Leído en: “Esglobal” ¿Cuánto les cuesta a los palestinos la ocupación israelí? 13 mayo 2015 Julio de la Guardia
Las
cifras son ambivalentes, pero la ocupación de Israel a los Territorios
palestinos, el bloqueo de la
Franja de Gaza y las últimas guerras suponen un precio muy
alto.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu,
aseguró no hace mucho que no está dispuesto a aceptar la creación de un Estado
palestino, haciendo caso omiso de las resoluciones de la ONU y de las recomendaciones
de la comunidad internacional para la solución del conflicto de Oriente Medio. Aunque
tras ganar holgadamente las elecciones Netanyahu haya matizado esta treta
electoralista, diciendo ahora que lo permitirá siempre que dicho Estado cumpla
ciertas condiciones –desmilitarización, cesión temporal del Valle del Jordán,
control del espacio aéreo y marítimo– no está nada clara cuál va a ser su
estrategia en relación con la ocupación durante esta crucial legislatura.
Cuantificar los costes de la ocupación israelí de
los Territorios palestinos no es una tarea nada fácil. En primer lugar, porque
se trata de un fenómeno ambivalente. En algunos ámbitos sectoriales presenta un
carácter totalmente depredador y parasitario, mientras que en otros resulta
simbiótico e incluso beneficioso para los palestinos. Así, mientras que pone a
disposición de la potencia ocupante todos los recursos naturales y materias
primas ubicadas en los Territorios, también es cierto que el contacto con
Israel ha hecho que los palestinos disfruten de unos estándares educativos y de
emancipación política y tecnológica bastante superiores a los de sus vecinos
jordanos, egipcios y sirios.
En segundo lugar, el cálculo de los costes de la
ocupación es complejo debido a la fragmentación territorial y política a la que
se encuentran sometidos los Territorios. No tiene nada que ver el régimen de
autonomía administrativa con el que cuentan los palestinos de las áreas A y B
(que constituyen aproximadamente el 40% de Cisjordania y concentran al 90% de
su población); con el de ocupación militar y colonización de las Áreas C (que
constituyen el 60% restante de Cisjordania mientras alojan apenas al 10%, en
las que se siguen construyendo asentamientos ilegales, los colonos se apropian
por la fuerza de los terrenos de cultivo, y el Ejército israelí instala
polígonos de tiro); con el del estatus de cuasi
ciudadanía del que disfrutan los palestinos de Jerusalén Oriental (con derecho
a todos los servicios públicos –educación, sanidad, pensiones– y sociales que
les presta el Estado de Israel); con el durísimo bloqueo comercial y las
restricciones de movimientos impuestos sobre la Franja de Gaza.
Un tercer problema añadido a la hora de calcular
es la falta de estadísticas actualizadas y fiables a partir de las cuales
presentar una imagen holística del problema. Pues salvo los estudios de
organizaciones internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario
Internacional, las estadísticas de las fuentes palestinas tienden a magnificar
el problema y a realzar su carácter depredador, mientras que las instituciones
israelíes tienden a relativizarlo y a presentar sus aspectos más benignos.
Ministerio
de Economía Nacional de la Autoridad Nacional Palestina
El único estudio específico hasta el momento,
llevado a cabo por el Ministerio de Economía Nacional de la ANP a finales del año 2011 con
el nombre de “Los costes económicos de la ocupación
israelí”, presenta datos que
son extrapolables a los tres últimos ejercicios (2012-2014), dado que ninguna
de las variables estructurales ha cambiado. Y si lo ha hecho ha sido para peor
durante el primer trimestre de 2015, debido a la represalia tomada por el
Gobierno israelí contra la ANP
después de que ésta rubricara el Estatuto de Roma y solicitara su ingreso en la Corte Penal
Internacional, una vez que vio rechazada su solicitud de ingreso como miembro
de pleno derecho de la ONU
por el Consejo de Seguridad.
Según el informe, elaborado conjuntamente con el Instituto de
Investigación Aplicada de Jerusalén (ARIJ), gran parte de los indicadores de
desarrollo han entrado en una fase regresiva a consecuencia de la prórroga
indefinida de la ocupación y del subsiguiente deterioro económico (concepto
conocido como de-development). De acuerdo a sus estimaciones, la ocupación presenta
un coste de unos 7.000 millones de dólares anuales (unos 6.000 millones de
euros) para la economía palestina, lo que equivale al 85% de su PIB (que viene
a superar los 8.000 millones de dólares al año). Debido, principalmente, a la
desconexión territorial de ciudades y pueblos, al bloqueo comercial de la Franja de Gaza, a las
dificultades para acceder a los terrenos de cultivo que han quedado tras la barrera
de separación de Cisjordania, al control israelí del Valle del Jordán y del Mar
Muerto, y de la apropiación de gran parte de los recursos naturales –sobre todo
del agua, pero también de la tierra, el espacio aéreo, el espacio
electromagnético, las fronteras terrestres y las aguas territoriales– lo que
impide la existencia de una economía próspera y sostenible.
