Se vieron fijamente en los
ojos sin decir nada. En el horizonte el sol parecía ponerse porque no quería
escuchar más. Largo instante de silencio y…
-
Ex extraño, dijo
finalmente Hach, eres monja, culta, has viajado mucho, eres de una civilización
milenaria y sin embargo a veces tengo la impresión de que piensas y te
comportas como una mujer… cualquier mujer.
-
Es que, al fin y al
cabo lo soy. Soy una mujer por encima de toda otra consideración. Te digo ahora
el término pero te lo explicaré después. Tú eres hombres. Por encima de toda
otra calidad, eres un hombre y punto, luego vendrán los accesorios,
inteligente, musulmán, cristiano o judío, honesto, amable etc. Es normal, lo
anormal seria que se catalogara a una mujer de mujer porque piensa de alguna
manera o razona mal. Esto es machismo leninismo
-
¿Y qué es eso,
-
Ya te lo dije: te lo
explicaré en otra ocasión
-
Afortunadamente ni tu
eres Eva ni yo soy Adán ni somos los primeros seres en la tierra
Marta no dijo nada. Se
levantó, arregló exhaustivamente su hábito y su indumentaria religiosa, dio
media vuelta y dijo:
-
Que Dios te Proteja,
Hach antes de enlazar “amarás a tu prójimo como a ti mismo” segundo capitulo,
respondiendo Hach: “Por cierto que quienes creyeron, los judíos, los cristianos y los sabeos
que hayan tenido fe en Allah y en el Día del Juicio, y hayan obrado correctamente
tendrán su recompensa junto a su Señor, y no temerán ni se entristecerán”.
Corán la vaca, versículo 62.
Marta volvió la cara sonriendo
sin decir absolutamente nada y se fue con pasos lentos…muy lentos.
“La religión, la suya y la mía
es, en el fondo eso: amor… amor a Dios, al Profeta (SAS), amor al prójimo amor
a…” no terminó la frase. En el horizonte se vislumbraban tres siluetas bailando
en el espejismo del calor que hacia. “Por las cargas que llevan deben ser mujeres”,
pensó antes de soltar “Por qué nuestros “Jebalah”[1]
tratan de esta forma sus esposas y a sus mujeres en general mientras que ellos están
en casa con una pipa de kife y un vaso de té. No quieren ni escuchar el dicho
del Profeta (SAS): “El paraíso está a los pies de las madres (y de las esposas)”.
A medida que avanzaban las
tres siluetas, desaparecía poco a poco en medio de la bruma matinal la de Marta.Todo
esto le hizo recordar la conversación sobre este mismo tema con Marta:
- ¿Ves aquellas siluetas?
- Parece un ejército a la carga.
- No. Son mujeres que regresan
después de vender sus mercancías en los mercados y también, te lo debo decir,
comprarse el Kife al marido.
- ¿Kife, qué es kife?
- Una planta alucinógena que se fuma para
drogarse
- ¿Y por qué?
- Porque lo compran si es ilícito
- Bueno esta es otra historia.
Las preguntas de Marta ponían
patas arriba las ideas de Hach quien se esforzaba en no olvidar lo que había
pensado para decir.
-
Es que son el ejemplo
de una emancipación anticipada pero olvidada y descuidada.
-
¡Pero qué dices,
hombre!
-
Trabajan a veces o
casi me atrevería a decir a menudo hasta su ultimo suspiro mientras que el
marido duerme en casa o está jugando en la cafetería de la esquina al parchis o
al domino.
-
¡Pues vaya emancipación!
-
Ahora te cuento por
qué: Resulta que estas mujeres a pesar de ser campesinas, aldeanas “isidras”
como se dice en España, tienen contacto con el mundo exterior. Saben que el
marido se encarga tan solo de la confortable tarea de las finanzas mientras
ellas se matan para hacer sobrevivir a la familia, sin embargo
-
Es injusto
-
Tal vez
-
No. Con certeza
-
Pero por lo menos no
son, como en otras naciones y otras religiones un articulo de decoración o de
consumo. Estas en el centro de la vida conyugal y su calidad femenina hace de
ella la verdadera fuerza motriz del hogar. Es decir, algo así como el verdadero
marido.
-
¿Cómo?
-
Tienen y ellas lo
saben pertinentemente, una enorme responsabilidad no como sus homólogas que
circulan inconcientemente desnudas o semidesnudas.
-
Pero me imagino que
desconocen la diferencia entre un Estado de derecho y otro de derechas, bromeo
Marta como si quisiera cambiar el curso de la conversación.
-
Yo tampoco se lo que
son, respondió Hach como si sintiera que, de repente, la conversación tomaba el
cariz de una provocación.
-
…ni libertad de expresión
y de presión
Marta
estaba segura. Su interlocutor no sabio de qué hablaba.
Mañana
capitulo IX: Alucinación (Cuarta parte)
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