La enigmática sonrisa de Marta
le hizo pensar que el curso de la conversación no le gustaba o no le convenía.
Marcó una breve pausa y dijo:
-
En fin…
-
Pero sigue, Hach. Lo
que dices es interesante
Respiró hondamente y repitió
lo de “en fin…” bajo forma de un alivio como si la frase de Marta habría
disipado sus dudas.
La voz tranquila de la pegunta
de Marta convulsionó su planteamiento. No sabía qué decir:
-
Me gustaría
preguntarte algo que, te advierto, es indiscreto.
-
Dispara...
-
¿Cómo? He dicho
dispara. O sea pregunta lo que quieras
-
¿Tú, Hach, qué has
hecho para que los colonialistas españoles se vayan de tu país? O dicho de otra
forma ¿Habrás realmente deseado que se vayan? Más preguntas: ¿Pensaste algún
día en la alternativa?
-
Ya te había respondido
más de una vez
-
No importa. Me
gustaría volver a escuchar tus respuestas
-
Creo que si.
Francamente si. El Profeta Mohammad (SAS) dijo: “Quien de vosotros vea una
acción abominable, una atrocidad que la remedie con sus manos, si no puede,
con su lengua y si no puede con su
corazón”
-
No sigas. He
comprendido. Muy buena respuesta. Excelente
-
Tu, Marta que tanto
has estudiado la historia de Marruecos y de los demás países del continente
debes saber que, contrariamente a otros países africanos, aquí en Marruecos, el
colonialismo encontró una estructura estatal milenaria. En muchos países
africanos encontró que la gente ni siquiera tenía nombres. Les dio los nombres
y las costumbres. Aquí nos encontró como él. Yo me llamo Ahmed, mi padre se
llama Ali, mi abuelo se llama…
-
Lo se, Hach, lo se
Hach siguió con su sermón, sin
prestar atención a la interrupción de Marta
-
Aquí, el colonialismo
español, como todos los colonialismo se equivocó monumentalmente. Ni esto era
América, ni él Cristóbal Colon ni nosotros éramos indios por evangelizar.
Teníamos nombres, apellidos y referencias en el registro de la ciencia y del
saber…
-
Lo se, Hach, lo se,
volvió a interrumpir Marta
-
No se quién dijo que,
al llegar a comienzos del siglo los europeos a África ellos tenían la cruz y
nosotros la tierra. Menos de un siglo después, ellos tienen la tierra y muchos
de los africanos tienen la cruz.
-
Pero esto no es el
ejemplo de Marruecos
-
Afortunadamente. Pero
es el ineluctable ciclo de la historia. Nada es constante, nadie es eternamente
fuerte.
-
Creo que se esta
haciendo muy tarde. El interés y la importancia de la conversación no nos ha
dejado ver los relojes
-
Déjame concluir,
sintéticamente, brevemente…
-
¡Claro que si!
-
Personalmente, desde
que te conozco, quiero, como todos mis compatriotas, que se vayan todos los
españoles… todos, menos tu y esta es otra historia
-
De amor… completó
Marta
Se vieron fijamente en los
ojos sin decir nada. En el horizonte el sol parecía ponerse porque no quería
escuchar más. Largo instante de silencio y…
-
Ex extraño, dijo
finalmente Hach, eres ¡monja, culta, has viajado mucho, eres de una
civilización milenaria y sin embargo a veces tengo la impresión de que piensas
y te comportas como una mujer… cualquier mujer.
-
Es que lo soy. Soy una
mujer por encima de toda otra consideración.
-
Afortunadamente ni tu
eres Eva ni yo soy Adán ni somos los primeros seres en la tierra
Marta no dijo nada. Se
levantó, arregló exhaustivamente su hábito y su indumentaria religiosa, dio
media vuelta y dijo:
-
Que Dios te Proteja,
Hach antes de enlazar “amarás a tu prójimo como a ti mismo” segundo capitulo,
respondiendo Hach: “Por cierto que quienes creyeron, los judíos, los cristianos y los sabeos
que hayan tenido fe en Allah y en el Día del Juicio, y hayan obrado
correctamente tendrán su recompensa junto a su Señor, y no temerán ni se
entristecerán”. Corán la vaca, versículo 62.
Marta volvió la cara sonriendo
sin decir absolutamente nada y se fue con pasos lentos…muy lentos.
Mañana
capitulo IX: Alucinación (tercera parte)
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