Los hay que, en
nombre de una democracia en la que no creen o una libertad que no cesan de
encadenar, van y vienen por el mundo en misiones de “gendarmes de la paz”
cuando, sin su fabricación y venta de armas y la falta de escrúpulos de los que
tienen y no saben a quién dar, probablemente hubieran desaparecido del mapa
mundial.
Hasta Marruecos opta
por el negocio, único aun lucrativo o
por lo menos el más rápidamente lucrativo en el mundo.
De tal modo que, con la mirada fija en un enigmático y poco interesante
liderazgo regional, muchos países
recortan presupuestos de compra de material sanitario o de irrigación o de formación
para comprarse armas, invirtiendo
generosamente en las operaciones.
Lo más grave es que
se trata de defensa. Es decir de razones de Estado. Estados Unidos, Francia,
Reino Unido, Rusia y hasta la República
checa han invertido enormemente en la creación de focos de tensión y brotes de violencia e incluso de bandas y
milicias… que Daesh, que Nosra, que Boku Haram que el Polisario.
Ante lo cual no solo
es difícil, sino imposible quedarse desarmado o bubdesarmado.
Miles de billones de dólares
o de euros e industrias occidentales que se han reconvertido en productoras de
armas, cuando hasta hace poco eran de abonos o de material sanitario destinado
a los hospitales.
De salvar vidas
humanas se ha pasado a acabar con las
vidas humanas y luego encuentran la insensatez de hablar de humanismo, de violación de derechos humanos, de procesos democráticos y de niños muertos
mientras otros hablan de mártires, de heroísmos y de epopeyas…
Como si no nos haya vacunado
contra el amor, la concordia y la coexistencia pacífica. Como si nos haya
vacunado contra la hermandad, la amistad
y el dialogo y la concertación para zanjar nuestras divergencias a menudos
insignificantes… Como si nos haya vacunado con tra los nuestros.
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