Este estudio cuantifica las pérdidas provocadas
por algunas políticas concretas. Por ejemplo, la gestión israelí del río
Jordán, del mar Muerto y de los principales acuíferos de Cisjordania cuesta a
los palestinos unos 1.900 millones de dólares anuales en el sector de la
agricultura, más 1.200 millones de dólares en el ámbito de los recursos
minerales y otros 143 millones de dólares anuales en el sector turístico. Asimismo,
Israel ingresa aproximadamente 900 millones de dólares anuales a través del
control del sector minero en Cisjordania, además de otros 150 millones a través
de la comercialización de productos del Mar Muerto (donde la empresa Ahava
disfruta de una posición dominante en el mercado).
Bloqueo
de la Franja
de Gaza
Entre las mayores pérdidas para las finanzas
palestinas se encuentra también el férreo bloqueo impuesto sobre la Franja de Gaza a partir de
junio de 2007 –en que Hamás tomó el poder y se hizo con el monopolio
institucional tras ganar previamente las elecciones legislativas en enero de
2006– que cuesta otros 1.900 millones de dólares anuales. Esta política de
bloqueo impide el comercio internacional, dificulta el suministro eléctrico y
limita el acceso al mar, en el que los pescadores apenas pueden penetrar seis
millas marítimas para faenar.
A esto habría que sumarle los cuantiosos daños
materiales sufridos durante las tres grandes operaciones militares efectuadas
en 2009, 2012 y 2014, y el correspondiente incumplimiento de los compromisos
adquiridos en la
Conferencia de Donantes celebrada en El Cairo el pasado 12 de
octubre, en la que se prometieron 5.400 millones de dólares, de los que a día
de hoy los donantes apenas han desembolsado el 10%. Entre los sectores más
afectados por la última guerra destacó el sanitario, que a sus déficits
crónicos de infraestructuras, tecnologías de última generación, personal
especializado y medicamentos, se unió el verse convertido en objetivo colateral
de la operación. Según asegura la red de ONG
internacionales en Jerusalén AIDA en su
recién lanzada campaña para la reconstrucción y el subsiguiente levantamiento
del bloqueo a la Franja de Gaza, los daños causados a
hospitales, clínicas y ambulancias ascendieron a 50 millones de dólares. Mientras,
el Plan Nacional de Recuperación Rápida y Reconstrucción 2014-2017 del
Ministerio de Planificación de la
ANP eleva su estimación de necesidades en el sector
sanitario para los próximos tres años hasta los 218 millones de dólares.
Por su parte, el arriba mencionado informe del
Ministerio de Economía Nacional distingue además entre los costes directos
–precios más altos por los servicios básicos y el transporte derivados de las
prácticas de la ocupación– y los indirectos, entre los que cuenta los
beneficios de producción que se pierden debido a las restricciones. Entre
ellas, la limitación de las importaciones y exportaciones se traduce en un
precio más alto de los costes de producción y en la imposibilidad de adquirir
algunos bienes de capital. Asimismo, cifra los daños fiscales directos en 406
millones de dólares anuales y los indirectos en 1.389, lo que supone casi un
coste fiscal total de 1.800 millones de dólares anuales, sin el cual la ANP presentaría una hacienda
pública saneada y un superávit fiscal de 438 millones de dólares.
El informe en cuestión advierte de que el coste
económico total es, probablemente, mayor a lo cifrado, pues sólo toma en cuenta
los costes que se han podido cuantificar con certeza. Entre los no
cuantificados, menciona los asociados con los impedimentos al movimiento
interno e internacional de personas y bienes y servicios, la pérdida de
inversiones por las restricciones a la construcción, las pérdidas indirectas de
la industria por la falta de importaciones y las pérdidas por las restricciones
a las telecomunicaciones. Sin embargo, muchos economistas israelíes –como por ejemplo Gil Feiler, de la
Universidad de Bar Ilán– niegan que el cálculo sea correcto,
al haber empresas palestinas que importan y exportan desde Cisjordania pero que
luego lo esconden dentro de su contabilidad.
