercos españoles.”
La tragedia es
exclusivamente de los cubanos. Ellos volvieron a enseñar los colmillos a
mediados de los años 1970, cuando se inició el conflicto del Sahara, pero esta
vez desde la sombra. Fue solo para cerrar filas detrás de
Argelia y en apoyo a su autoproclamada “república saharaui”. Pero el
alistamiento cubano, así como sus reiterados sermones anti-marroquíes en los
foros internacionales, hicieron que cualquier intento de acercamiento entre
Cuba y Marruecos acabara naufragando.
Algo parecido
sucedió al inicio del “Periodo Especial” en Cuba luego de la desaparición de la
unión Soviética, con interminables apagones, escaseces generalizadas y
aparición de las primeras bicicletas Made in china como único medio de
locomoción para la sufrida población cubana.
Así, y al compás
de la desintegración del campo socialista, estrangulada por la depresión
económica y aislada del mundo real, la Isla estuvo urgida de apertura. Se buscó
una primera aproximación a Europa a través de España (inversiones turísticas) y
se contaba con la instrumentalización de los Juegos panamericanos de La Habana
de 1991 para mejorar la imagen en el vecino Estados Unidos.
No se pudo
avanzar mucho en este sentido debido al estallido de la primera Guerra del
Golfo, por lo que el centro de gravedad para Estados Unidos se trasladó al
escenario de Medio Oriente, acentuando todavía más el aislamiento cubano.
Con Marruecos,
también se buscó y casi logró un armisticio diplomático negociado con gran
sigilo. Las conversaciones, informales en un principio, siguieron a nivel
apropiado en Nueva York, en el marco y al margen de la Asamblea General de las
Naciones Unidas. Sin duda, el ex-representante de la Isla ante la ONU y
ex-canciller, Ricardo Alarcón, lo puede corroborar.
Sin embargo,
justo en el momento en que la mesa estaba servida y faltando apenas unas pocas
horas para estampar el protocolo de acuerdo bilateral se interpuso algún
imprevisto y se suspendió la “cena diplomática”. No se sabe cómo ni quién fue
el tercero en discordia. Lo cierto es que La Habana y Rabat fracasaron
nuevamente en el intento, por lo cual las relaciones entre los dos países ya de
por sí de muy bajo perfil, se resintieron aún más del golpe.
Esto mismo se
puede decir de otro tímido intento ensayado últimamente, también en un momento
en que Cuba ya presentía malos tiempos después de la profundización de la
crisis petrolera venezolana. Fue solo un amague. Cuba volvió a mirar hacia
Argelia y el presidente Raúl Castro viajó el 3 de mayo a Argel para una
“entrevista” con el invalido Abdelaziz Bouteflika.
La visita del
general Castro coincidió con el anuncio de dos importantes hechos: las compras
masivas por Argelia de armamento sofisticado ruso y el redespliegue de técnicos
cubanos por el territorio argelino, inclusive en la rebelde Cabilia y en la
región de Tinduf, donde se atrincheran las bandas del Frente Polisario.
Es evidente que
los cubanos muestran predilección por lo argelino y que a su vez, los argelinos
adoran a los cubanos. “De lo único que podrían “alardear” en Argelia es del prestigio
y gratitud que se les viene encima cada vez que dicen Cuba”, remarca Granma el
13 de diciembre de 2015 y agrega: “entonces, el árabe que acude a su mezquita
hasta cinco veces al día para agradecer a Alá, vuelve a nombrar a su Dios y
luego al cubano que le asiste”
(*) Periodista
especializado en temas iberoamericanos
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