A menudo se plantea el debate de si es posible
la democracia en los países o estados musulmanes, dos cuestiones diferentes si
las vemos desde su justa perspectiva y sin lugar a duda, la respuesta no da
margen de discrepancia.
La democracia solo es posible si la
organización social de un pueblo cede el poder a la ciudadanía, o lo que es lo
mismo, un poder ascendente en el que los gobernantes administran el poder en
nombre de la ciudadanía. Desde ésta perspectiva la incompatibilidad de un
estado islámico con la democracia es a todas luces incompatible con la
democracia, cosa distinta es que una sociedad mayoritariamente musulmana sí
puede ser democrática. La práctica de una democracia donde la mayoría sea
respetuosa con los derechos de las minorías, si es posible, pero ésta ha de ser
genuina, sin vicios foráneos, sin tutela ni hojas de rutas diseñadas por
“ingenieros sociales” al servicio de determinados intereses. Todo pueblo tiene
el derecho de elegir su forma de vida, lo que también es democracia. Una
sociedad islámica puede ser democrática siempre que el punto de partida sea
sobre la base de que el creer no puede supeditar al saber y mundo islámico ha
sabido compaginar el saber y el creer y los marroquíes pueden presumir de un
gran aporte en el campo de la “jurisprudencia” islámica.

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