Se debía preveer, pero no fue así. Era el fin de un ciclo y comienzo de otro. Trump lo encarna
perfectamente, siendo presidente con menos de casi 2 millones de votos que su adversaria
demócrata, Hillary Clinton.
Así debía ser y así fue.
El mundo, a su frente Estados Unidos y sus aliados, no podían esperar otro
destino ni otro desenlace ni podían resistir más. Han hecho uso de todas las
barbaries y de todas las atrocidades posibles y por imaginar hasta crear un
terrorismo cuyos estragos han resultado, están resultando imprevisibles.
Hacía falta pues el
cambio… de administración, de presidente, de estilo y de manera de concebir las
cosas en Estados Unidos y en el mundo. Los que se “forran” por tan atroces crímenes
contra la humanidad, decidieron combatir al nuevo presidente.
Inútil… las cartas están
echadas y Estados Unidos está llamada a volver a ser lo que pretende: el “big
brothter” (hermano mayor) que no lo fue hasta ahora, menos aun con Obama y su
sonrisa… de mortero.
Ahora de la actitud de
Donald Trump depende el presente y el futuro de Estados Unidos y de sus
relaciones con todo el mundo.
Guerra o paz. Habrá que
elegir y, como todos los presidentes estadounidenses, la elección va a ser
dolorosa.
Por ahora, poco a poco,
sin que haya llegado su momento se eclipsa Obama y surge Trump. La esperanza
frustrada, el primero la por frustrar, el segundo. Pero aun hay esperanza y es
la diferencia entre el inquilino saliente y el entrante de la Casa Blanca. La
misma diferencia entre el pirómano y el bombero.

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