Lo decíamos esta tarde: 250 000 muertos (que son, según fuentes concordantes el triple) y más de 11 millones (también puede ser mucho más) de desplazados entre emigrantes y refugiados, miles de los cuales han desaparecido sin que nadie se interesara por las circunstancias de su desaparición (o secuestro).
Esto en Siria… solo en Siria. Inútil hacer las cuentas o lo que podría ser la verdadera envergadura del drama global. Es decir: Siria, Irak, Libia, Yemen, Somalia, Egipto, El Líbano y hasta Túnez.
Y todo porque a alguien se le ocurrió en el 2009 por
iniciativa de Estados Unidos la idea de un gasoducto que atravesara Arabia
saudita, Turquía, Jordania y Siria para suministrar gas a Europa. Una de estas
“ideas” de la “paz caliente” en las que se sofocaría a Rusia y de paso, se
cercaría a Irán exactamente como el famoso Canal que debía atravesar el Yemen
para acabar con el Estrecho de Hormuz, pulmón económico y comercial de Irán.
Son guerras por procuración entre Rusia y Estados
Unidos. Los que creen que Rusia es fiel aliado y leal socio se olvida de que
Bachar el Assad ha corrido todos los riesgos cuando se negó a permitir el paso
del gasoducto por su territorio.
Con todo lo que hace y puede/debe hacer, Rusia no
hace más que pro clamar en voz alta y en mayúscula que “por aquí no pasa el
gasoducto” o lo que es igual: “por aquí no habrá cambio de régimen”.
Ni democracia ni niño muerto. Ni fidelidad ni ocho cuarto.
Intereses en una región, donde, como lo dijimos mil veces, no existen ni amigos
ni enemigos, sino simple e irracionalmente intereses. Los que se creen aliados
no son más que agentes y satélites y los que suenan con partenariados, se
quedaran, en caso de un compromiso EEUU/Rusia, en el estado inicial. Es decir:
domésticos.
En los apetitos económicos, geopolíticos o
estratégicos nunca hay lugar para los valores morales o religiosos. Todo se
pone al servicio de la concretización de los ideales neo-colonialistas y de las
miras expansionistas.
250 000 muertos, más de un millón de heridos y
un país (países) devastado (dos).
En muchas capitales no se cuentan los muertos, sino
los millones que se pueden sacar del gasoducto y las ventajas geopolíticas que
se puedan obtener.
Ni Rusia ni Estados Unidos, pero ¿Qué le vamos a
hacer si unos están con ésta, otros con aquellos?
Es, cuando menos, inmoral.
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