Mientras que Rusia retira sus pertrechos militares de Siria, Estados
Unidos los trae a Irak junto a centenares de “instructores” y “consejeros”.
Una y otros saben que en Oriente Medio ni son las armas ni son los ejércitos
que imponen la regla y la conducta. Hasta hace poco Israel tenia más armas que
Estados Unidos y Rusia juntos mientras que los países árabes se las arreglaban
con chapuzas. Sin embargo, desde la guerra llamada de “Seis días” Tel Aviv no volvió
a saborear una victoria militar.
Ahora es lo contrario: hasta el pequeño Qatar “invierte” en miles de
millones de dólares en armamento y junto a sus socios en el Consejo de Cooperación
del Golfo han salvado a más de una economía occidental, a su frente la del
gigante de papel: Estados Unidos. Y sin embargo, nunca Israel estuvo, por lo
menos, en apariencia y en desafíos, más fuerte que ahora. Sabe a qué juega
Rusia y está puntualmente informada de las transacciones de su aliado o padrino
americano en Ginebra sobre el destino del presidente Assad y quizás de Siria en
general, por más que lo niegue el ministro ruso de exteriores, Serguéi Víktorovich
Lavrov.
Pero Moscú toma nota a su manera: la emergencia de una nueva dinámica en
Oriente Medio con nuevos ejes, nuevas alianzas y una diplomacia de puentes e
islas. Rasgos de algo… aparentemente inquietante, se vislumbran.
No obstante y es el eterno secreto de Oriente, la liebre salta siempre
o por lo menos, a me nudo, desde menos se espera: Después de una larguísimo letargo
que parecía una muerte la Liga árabe, que se creía literalmente dominada por algunos
de sus miembros por procuración de EEUU e Israel, sale al paso de la flagrante violación
del derecho internacional, al celebrar un consejo de su usurpador gobierno en
el Golán sirio ocupado.
“Lobos de
la misma camada”, como se dice o “Tal para cual, Pascuala con Pascual”: el Golán
a cambio de apoyo a Daesh y Nosra con algunos países por medio.
Rusia hace
el distraído. Lo que, le interesa por ahora, es edificar una solida alianza con
Estados Unidos aunque a expensas de lo que sea, incluido Bachar Al Assad. Luego
habrá siempre argumentos para explicar de que no “era posible salvarlo”. Moscú pidió
tiempo y paciencia y logro una respuesta afirmativa y satisfactoria. Ya va
siendo tiempo de la ejecución. Lo malo es que Damasco lo sabía desde siempre y “traicionar”
a Al Assad es traicionar a Irán y a sí misma.
Así suelen
ser los juegos geoestratégicos: hasta cuando se cree listo, te sale el disparo
desde la culata.
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