El Congreso de los Diputados ha aprobado el
jueves pasado la Ley
que concede la nacionalidad española a los sefardíes,
descendientes de los judíos que fueron expulsados de España en 1492.
La norma posibilitará la adquisición de la
nacionalidad española por los sefardíes descendientes de los judíos expulsados
de España en el siglo XV, sin necesidad de que renuncien a su nacionalidad y
sin exigencia de residencia en España.
Se aceptará como prueba un informe motivado,
emitido por una entidad de competencia suficiente, que acredite la pertenencia
de los apellidos del solicitante al linaje sefardí de origen español.
En cambio los musulmanes descendientes de los andalusíes
expulsados de España en la misma época (1492) “volverán mañana”.
Nadie sabe ni puede saber sobre qué criterios se
han basado los diputados españoles para “recompensar” a un ínfima parte de los
verdaderos expulsados en 1492. La misma Inquisición, la misma atroz injusticia
y la misma geometría variable.
En mayo del 2008 publiqué en Identidad Andaluza
el siguiente artículo:
Al
Andalus: memoria díscola
Said Jedidi/Identidad
Andaluza
Entre la proximidad y
la promiscuidad no hay más que un ápice o menos. En lo que podríamos llamar “identidad
andalusí” demasiado injusta, casi asfixiante, infinitamente menos. Ironía del
destino: nunca ha habido-nunca habrá ningún desarrollo de fenómenos de
concurrencia.
Magrebíes (
esencialmente marroquíes pero también argelinos y en parte tunecinos) de origen
andalusí y orgullosos de serlo y sefarditas que se agarraron a éstos pero con
el paso de tiempo cosecharon todos los frutos, viven con su pasado incrustado
en su memoria y el amor de su tierra andalusí o andaluza en su sueño eterno.
Los primeros con aún
sus títulos de propiedad, sus bagajes identitarios y hasta las llaves de sus
casas en Granada o en Jaén, se limitan a expresarse en el vocabulario de la
pasión como si tantos siglos y tanta ingratitud no resultaron ( no pueden
resultar ) suficientes para hacerles olvidar “su” tierra y “su” sueño.
Pero ellos… ellos… ellos andalusíes de pura cepa… hasta
la médula.. para siempre, de padre a hijo y de hijo a nieto nunca reivindican
nada…
“Aquello” fue un paraíso y pesadilla sigue siendo...para
los andalusíes musulmanes.
El andaluz Manuel
Chávez recuerda que en los años 50 tenía en su colegio Nuestra Señora del Pilar
de Tetuán a muchos amigos andalusíes…
Ahora, el entonces
pequeño Manolo ha crecido y de su Tetuán “natal” pasó a la Sevilla de “adopción”
donde ejerce altos cargos. Sigue sin conocer el destino de sus amigos Páez,
Lukhash (Lucas) Bargash ( Vargas), Moreno, Molin ( Molina) o Torres. Pero
debido a la importancia de sus funciones, sabe pertinentemente que nunca han
sido objeto de la menor solicitud de la Junta que preside ni de nadie en esta Andalucía
ingrata… su, a pesar de los pesares, su Andalus.
Pasto de injusticia y de exclusión, algunos, como Barba
Roja se echaron desde la Uedaya
(Rabat) al mar.
El Sr. Chávez y otros
símbolos de la Andalucía
muy cristiana sólo han tenido-tienen tiempo y memoria para los sefarditas pese
a que éstos se fueron a otras partes usurpadas desde los países de Paez, Torres
y Molin.
No obstante, sólo en
Tetuán, Féz, Chauen, Salé o Rabat se recuerda aún aquella inquisición que
significó la primera y la más injusta de las guerras civiles españolas que
borró “para siempre” la memoria de una España plural pero diferente a lo que
contemplaba-contempla el clérigo.
La audacia provocadora de esta Inquisición y de las
posteriores inquisiciones “étnicas” ( que no acabaron hasta ahora) se
encargaron de imponer la variedad del argumento.
El proselitismo de
unos, a pesar de su acto de fe en la singularidad y su lejanía y la resignación
de otros pese a su derecho y su proximidad geográfica y “étnica”, constituyen
una anomalía que nadie estigmatizó ni siquiera las sucesivas Juntas de
Andalucía y sus predecesores centros de poder en Al Andalus o Andalucía.
Reflejo lamentable de una sociedad (cúpula) que crea
hijos ideales que consagran su historia a borrar memorias y…desocializaciones
permisivas.
Recientemente, en
Baena ( provincia de Córdoba ) en el marco de una visita de “ información ” que
el gobierno español organizó a una delegación de periodistas marroquíes por
algunas ciudades del país vecino, una de nuestras incontables sorpresas fue
cuando el cura de la parroquia de dicha localidad trataba, pruebas en
manos, de explicarnos, el origen del nombre de Baena.
Para ello el religioso nos enseñó un arsenal de archivos
y de documentos en que se basó para escribir, ni más ni menos, que cuatro
enormes tomos, esbozando en términos medio enigmáticos, medio xenófobos todas
las civilizaciones “ de la región con, incluso, sus correspondientes etapas de
exogamias, endogamias y monogamias…
Todo… todo menos el verdadero origen de la palabra Baena,
que es “desgraciadamente” árabe.
Todo un ejercicio de
un derecho de veto, envuelto en una tónica, disfrazado de religión y que olía
extrañamente a visceral ingratitud.
Y de repente…
-Padre, le dije
- Si.
- En Marruecos tenemos
un refrán que dice: “ le preguntaron: ¿ dónde está tu oreja? Y respondió,
indicando con la mano derecha la oreja izquierda.
- ¿Qué quiere decir?
- Quiero decir que
Baena significa en árabe espacio que la vista abarca, linde o confine. O sea el
nombre es árabe y Usted, padre, no lo encontró hasta ahora porque para
encontrar algo que se busca se debe conocer este algo.
Mecánica regida que
transforma la insolencia hacia el pasado propio en un elogio a la locura.
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