Turquía ha intensificado sus bombardeos en el norte
de Siria contra Daesh, pero también y sobre todo contra las YPG, la milicia
kurda, apoyada por Estados Unidos e Israel para crear una entidad kurda en la
frontera con, Turquía.
Entre la pared y la espada. En ausencia de una reacción de los, en
principio, directamente concernidos, los
países árabes miembros de la Liga árabe y en presencia in c luso de una
complicidad y conspiración de parte de
ellos, Ankara se ha visto obligada a “alejar” la amenaza de la creación de una
entidad kurda en sus fronteras.
Para ello, no le queda más que cambiar el orden de sus prioridades
estratégicas, comenzado con el orden de
alianzas y coaliciones. Es decir: no le queda más que un remedio: único y huérfano:
unirse al esfuerzo de guerra sirio en la zona, creando de esta manera, una
importante protección de la región a pesar de la lluvia de apoyos anti-sirios.
Ni a Estados Unidos ni a todo el Occidente cristiano parece importarle
que el número de los cristianos sirios ha bajado un 50%. D e dos millón es son
ahora un millón de cristianos que siguen viviendo en algunas ciudades del país, particularmente en la capital Damasco.
Lo que equivale a decir, sin
riesgo de equivocarse o de exagerar que estamos ante una de las peores invasiones
en Oriente Medio, donde ni los valores morales o políticos ni la religión ni los principios universales
cuentan, imperándose única e inmoralmente los intereses geopolíticos, económicos
y estratégicos.
Se han aliado con el diablo y es él el que va a determinar el destino
de la región.
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