Roza el surrealismo la preocupación
de muchos ante el avance del ejército sirio en el norte y las sucesivas
derrotas de Daesh y las consiguientes pérdidas de terreno y de influencia.
Hasta hace poco, el presidente
turco Erdogan calificaba las acusaciones rusas de prepara una agresión en territorio
sirio de “humor negro”. Hoy su primer ministro y los más destacados mandos
militares revelan sin vergüenza que preparan con Arabia Saudita una intervención
de este tipo.
Peor aun: John Kerry, el
secretario de Estado norteamericano acaba de hacer reventar de risa a la comunidad
mundial al declarar que Estados Unidos y sus satélites han liberado el 40% de
los territorios que controlaba Daesh en Irak y el 20% en Siria.
Realmente humor negro además de
desfachatado. Es al contrario: la coalición que dirige EEUU ha hecho todo y sigue
haciendo todo su posible para defender y proteger a Daesh de los imparables
avances de las fuerzas sirias. Lo que, en terminología jurídica se llama “usurpación
de identidad” y en terminología popular “política de cachondeo”.
Así las cosas, el hecho de que
su Daesh se encontrara en dificultad y hasta en peligro de desaparición, ha desatado
las lenguas y ha dilatado la imaginación agresiva.
Los que viven de la desgracia de
los demás: Turquía y un credibilidad que va perdiendo en oriente Medio y
mascaras que caen.
Dicho esto, se debe precisar que
con o sin la cacareada intervención terrestre, para masacrar a los kurdos o
para proteger a Daesh, la situación de Siria y su ejército nunca fue mejor.
Ahora no quedan más que sobresaltos de humor e inflexiones militares.
Aparentemente, los que hablan de
agresiones terrestres, parecen haber subestimado a las fuerzas sirias, pero que
tras semanas de victorias y avances deciden lo que llaman el Plan B.
Pero el mundo ve y descubre
quién está detrás de Daesh, con el que se negocia secretamente y se apoya con
todos los medios para comprender que lo de “ofensiva contra Daesh es en
realidad contra los que están en contra de Daesh”.
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