El tema, los métodos y sobre
todo las circunstancias son objeto de una polémica desde hace tiempo: la
evangelización en Marruecos. Las opiniones al respecto son diversas. Pero lo
cierto es que, además de las mil y una campaña y ofensivas islamofobas en
Occidente, ahora resulta, independientemente de la obediencia política o
incluso religiosa de los gobernantes en el mundo árabe, particularmente en
Marruecos estas ofensivas toman dimensiones absolutamente inquietantes.
Las cifras y evaluaciones indican lo con trario, porque en lustros de "contienda" en marruecos el resultado es decepcionante no asi estos seudo "soldados de Cristo".
Desde el asunto de los
presuntos evangelistas de Ain Leuh, expulsados de Marruecos en marzo del 2010
el tema y sus vertientes han conocido un recrudecimiento sin precedentes,
gracias a Internet.
En los puntos más recónditos
del país, lejos de las “indiscretas” miradas de las autoridades, en las
fronteras durante los periodos de las operaciones Transito y de maneras dignas
de James Bond o de Al Cappone, ejércitos de evangelistas asedian a los
marroquíes, sobre todo los que son más victimas de la situación social:
desempleo, exclusión, injusticia, precariedad económica, desesperación etc.
Con su derroche de promesa que
van desde visados a países en Europa, hasta empleos en estos países, pasando
por ayudas familiares, protección internacional de sus nuevos estatutos
religioso o incluso ayuda a la obtención de nacionalidades, los comandos
evangelistas en Marruecos presentan todos los ingredientes de una actividad ilícita,
algo así como podría ser el evangelio-trafico
Se trata de aprovechar de la
manera más deshonesta y más leal la
hospitalidad del país huésped y las difíciles condiciones de algunos de sus súbditos
para extraviarlos de su religión, constituyendo esto un auténtico atentado
contra la seguridad espiritual de los marroquíes. Todo… absolutamente todo de
manera clandestina e ilegal. Lo que hace que, además del contrabando en algunas
ciudades del norte, la emigración irregular en todas las fronteras del país y
la lucha anti-terrorista, las autoridades securitarias marroquíes se han encontrado
ante otro flagelo: la evangelización clandestina.
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