MARRUECOS Y ESPAÑA EN SUS RESPECTIVOS DISCURSOS ELECTORALES


De nuevo se ha vuelto a hablar de perspectivas de crisis y de crispación entre España y Marruecos. Con el reciente auto del juez Pablo Ruz tendente a procesar a 11 mandos militares y securitarios (algunos de los cuales, como el ex ministro del interior con Hassan II, Dris Basri han fallecido) algunos se han precipitado a sacar de sus archivos o incluso de su imaginación puntos de divergencia y motivo de conflicto, escuchando unos ruidos de sables, viendo otros las espadas bien altas, entre los dos países.
No es nuevo. En el 2008 escribí el siguiente articulo y publiqué a/en identidad Andaluza. Observen como se adapta a  esta acuciante actualidad:
 Résultat de recherche d'images pour "photos des drapeaux Maroc/Espagne"
Un simple gesto, pero de incalculable dimensión e incidencia: darse cuenta unos, reconocer otros, que algunas partes del mundo padecen tantas enfermedades pero sólo tienen una salud.
El Magreb Árabe, además de tener una sola salud, es frágil…muy frágil.
 Como durante los primeros gobiernos de la restauración, la política exterior española, especialmente con su vecino del sur, no dependía de Madrid, sino de las decisiones tomadas en Berlín, Viena, Londres o Paris( 1) esta misma política exterior sigue hoy obedeciendo, no a imperativos nacionales, sino a intereses electorales y electoralistas. La normalidad en las relaciones bilaterales, que en principio debería ser un imperativo nacional en los dos países, como por ejemplo el retorno del embajador marroquí a Madrid tras un paréntesis a raíz de una nueva convulsión en las relaciones hispano-marroquíes había sido interpretado por un partido político como “ flagrante ingerencia en los asuntos interiores de España”. A todas luces hubiera preferido que la crisis y la anomalía diplomáticas entre los dos países vecinos, persistieran hasta después de las elecciones aunque ello no beneficiaría a su país (España) y sus intereses supremos.
 Límpida estratagema que sólo acepta sus propias propuestas y torpedea toda iniciativa, inherente de no contribuir a sus intereses electoralistas… susceptibles de asfaltar la vía hacia la Moncloa.
Unos dirán que tienen excusas. Otros insuficientes. No se puede tener un pié en el siglo XIX y otro en la modernidad…porque, crear o simplemente contemplar problemas con un país vecino por el mero hecho de que pueden pesar en el momento de los balances es propio de derivas autoritarias, sino oportunistas.
 Esta inconciente profesión de fe se ha traducido en que algunos de los actores de la vida política española inventaran leyendas y acabar por creer que son realidad que nadie puede o debe negar ni alterar.
 En otro orden de ideas, bilateralmente (España-Marruecos o España-Argelia) o multilateralmente (5+5, entre otros), a pesar del iceberg de rutina conflictiva, debido esencialmente al barómetro moral de sus dirigentes que siguen la curva de los conflictos, el Nor-Oeste africano ( y de cierta manera España aunque algunos de sus dirigentes son alérgicos a este tipo de comparaciones) debe descubrir que hablar es mil veces mejor que ser hablado.
 En las dos riveras del Mediterráneo se ha comenzado a ver el horror con el mismo ojo que el esplendor aunque hasta ahora no parece importar que el equilibrio mismo de la estabilidad en el Magreb, su bienestar y su concordia repercutiesen directamente sobre la península y los demás “vecinos” del Mediterráneo Occidental.
 La seguridad a largo, medio y corto plazo se ha alzado al rango de una prioridad absoluta. Nadie ignora que cuando se comienza a pensar y a planear en términos exclusivamente securitarios, difícilmente se puede tener tiempo para enriquecer el espacio de la vecindad, amistad o la cooperación bilateral o multilateral incluso interesada.
 Toda pena merece un sueldo…menos ésta, porque se trata de geopolítica y la geopolítica es, a menudo, ingrata.

