Todo era bonito, fraternal y solidario… hasta la creación de la entidad sionista en Palestina ocupada…
En un contexto de reivindicación de las libertades y de la tolerancia, Hassan II y el gran rabino de Marruecos, Shemon Suissa
Cuando judíos
y musulmanes se frecuentaban y se aceptaban
Una historia
común destrozada
Palabras
hebreas utilizadas en berebere en el Atlas
L'Economiste/traduccionconacentomarroqui.
Muchos otros encuentros de
este tipo testimonian una cohabitación ejemplar entre las dos culturas por lo que la
asociación Al manar ha organizado la proyección de una película que traza y
reconstruye esta cohabitación ejemplar entre judíos y musulmanes.
En un a pequeña localidad del
Atlas marroquí, Tinghir, el realizador Kamal Hachear ha llevado investigaciones
sobre la historia de sus orígenes.
Habiendo crecido en Francia,
creía que todos los beréberes marroquíes eran musulmanes. Sorprendido por lo
que había descubierto. Es decir: una presencia judía en Marruecos en las
regiones del Atlas, decidió realizar un documental. Le llevó 4 años de trabajo.
Para realizar “Tinghir-Jerusalén: los ecos del Mellah (judería)”.
En cada ciudad marroquí, la
palabra Mellah designa al barrio judío donde vivía serenamente la comunidad
judía.
De 300 000 a 2 500 judíos marroquíes
hoy, con una bolsa y efectos personales en la mano, se fueron a Israel, dando
espalda, sin motivo ni razón, a cerca de 2000 años de historia.
Las ruinas, las tumbas y los
comercios están aun allí, recordando este pasado no lejano de cuando Israel aun
no existía ni existía el odio, el rencor y e espíritu de revancha y de la
represalia… gratuita.
Tantos son los que conocen sui
historia en Tinghir pero pocos…muy pocos
se acuerdan de haber frecuentado a los judíos.
Lo que el viento e Israel se
llevaron…
Antes de los años 60, judíos y
musulmanes cohabitaban de manera pacifica, sin el menor problema. Los judíos
eran mayoritariamente comerciantes y ofrecían (vendían) sus trabajos a los
musulmanes. A través de las fotos, habitantes de Tinghir muestran su paso al
realizador. A primera vista, una ejemplar distensión se había instalado entre
las dos comunidades. “Éramos iguales. No había ningún problema… Éramos
hermanos” testimonia uno de los personajes del documental.
¿Por qué entonces se fueron?
A raíz de la usurpación de
Palestina y la creación de la entidad sionista en 1948 algunos habitantes
cesaron de frecuentar a sus paisanos de confesión judía. De repente, estos
últimos prepararon maletas (o lo que podían) y se fueron, eso si, llorando.
Musulmanes y judíos lamentan
esta historia común súbitamente destruida. “Decíamos: ¡pobres están abandonan
do su tierra, Tinghir”, explica un
habitante de la ciudad. Del Atlas a Jerusalén (usurpado), pasando por
Casablanca, basto pocas horas para borrar la presencia hebrea en la región (un
auto borrón).
“Obligados” a abandonar su
tierra y su país, desconocían totalmente su destino, a parte de lo que la
propaganda sionista prometía. Establecidos en Israel hace ahora 3 generaciones,
se conocen aun todos entre ellos. Los “judíos marroquíes” eran muy mal vistos
cuando llegaron a la tierra usurpada. Hablaban árabe, berebere y hebra y sin
embargo eran rechazados por todos los demás llegados de todo el mundo. “O mama,
ven a ver como se me ha arrojado en el Kibbutz”, canta Ana. Una canción que
cuenta el día en que un a judía marroquí se fue a la administración para pedir
un certificado. Al anunciar su país de origen, el empelado la expulso. Pero al
mentir, afirmando que era polaca la recibieron con los brazos abiertos. Gran
momento de emoción en la sala. Nostálgicos de este pasado marroquí, de Tinguir
a Jerusalén, todos hablan con tristeza. Algunos de sus hijos hablan aun el
berebere marroquí, otros volvieron a Tinghir para cuidar de las tumbas de sus
antepasados y visitar sus casas… en ruinas.
El realizador hace cruces,
mostrando imágenes de la vida en Tinghir y en Yavné (sur de Tel Aviv). Mismo
relato aunque diferentes medios materiales. Hoy en Tinghir, no se ha quedado ningún
judío. La cuestión hace incluso sonreír a jóvenes estudiantes, para los cuales
la cultura judía se limita a palabras aun
utilizadas hasta ahora en el lenguaje y el dialecto corrientes.
La película que trata de
mostrar que antes del odio, prevalecían un respeto y una tolerancia, había sido
censurado en el festival de Agadir del 2012. “No queremos guerra entre
musulmanes y judíos. Somos hermanos”, declara una habitante de Yavné, en medio
de una salva de aplausos de la asistencia.
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