La diplomacia, según Wikipedia, es una profesión cuyo objetivo es representar y velar por los intereses de un estado y de su nación en relación a otro Estado u organismo internacional.
O sea: sentido común y comprensión aplicados a las
relaciones internacionales. La aplicación de la inteligencia y el tacto a la dirección
de las relaciones oficiales entre gobiernos de Estados independientes.
Todas estas definiciones vienen a decir como prólogo
al tema de esta rubrica relativo, hoy, a lo que debería ser la etapa actual y próxima,
desde el punto de vista de la acción diplomática marroquí.
“Aplicación de la inteligencia y el tacto a la dirección
de las relaciones oficiales entre gobiernos de Estados independientes.”.
El Sr. Secretario general de la ONU lo ha olvidado o
trata de tergiversarlo. Marruecos es un estado independiente, no así el Polisario
que es una banda separatista y milicias armadas, justamente por los adversarios
de Marruecos (Argelia).
Pero es lo de menos porque se ha olvidado de muchas
cosas hasta de la cortesía hacia los Jefes de estado de los países miembros
(que el Polisario, recordémoslo por la enésima vez, no lo es).
Lo de màs, es la gestión de etapa por nuestra
diplomacia para “representar y velar por los intereses del reino”.
¿ De qué forma?
Nosotros somos profanos en la materia y nadie nos
puede ni debe imponernos lo contrario, pero entendemos, que el sentido común, exige
que, a raíz de la actitud cabal y enigmáticamente hostil a una de las partes en
“conflicto” (Marruecos) y tras su postura al término de la reunión, el jueves
del Consejo de seguridad ilustrada contra todas las reglas, los usos,
costumbres y la tradición del organismo mundial, por un explicito lamento por
la ausencia de una condenar a una de las partes en “conflicto” que él pretende “solucionar”
(Marruecos) seria, cuando menos escandaloso seguir confiando la redacción de un
Informe al respecto a una “juez y parte” como el Sr. Ban Ki-moon quien dio
suficientes muestras y pruebas de su parcialidad y de su total ausencia de neutralidad.
Insistir en lo contrario equivaldría a condenar de
antemano a la parte que él (Ban ki-moon) ha condenado de diferentes formas,
sobre todo de manera desfachatadamente pública.
Evidentemente esto no es nuestra tarea ni nuestra
labor. Es la de los (en plural) el grupo de los ministros marroquíes de Asuntos
exteriores.
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