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Siria y lo que puede ser solución: Sin vencedores ni vencidos… salvo el terrorismo
En una entrevista con órganos de prensa rusos, el presidente sirio Bachar
al-Assad dijo que dimitiría si así se lo pidiera el pueblo. “Él (el pueblo) es
el que me trajo y él es el que decida cuando me vaya”.
Tiene razón. El resto es pura interpretación. ¿Por qué? Sencilla y racionalmente
porque los que, desde hoteles de 5 estrellas en Istambul o Doha, Londres o
Paris, Washington o Amman, optan por lo imposible y proponen utopías deben
comprender que son responsables de decenas de miles de vidas humanas.
“Si el pueblo se lo pidiese”. Los amantes de la paz y de la justicia deben
formar su voto que así sea, sin manipulación exterior ni ingerencias
extranjeras ni coacción ni intereses de estos o de aquellos. Que el pueblo
sirio y nadie más ni nadie menos incluidos los sirios exiliados y los refugiados
de todo el mundo, aproveche esta histórica ocasión y salga a las ciudades aun
controladas por el régimen para
exigirlo.
No es que sea la solución pero si el comienzo de una solución que, bajo ningún pretexto se debe desperdiciar como se han
desperdiciado tantas ocasiones.
La frase del presidente sirio puede y debe servir de plataforma y de marco
para un amplio y profundo debate entre todos los sirios, bajo auspicios de
Naciones Unidas para dar cuerpo a un marco realista y realizable a esta
importante frase que puede servir de llave de todas las soluciones al problema
sirio.
Algunos dirían que el pueblo ya se lo ha pedido. Falso. Hasta ahora solo él
tiene un pueblo y el reconocimiento del organismo mundial. Los demás son
milicias y vende patrias pagadas por/para los que todo el mundo sabe. Tienen
armas a “punta pala” “recursos humanos” por doquier y un apoyo con el que hasta
ahora, ningún otro ser humano en toda la historia de la civilización ha beneficiado.

Al Assad debe irse. Puede ser la solución… una de las soluciones. Pero hay oposición
interna y externa y entre ambas leales al régimen. Entre los tres pueden
encontrar una solución inherente de economizar vidas humanas, destrucción y tragedia
al país y un cataclismo terrorista para el resto de la región y del mundo.
Entre el sentido común y la desfachatez y lo inusual no hay más que un ápice.
Para franquearlo solo se necesita poco…muy poca buena voluntad.
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