A pesar de que todos y cada uno saben que en nuestra región, toda victoria es, a priori, sospechosa, esta lógica no es la de la envergadura de la tarea: el único medio para no perder una guerra es no hacerla. Pero nada es/nada fue nunca, más fácil que buscar argumentos pero…no padecerlos.
Pero como diría Beckett “si hay sólo oscuridad, todo sería claro, pero como hay también luz, nos es difícil escapar a nuestra situación”.
 Y…porque hay luz, no se pudo, hasta ahora, escapar a esta sentencia, sin jueces ni tribunales: la de vivir y actuar resueltamente convergidos hacia la cultura más heteróclita: apologías de terrorismo que se convierten, cuando se trata de coyunturas electorales y del vecino, en ejercicio del derecho de la libertad y la democracia, principios reclamados a gritos a los extraños y negados en voz alta y mayúscula a los propios y casos propios que se transforman en cosas ajenas.
 La Moncloa puede merecer una misa…pero no a expensas del insulto a la inteligencia del prójimo.
 Un panorama excesivamente sombrío en el que, cálculos electoralistas y una ambición inexplicablemente obstinada de convencer sin tener razón, eclipsan el deber histórico y ético, todos los legados comunes y los incómodos modales de convivencia y buena vecindad.
 A raíz de lo cual, tanto en Marruecos como en España se hizo todo para instaurar una lógica…a plazos. Algo así como una lírica novata.
 Por simples roces, de amigo, se pasa con la velocidad de la luz, a enemigo, de vecino a cultivador de discordias y de socio a incómodo concurrente. Para alcanzar un prodigioso destino, los intereses se convierten en otra cosa diametralmente opuesta. Este es audible, aquél ¡ni hablar! Extraños parámetros para no menos abstractos intereses partidistas.
 En efecto, debido a insignificantes “ mal entendimientos amistosos” ( quizás hubiese sido igual sin ellos), las relaciones entre España y Marruecos están marcadas, cada vez más, por continuas y recíprocas arrogancias y pretensiones: la cuestión lancinante del Sahara, Sebta y Melilia, el expediente pesquero, la inmigración clandestina, el tráfico de estupefacientes y ¿ qué más?: la circulación de bienes y personas ( Operación Tránsito), la gestión del expediente de derechos humanos … naturalmente en Marruecos…etc.
 La vecindad que, en principio, debía ser una suerte, se ha convertido en una auténtica fatalidad y en pasto de promesas electorales con la inconfesada finalidad de satisfacer a mercaderes de ilusiones, disfrazados de providencias y justicieros históricos en busca de votos, cometiendo un cortejo de errores mientras que en Marruecos ciertos partidos políticos, que confunden pugnas de carácter puramente partidista interior y su impacto sobre sus relaciones con sus homólogos extrajeras con posturas estatales en materia de política exterior, se acomodan en un anti-españolismo primario como si la derecha que gobierna en el país vecino es y debe ser, por vocación, adversaria de la izquierda que podría estar “ gobernando” en Marruecos.
 Enorme simplicidad de lo imposible.
 El sésamo de la responsabilidad “histórica” que se abre para unos y se cierra herméticamente para otros, sin que se sepa en qué consiste ni en función de qué se ha establecido y sobre qué base.
Ni la inteligencia ni el sentido comun pudieron, a pesar de mil y un vínculo de todo tipo, definir un proyecto de convivencia adecuada con el convulsionado resultado de que se olvidó que el diálogo fecundo y sincero disipa las dudas y los temores…. que no pueden haber modelos de comportamiento uniformes, pero tampoco actitudes desproporcionadas que reparten “historias”, “derechos” e incluso “reconocimientos”.
 El palo y la astilla.
 En el 2015 a nadie puede engañar hablar bien de Marruecos (porque es abstracto) hablando mal de los marroquíes ni de España y de los españoles porque, hombres de instinto, el marroquí y el español son también de la minuciosa observación y de la previsión.
 Puede ser que todo esto sea normal porque si es verdad que la historia común se tejió en un contexto de continuo “ tira y afloja”, no lo es tanto el hecho de que la incomprensión mutua fuese elevada al rango de institución…o por lo menos así parecen desearlo algunos en España, pero también, por más que lo nieguen muchos, en Marruecos.
 La relativamente nueva era en Marruecos y el “ advenimiento” de, también relativamente lúcida casta de dirigentes en España con una clara voluntad de romper definitivamente con el pasado y con una sincera generosidad para zanjar los diferendos y restablecer la confianza, no ha tenido la suficiente incidencia sobre la manera de los ciudadanos medios, español y marroquí, de ver, comprender, calcular, catalogar y definir, en su justo valor, a su vecino del norte ni éste a lo que está pasando y puede pasar ineluctablemente en su propia puerta

Comentarios