MVS/Conacentomarroqui
La baja del
precio de petróleo podría, según muchos estudios de agencias de notación
financiera, podría ralentizar las economías de los países del Golfo.
En efecto, algo
se mueve en el Golfo… cuando los emires, como el del riquísimo Kuwait insta a
economías presupuestarias o lo que es igual: apretar un poco más el cinturón,
esto es índice e ilustración de que se está pasando página de una era de
prosperidad y opulencia.
En esta óptica,
una de estas agencias: la Standard § Poor’s recuerda a los mandatarios de las
petromonarquias árabes que nadie es profeta en su país. Es decir: un precio del
barril del bruto duraderamente bajo podría, no solo ralentizar las economías
locales, sino también, y quizás, sobre todo, afectar seriamente sus propias
infraestructuras, traduciéndose en déficits presupuestarios… ellos que no
conocen, hasta ahora, lo que esto significa. Pero todo tiene un comienzo y lo
que podríamos llamar, desde ahora, la transición energética está en marcha… a
su manera. En los EAU, por ejemplo se prepara a construir 4 centrales nucleares
de aquí el año 2020, cuya producción de electricidad permitiría evitar la
emisión de 12 millones de toneladas de CO2/año. También hay energía solar con
la central Sham 1, en servicio desde el año pasado en los Emiratos, la mayor
central solar con concentración del mundo en una superficie de 260 terrenos de
Futbol y que producirá el 7% de electricidad renovable de aquí al año 2020.
En media, los
ingresos petroleros de los países del Consejo de cooperación del Golfo (Arabia
Saudita, Qatar, Emiratos árabes Unidos, Kuwait, Bahréin y Sultanato de Omán,),
constituyen cerca de la mitad de su producto Interior Bruto (PIB) y los ¾ de
sus exportaciones.
Muchos, Dentro y fuera del mundo árabe, comienzan a hablar de la era
pos-petróleo. La nación árabe o por lo menos gran parte de ella ha dejado de
ser lo que era antes del desplome de los precios del barril del crudo y de la
fehaciente comprobación de las pésimas perspectivas para los años próximos. Las
pérdidas no son solo económicas, sino sobre todo, políticas y geopolíticas, de
donde la actual convulsión en algunas cancillerías en busca de una posición
adecuada y acorde a los nuevos imperativos que se vislumbran de manera
amenazante.
Lo que ayer era prescindible, hoy parece indispensable. Las “alianzas” que
parecían superfluas comienzan a imponerse como la solución del futuro próximo.
Y por primera vez en su historia algunas monarquías del Golfo y
repúblicas de más allá se dan cuenta de que sin su importancia energética
serian objeto de una inevitable devaluación, además de económica, política y
geopolítica.
Los cambios políticos comenzados desde hace semanas con una muy discreta
diplomacia andarín en Damasco y se prosigue actualmente en el Cairo con el
mismo objetivo pero con diferentes vías: Preparar el futuro, pero con los
mínimos daños colaterales posibles.
El agua que no corre se estanca, decía Ernesto “Che” Guevara y dice todo el
mundo. Sin una prueba elocuente de la capacidad de adaptarse a las inflexiones
geopolíticas previsibles o por prevenir, muchos perderían su postura y
ambición.
Ni marcha atrás ni adelante. “Esperar y ver”. Como terminará el “zafarrancho” sirio. Quién
gobernará en Irak, cuál será el destino de los kurdos y sobre todo como se
comportará el Hizbollah libanés. Irán es la pieza de recambio… porque todos los
citados son y están árabes/en la nación árabe. ¿No sería justo tratar de buscar
soluciones árabe-árabes? Hay tentación que no llega a voluntad, pero también
temor a valorizar lo que se quiere, desde hace lustros, devaluar.
Como diría el otro “se trata con Estados no con oposiciones, aunque estos
Estados sean autoritarios y estas oposiciones armadas”.
Hoy por hoy se trata de saber hasta qué punto todo estos es posible en una
coyuntura marcada por el fin o casi de la decisión independiente árabe y
una rabiosa “ocupación” legal y legitima como nunca había sucedido en la
historia. En vez de ocupantes e imperialistas se habla de aliados y de
salvadores. Las ideologías al revés. El mundo árabe estrena era: la del
surrealismo geopolítico que encarna el pos-petróleo.
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