“Cultura” de mendicidad o indigencia “prêt a porter”

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En voz alta
Durante el mes de Ramadán:

Unos amigos españoles (periodistas) me comentaban hace poco su viaje a Marruecos y sus visitas a algunas ciudades como Tetuán, Tánger, Rabat, Casablanca, Marrakech y hasta Uerzazat.
Me contaban con tanto entusiasmo y satisfacción que acabé por creer que este país les ha seducido y que puede seducir a cualquiera… hasta escuchar: “Todo es de maravilla… realmente, todo, menos los ejércitos de mendigos que parecen  una mosca en un vaso de leche”.
La verdad es que no encontré palabras para justificarlo, sobre todo durante este sagrado mes de Ramadán cuando proliferan indigentes y los que son menos, sobre todo estos últimos.
Casi una cultura…
Les voy a contar otra historieta: un amigo me conto que no lejos del Mausoleo Mohamed V vio a una mujer con un par de niñas de cortísima edad mendigando en pleno sol. Se acerco y le dio un billete de 100 Dh.
-    Toma coge estas niñas y vete a casa.
-    ¿Con 100 DH?
-    ¿Cómo? Si mis ingresos diarios aquí de la mendicidad superan, de lejos los 400 DH.
¡Parece mentira! Pero esto viene a confirmar los persistentes rumores de que durante este mes del ayuno, y taùmbien, de los sentimientos de solidaridad y de compasión, abundan muchos falsos mendigos que en realidad o bien son funcionarios o empleados en empresas o en otro lugar.
De donde la imperiosa necesidad de que las autoridades procedan a la, no la prohibición de la mendicidad porque esto acarrearía estrategias de lucha contra la mendicidad, sino solo verificar el grado de indigencia de algunos mendigos… sospechosos.
Por último esta historia: cuentan que alguien vino a pedir la mano de la hija de su padre.
-El dote seria la recaudación de 10 días de mendicidad.
¿Cómo?
O esto o nada.
OK.
Enamorado como estaba en la hija se fue a mendigar. Al cabo de los 10 días volvió con la “recaudación”.
-    Como acordado, aquí tienes lo que he podido obtener.
-    ¿Qué te ha perecido?
-    Creo que me has hecho un favor. De hecho, lo siento ya no quiero a tu hija. Voy a presentar mi dimisión en el trabajo y me consagraré, desde ahora en adelante a la mendicidad.

¿ Y a usted qué le parece?

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