La Alianza Atlántica acaba de
formular una invitación formal a Montentenegro a adherirse en la estructura militar
de la OTAN. Lo que, lógicamente ha suscitado la reacción rusa: “La invitación
de adhesión de Montenegro a la OTAN es inaceptable”.
¿Como lo puede evitar Moscú?
No hay más que una sola y
huérfana manera: Siria y los retos geopolíticos que representa. De hecho, la
contra-presión ha comenzado. El ministro ruso de defensa, Serguei Choigu acaba
de revelar que, a partir del próximo día 25 “en caso de que no cesaran las
violación es de alto el fuego (y no van a cesar) Rusia tiene la intención de
devolver su poderío militar a Siria”.
Las cosas claras. El ensayo y la
respuesta. El intento y la réplica. Estados Unidos y Rusia de acuerdo y no de
acuerdo. Chantaje y contra-chantaje. Siria es valiosa en el esquema estratégico
tanto de Rusia como de la OTA. Pero se da el caso de que está bajo la “tutela”
rusa. La oposición aquí como la de Ucrania o la que va a surgir dentro de muy
poco en Montenegro son cartas de presión entre Moscú y Washington que negocian
mientras miles de personas pierden la vida, otras miles se desplazan y la destrucción
arrasa lo que queda aun en píe.
A Viena van a tener que añadir
otra capital para negociar las ofertas y las concesiones de esferas de
influencia en las propias narices de la federación de Rusia o en las de los
intereses energéticos de Estados Unidos y de la OTAN en general en Oriente
Medio, donde el problema sirio acondiciona toda “normalidad” geopolítica.
En espera, otras decenas de
sirios e iraquíes han caído hoy. Nuevas estructuras fueron reducidas a polvo en
los dos países y las súper potencias siguen hablando de adhesiones a una
alianza que ha dejado desde hace lustros toda razón de existir.
Estamos en plena guerra fría, convergida
por la “distensión” ruso americana en paz caliente.
Comentarios
Publicar un comentario