La verdad es que no es una buena noticia: Una fuente gubernamental ha
indicado a “Le360” que “Marruecos va a obrar etapa por etapa, progresivamente
hasta que surja la verdad, decidido a ir, incluso hasta ante el Congreso y la
Justicia americanas”’ para hacer prevalecer sus derechos.
¿Crisis o tensión? O ninguna. A juzgar por las excusas de la
embajada americana al director general de la DGSN/DGST, Abdellatif Hammouchi,
esto debía bastar y sobrar porque, entre otras cosas, esta embajada es parte
cuando no la ilustración del departamento de estado y no podía obrar, de manera
alguna, sin concertación y coordinación con él.
O sea: que la verdad ha sido restablecida y era necesario cierta
imaginación y cierto buen-hacer diplomático de nuestros 5 ministros de Asuntos
exteriores para invertir estas excusas en una estrategia global tendente a
probar al mundo entero las inexactitudes y las carencias para no decir los
deslices y la ligereza de algunos informes del Departamento de Estado.
Es decir: una estrategia de comunicación para probar que el
controvertido informe acabó por desvelar sus limitaciones y sus concepciones
aproximativas. Eso nos lleva a la conclusión de que aquél más que controvertido
informe no ha tenido, prácticamente ningún efecto ni ninguna consecuencia sobre
Marruecos y sus reconocidos y enormes esfuerzos en materia de respeto de
derechos humanos y propios y extraños.
¿Para qué seguir insistiendo? O lo que podría ser igual ¿ Qué fin se
persigue?
¿La escalada, para qué? Difícilmente se puede valorar o evaluar lo que
podría ser el desenlace porque como reza la base misma de la diplomacia
realista: “la mejor manera de no perder una guerra es no hacerla”.
Por ello estaríamos en nuestros legítimos derechos de preguntarnos, en
tanto que marroquíes y en tanto que ciudadanos ¿Qué es lo que ganamos del “tira
y afloja” con el Secretario general de la ONU?
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