L’Hassani era un personaje que
inspiraba respeto. Nadie nunca le escuchó hablar pero todo el mundo le
comprendía perfectamente. “Monopolizaba el transporte entre las dos riveras del
río. La “Darja” o escalón, llevaba su nombre, un honor que ningún municipio o
municipalidad se lo había acordado nunca.
Era uno de estos personajes
que, sin ayuda de nadie, ni siquiera la propia, sin esforzarse en hacer méritos
para lograrlo, entró en la leyenda y en la memoria colectiva de los habitantes
de Río Martín y de los veraneantes y en sus pequeña y gran crónica.
-
Assalam ua Alikum, le
saludó Hach Ben Ahmed tratando de colocarse en uno de los 9 asientos de la
barcaza.
Con una inclinación de cabeza
conjugada con una rara sonrisa, le devolvió L’Hassani el saludo.
-
¿Cómo se presenta el
día?
Con las manos levantadas hacia
el cielo, respondió en un gesto de gratitud a Dios.
-
Alabado Sea Dios, dijo
Hach
5 minutos después esperaban
aun a los 8 pasajeros.
- Así que no te quejas…
Respondiendo L’Hassani con un
movimiento de cabeza y la misma sonrisa.
-
Pues no, murmuró
L’Hassani en los rarísimos momentos en que pronunciaba algo. Dios Es generoso,
volvió a repetir entre labios, sin quitar la mirada del cielo.
-
Naturalmente. Así es.
Pero yo, sin pretender ser generoso, voy a tener que pagar las otras 8 plazas
para poder llegar al otro lado, donde me esperan.
-
Dios Es Generoso.
Yabismilah, ajusto L’hassani los remos y puso en marcha la vetusta aunque bien
cuidada barcaza.
Llegados a la otra orilla de
“Diza” de Sidi Abdelsam, Hach Ahmed ben Ali sacó lo que contenía su cartera y
se puso a buscar las 8 pesetas entre las muchas llaves que contenía.
Con las dos manos, L’Hassani hacia
gesto de que “no te preocupes” antes de
soltar con una voz temblada, muy bajo:
-
Con una sola peseta me
basta y me sobra. Dios Es Generoso.
Perplejo por haber escuchado a
L’Hassani hablar “tanto”, Hach Ahmed ben Ali siguió buscando el resto del
dinero para pagar el trayecto que acababa de efectuar solo, no sin recordarle a
L’ Hassani que el Profeta Mohammad (SAS) decía que se debe pagar a quien te
haga un trabajo antes de que seque su sudor.
-
Lo se, Hach, replico
L’Hassani. Lo mío es remar y buscar con ello el sustento de los míos. En
cambio, lo que no se es lo que dice a este respecto la Biblia o lo que haya dicho
Jesucristo. De hecho, Hach, a ella le cobré solo una peseta… Si una sola aunque
atravesó sola. No habían otros pasajeros y parecía, como tu tener prisas.
Lo dijo y volvió a sumergir en
su eterno mutismo… mientras Hach Ahmed ben Ali le entregaba la peseta sin
dirigirle la mirada.
-
Hasta él lo sabe
¡Santo Dios! Él que nunca habla, ha hablado ¿pero, qué insinuaba? Si lo sabe
él, todo el mundo lo debe saber, comenzó a pensar Hacha Ahmed ben Ali quien ya
comenzó a alejarse de la
Barcaza y del barquero.
Volvió la cara donde estaba
L’Hassani esperando pacientemente a pasajeros de retorno a la otra orilla y
recito sin esperanza de que le escuchara: “Oh gente, Os Hemos Constituido, formando pueblos y tribus para que os conozcáis.
El más nobles de vosotros ante Dios, es el más piadoso. Dios Es Omnisciente.
Está bien informado”[1].
Al Hach Ahmed Ben Ali le
pareció leer en la lejana sonrisa de L’Hassani: “Y no para otra cosa” antes de
rematar: “Lo mío es remar”
-
Lo tuyo es remar
y…tratar de saber lo que no debes, pensó Hach Ahmed ben Ali sin converger su
rostro hacia la barcaza.
Se seco el sudor de su frente
con la manga de su chilaba, colocada sobre el hombro y acelero la marcha hacia
el lugar de la cita con Marta.
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