El escándalo de corrupción Petrobas que sacude,
desde hace meses a Brasil, tomo ayer (jueves 16-7) un nuevo giro: En el mismo momento
en que se sabia que uno de los delatoras del asunto acusaba al influyente
presidente de la Cámara
de diputados, Eduardo Cunha, miembro del
Partido del movimiento democrático brasileño
(PMDB, pilar de la coalición actualmente en el poder), de haber pedido 5
millones de dólares como soborno, el ministerio fiscal federal abría una investigación
contra el ex presidente de este país, Luiz Ignacio Lula da Silva por trafico de
influencia.
El ex jefe de Estado (2003-2010) está acusado de
haber intercedido ante dirigentes extranjeros a favor del gigante brasileño del
BTP Odebrecht, la más importante sociedad de construcción-ingeniería de América
Latina que se ha visto confiar las grandes obras de los Juegos olímpicos de Río
(2016), se ha encontrado en medio de la tempestad del asunto Petrobrás desde el
arresto en junio de su presidente Marcelo Odebrech.
Según el ministerio fiscal, el conglomerado ha
pilotado un cartel de empresas de construcción acusadas de haberse extendido
sobre los precios y de haber sobre facturado los trabajos efectuados por la compañía
petrolera nacional.
Citado desde hace un par de semanas por la prensa
brasileña por sus excelentes relaciones con la familia Odebrecht, el ex
presidente Lula está hoy en el punto de mira de los investigadores por haber
efectuado un viaje en enero del 2913
a Cuba, Republica dominicana y a estados Unidos en compañía
de Alexandrino Alentar, ex director de relaciones institucionales de Odebrecht.
Pagado por la empresa, el vuelo había sido extrañamente
registrado como “pasajero principal: vuelo totalmente secreto”. Alexandrino Alentar
fue arrestado al mismo tiempo que Marcelo Odebrecht.
A través de su Instituto, en Sao Pablo, Lula ha
afirmado haber recibido con “sorpresa” la decisión del ministerio fiscal
federal, precisando que va a explicar con detalles sus viajes. Por su parte, su
portavoz ha dicho “estar muy tranquilo” aunque ha expresado su asombro ante lo
que llamado “rapidez de la decisión judicial”.
De hecho, ya en el 2013, la Folha de S. Paulo había
revelado que la mitad de los viajes de Lula, después de su ida de la
presidencia de Brasil, había sido financiada por las tres grandes empresas de construcción
brasileñas: Odebrecht, Camargo Correa y QAS.
El ex presidente habrá permitido, según algunos
cables diplomáticos publicados por el diario saupaulista, vencer algunas
reticencias encontradas por estas empresas, especialmente en Mozambique.
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