No. La paz no interesa a nadie. La paz no es rentable. La paz, incluso
asusta a los buitres y a las aves de rapiña porque pueden perder sus presas o
lo que planifican para que lo fueran. Como si no existiera el caos y la desolación
los inventarían.
En Ginebra hay esfuerzos de paz. Difícil…muy difícil, debido,
principalmente a los que no quieren esta paz. Pero también esperanzadores y
prometedores por màs efímeros e ínfimos que fueran. Salvo estados Unidos, Rusia
y de cierta manera Naciones Unidas a nadie parece interesar este “triste”
episodio de la posibilidad del fin de la muerte y de la destrucción. Países que
mueven las piezas de los tableros, sirio e iraquí y otros que esperan a la
vuelta de la esquina el anuncio fracaso de estos esfuerzos… de estas tentativas…
de estas “locuras” que pueden poner fin a las imágenes de los refugiados, de
las exhibiciones de cabezas cortadas aun goteando sangre por Daesh y la destrucción
de ciudades y localidades enteras… la verdadera locura de acabar con todo un
pueblo… con toda una esperanza… con todos los gestos de clemencia y de
misericordia.
En Ginebra se habla en medio de una espeluznante indiferencia occidental. En
Ginebra se trata de atenuar el abismo entre lo posible y lo imposible y a
nosotros que nunca nos gusto informar de la guerra nos emocionaría y entusiasmaría
dar cuenta de la paz.
Y mientras que nosotros deshojamos la margarita de esta paz, ellos siguen
hablando de “primaveras, inviernos y otoños árabes”… como si la siniestra primavera
árabe hay realizado el bienestar, la estabilidad, progreso y justicia.
Pero nosotros vamos a seguir insistiendo: paz para todos. Paz, antes y
después. Paz para que cada uno sepa que, lo que no se ha conseguido con la concertación
no se lograría con la violencia y la sangre.
Paz… señores que no hay otra alternativa aunque ellos
cantaran otra canción
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