Poco antes de la intentona militar en Turquía e
incluso al día siguiente de esta fallida tentativa y ante el curso que han
tomado, desde hace días, las relaciones ruso-turcas, Ankara a través de su
primer ministro, Benali Yeldrim ha dado más de un indicio de su voluntad de apaciguamiento con su
vecino sirio.
De esta forma, ante la proliferación de los grupos terroristas y de
las “inversiones” de muchos países en este lucrativo “negocio”… geopolítico, lo
menos que se podía esperar es corresponder a la mano turca tendida. La solución
del resto venderá por etapas, pero hubiera podido ser un comienzo alentador y
sigue siéndolo.
No obstante, la respuesta del régimen sirio es
decepcionante a más de un titulo. Ni desde la presidencia ni desde los hombres
del régimen ni de su prensa se ha visto ninguna respuesta o por lo menos una correspondencia.
Al contrario, como fue el caso en una entrevista a Prensa Latina, el propio
primer mandatario Bachar Al Assad comprometió seriamente las perspectivas de
una “normalización” con su vecino turco
al soltar una diarrea de injustificadas (habida cuenta del contexto y de la
coyuntura) acusaciones contra su homólogo turco y sus decisiones.
Aunque es objeto de una de las peores agresiones de la historia de la civilización
por propios y extraños, Siria está lejos de dar lecciones de democracia, menos
aun a Turquía y su miopía política y diplomática desbarata cruelmente las pocas
luces que comenzaron a iluminar las perspectivas del país.
A los sirios, ni a nadie le podría servir las frases hechas de Al
Assad ni su manera de escupir sobre la esperanza por más mínima que fuera.
Los sirios y todos los amantes de la paz y de la justicia quieren la
paz y la paz es reconciliación…
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