La
evidencia consiste en que a Argelia y su Polisario les quedan muy pocos e
insignificantes apoyos como Venezuela o un a ínfima parte de ella (como lo
demostraron las últimas elecciones con una aplastante mayoría opositora al
gobierno y sus inaceptables métodos dentro y fuera del país) y África del Sur
con sus intereses que después de ella el diluvio…
En
el caso concreto de Venezuela que actualmente constituye la fortaleza de
Argelia y su Polisario en el Consejo de seguridad de Naciones Unidas, las cosas
pueden y hubieran podido ser diferentes.
Les
voy a dar un ejemplo de lo que podríamos llamar “diplomacia popular”:
Hace
unos anos mi buen amigo, el profesor Mohamed Salhi y yo, estábamos en Caracas
invitados por el Foro internacional de Juventud y en nuestros contactos con los
responsables venezolanos, algunos de los cuales altos responsables de la política
exterior, constatábamos una enigmática perplejidad en sus rostros cuando les explicábamos
el origen, los retos y la dimensión del problema del Sahara Occidental marroquí.
Algunos de los cuales nos prometieron “tomar nota e indagar”.
Sin
mandato ni siquiera con un acuerdo de nuestra embajada en la capital venezolana
no pudimos ir más lejos aunque hubiésemos podido hacerlo… tanto que el jefe de
la delegación del Polisario y entonces “ministro” encargado de América Latina,
Hay Baricalah y el embajador de Argelia en caracas se dieron cuenta y
decidieron intervenir.
Total:
un “Pacto de caballeros” fue concluido entre nosotros dos y la delegación polisarista
compuesta por unos 70 miembros con el beneplácito acuerdo del embajador
argelino.
Cuando
lo comentamos, tanto el profesor Salhi como yo llegábamos a la evidente conclusión
de que “era posible atravesar y traspasar la posición venezolana en la cuestión
del Sahara marroquí”.
Para
ello bastaba atinar en la manera de emprenderlo… Nosotros dos habíamos llegado
al fin de nuestro trayecto, lamentando al ver que los oficiales se limitaban a
acusar al régimen sandinista de…
¡Lástima…!
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