Pocas horas después del atentado suicida que mato
ayer (martes 21-6) a 6 soldados jordanos en la frontera sirio-jordana, Amman ha
anunciado el cierre de sus fronteras con Siria e Irak, decretándolas “zona
militares cerradas”.
Y esta mañana las autoridades
del reino hachemita han revelado que el vehículo un 4/4 que sirvió de aquél
atentado suicida formaba parte de un lote de vehículos “obsequiados” por el
gobierno jordano a dos grupos terroristas que operan dentro de Siria.
Grave…muy grave. Hasta ahora Jordania ha negado siempre las
acusaciones de su vecino sirio en el sentido de que participaba activamente en
la desestabilización del país. Ahora resulta que apoya a grupos terroristas
que, en la versión oficial jordana “ocupan algunos territorios en la frontera entre
ambos y que habrá o bien vendido o cedido el vehículo “incriminado” a Daesh”.
Dicho con términos más simples y más directos: toda la ayuda que se
proporciona a los llamados grupos de oposición moderada” en Siria van a parar
en los arsenales de Daesh. Amman lo sabía, lo sabe y ahora lo debe saber más
por si las … Lo que no parece saber ni ella ni los demás patrocinadores de esta
desestabilización de los vecinos, es que, para el terrorismo, todo el mundo es
igual: los hay, ellos y los demás. Una ideología sionista: los judíos y los no judíos.
El atentado de ayer era el primer eslabón de una serie que, desde hace
semanas algunos observadores en las capitales de oriente Medio barajan.
Turquía, ahora Jordania ¿y después?
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