Hasta dónde
puede llegar el desconcierto: un informe clasificado “confidencial” del mando
americano acusa a lo que llama “el régimen sirio” del uso de armas químicas en
el noreste de Basoura contra las tropas americanas estacionadas allí”.
En el Pentágono,
los pocos que tienen zorra idea donde se encuentra Irak y la diferencia entre
él y Siria, se quedaron perplejos.
La respuesta
del departamento encargado de la verificación del uso de este tipo de armas
prohibidas en el mando americano no podía ser más cabal: “aquí, para nosotros no
hay ninguna frontera entre lo real y lo ficticio”.
Efectivamente más
del 90% de las alegaciones americanas sobre no solo Siria o Irak, sino el mundo
árabe-musulmana no corresponde a ninguna realidad. Tanto es así que, durante más
de 3 años, los informes del Pentágono indicaban “que era posible comprar a
Rusia para abandonar a Bachar Al Assad y su régimen”. Probablemente esto
llevara parte de la razón porque sin Irán, Moscú hubiera podido tener manos
libres y negociar lo que le convenía en Siria y hasta en Cochabamba.
Ahora es demasiado
tarde. La caída de Al Assad, sin ninguna lógica geopolítica, podría acarrear el
efecto domino en la región y sin presiones de sus satélites y proveedores de
fondo del Golfo y sin la “inmiscuicion” del camarada ruso, Washington hubiese
preferido una alianza con Damasco, más pragmática y más justa para sus intereses
nacionales y estratégicos en Oriente Medio.
En todo caso,
ante las constantes inflexiones no se debe descartar ningún extravío americano.
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