Banco
Mundial y Fondo Monetario Internacional
Los estudios de organizaciones internacionales
como el BM y el FMI tienden a corroborar los datos expuestos por el Ministerio
de Economía Nacional. En un estudio propio de finales de 2014 el BM estimaba
que la ANP podría
percibir al menos 2.000 millones de dólares anuales si tuviese libre acceso
para cultivar en las Áreas C de Cisjordania, que todavía se encuentran bajo
total control israelí. En esas zonas nada puede construirse sin los
correspondientes permisos israelíes, ni siquiera pozos para recolectar el agua
de lluvia, la cual termina siendo canalizada por la empresa estatal de aguas
Mekorot para el beneficio de los asentamientos.
El estudio del BM subraya que si Israel aplicara en su totalidad los
Acuerdos de Oslo –especialmente el Protocolo de París de 1995 que regula las
relaciones económicas y financieras bilaterales– la economía palestina crecería
en torno a un 35% y reduciría en un 50% su déficit fiscal, haciéndola menos
dependiente de la ayuda internacional. El acceso a más tierras y a su
irrigación dentro de las Áreas C podría suponer 704 millones de dólares anuales
más para la economía palestina, así como la gestión de los minerales del tercio
norte del Mar Muerto les aportaría un incremento de 918 millones de dólares al
año.
Si las empresas palestinas pudieran tener acceso
a las Áreas C, podrían doblar su tamaño y añadir 241 millones de dólares a la
economía nacional, asegura el BM en documento audiovisual acuñado con el nombre
de “Las Áreas C y el futuro de la economía
palestina”. Además, si la ANP asumiera competencias
sobre la planificación urbanística en estas zonas, el precio de la vivienda y
los locales comerciales disminuiría en un 20%, lo que sumaría 239 millones más
a la economía palestina. También permitiría la liberación de sectores como el
turismo y las telecomunicaciones, fundamentales en el crecimiento. Asimismo, si
las Áreas C fueran accesibles, la industria hotelera del Mar Muerto podría
contribuir con 126 millones de dólares a la economía palestina. En total, el
levantamiento de las restricciones israelíes en las Áreas C liberaría unos
2.200 millones de dólares para la economía palestina. Además, el BM cree que
los beneficios generados por estos sectores estratégicos se multiplicarían a modo
de efecto dominó beneficioso para el crecimiento.
Plan
Kerry en stand by
En su empeño por reactivar el proceso de paz
entre Israel y la ANP,
el Secretario de Estado de EE UU, John Kerry, presentó ante una reunión del
Foro Económico Mundial celebrada a orillas del Mar Muerto en junio de 2013 un
ambicioso proyecto de inversiones valorado en 3.000 millones de euros a
recaudar en el ámbito estrictamente privado, sin inversión pública. Según las
previsiones expuestas por Kerry, este proyecto de inversiones podría
posibilitar un incremento del 50% del PIB de Cisjordania y reduciría su tasa de
desempleo del 21% al 7% en espacio de tres años.
Entre los sectores beneficiados se contarían el
turismo, las grandes infraestructuras, la construcción, la agricultura y la
tecnología. Aún así, Kerry no especificó quiénes serían los inversores ni
cuándo tendría lugar el desembolso, trasladando dicha responsabilidad al
todavía representante del Cuarteto para Oriente Medio (formado por EE UU, la UE, Rusia y la ONU) Tony Blair –que en breve
pasará a desempeñar nuevas funciones– cuya oficina permanente en Jerusalén ha
sido hasta ahora incapaz de llevarlo a la práctica.
Según las ideas avanzadas por Kerry para el
desarrollo del turismo, Israel debería devolver el tercio norte del Mar Muerto
a los palestinos –siguiendo así la Línea Verde reconocida por las resoluciones de la ONU– y crear un sistema de
cogestión junto con el emergente Estado de Palestina y con Jordania similar al
que mantienen Alemania, Austria y Suiza en el Lago Constanza. Igualmente, Kerry
sugirió la construcción de un nuevo aeropuerto en Jericó, donde los aviones
palestinos accederían desde el espacio aéreo jordano, sin penetrar en el
espacio israelí, cumpliendo así con sus estrictas demandas de seguridad. Si el
Plan Kerry se materializara, haría realidad ese gran sueño político que el ex
presidente de Israel, Simón Peres, planteara en su hoy en día utópica obra
sobre El nuevo Oriente Medio.
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