Francamente no entiendo lo que
pasa en este país. Creía que, como solía decir mi buen amigo Abel Hernández, el
problema no era el país, sino el paisanaje. En mi país el paisanaje no dice que
esta boca es mía ni parece que lo vaya a hacer. Sus elites tampoco. Sus “lideres”
políticos roncan desde hace tiempo. El país parece de “mala leche”. De conflicto
en conflicto, de crisis en crisis. Otros tienen un solo ministro de Exteriores
y busca las soluciones a todos los problemas. Nosotros tenemos 5 y no cesamos
de buscar problemas a nuestras soluciones. Y en medio de este océano de incongruencias,
nos pasamos la vida esperando alguna aclaración… alguna explicación… alguna indicación
de los señores políticos.
¡Nada! Nada de nada. En la
prensa extranjera donde solemos encontrar respuestas a nuestras preocupaciones
nacionales, ¡tampoco! Parece que se ha acostumbrado a esta manera de actuar.
Vamos a tener que desplegar un
enorme esfuerzo para comprender y por consiguiente contestar a los que nos
preguntan lo que pasa. En espera, nos parece que hay menos clarividencia en el
trato de los sobresaltos y las inflexiones en las relaciones del reino con
algunos países y hasta con algunas personalidades. Sin embargo, siempre fuimos
modelo de corrección… un ejemplo para los demás por ello somos de los pocos estables
y hasta envidiados. Por ello, los tantos ministros de Exteriores deben
reflexionar un poco más o por lo menos mejor. Deben también decidir, imitar a
otros que, para explicar un polo de atracción informativa nacional, recurren a
la prensa y a la transparencia.
Por ello dijimos, repetimos y
abusamos de repetir que las elites y los liderazgos no se inventan.
Aquí es la psicología del rumor.
Nadie sabe por qué este vuelco de Estados Unidos… si siempre hemos sido un
alumno disciplinado. Ni por qué Ban Ki-moon cambia de chaqueta y se hace
polisarista. Ni siquiera por qué los 3 mosqueteros del Ministerio de Exteriores
y Cooperación no resuelven favorable y positivamente los problemas que vayan
surgiendo para darnos algún trocito de una pequeña buena noticia.
Para el bien del país es necesaria
la distensión… la sangre fría… el sentido común y las mejores relaciones con
todos o… casi.
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