Tampoco esta vez acertaron los que apostaban por una “grave crisis” entre España y Marruecos, dando riendas sueltas a su imaginación y a la de los que suelen barajar (dictar) posibilidades en este caso.
El eje Rabat-Madrid funciona
bien… incluso muy bien, exactamente como esperaban los dos países. Los
intereses capitales entre ambos parecen eclipsar toda travesura o “sobresalto
de humor” de quien creyera que es fácil perturbar el actual excelente momento
de las relaciones bilaterales.
La dinámica creada, de esta
forma, entre las dos capitales y más exactamente entre sus respectivos ministerios
(ministros) de Asuntos exteriores, ha resultado, hasta ahora, además de eficaz,
necesaria y pertinente: hablar, explicar y aunar los esfuerzos para encontrar
soluciones mutuamente beneficiosas para lo que pueda surgir porque las
relaciones entre los vecinos nunca estás al abrigo de mal entendimientos
amistosos o de palos echados por algunos en la rueda de su marcha común.
La noticia de la presunta “crisis” dio vuelta a las redacciones en los dos países.
La de del curso normal y el apaciguamiento entre ambos casi no se ha visto por ningún
lado.
Los intereses mutuos en todos
los dominios debían ser protegidos lo que, a todas luces se ha hecho de la
manera más exitosa. El sentido común de una y otra parte y la voluntad de
salvaguardar lo que nos une que es infinitamente más importante y más acuciante
que lo que nos separa está dado sus primeros frutos, desmintiendo, sin hacerlo
de manera directa ni explicita, las psicologías del rumor, mortal, como lo ha
demostrado a lo largo de decenios en los vínculos entre los dos países.
En este marco se inscribía el
reciente viaje del jefe de la diplomacia marroquí, Salah Eddine Mezouar (un
excelente hispanista) a Madrid y sus “fructuosas”
entrevistas con su homologo español, José Margallo. Es decir: examinar los
medios susceptibles de reforzar todavía las buenas relaciones existentes y
abordar con franqueza, pero con serenidad los obstáculos que hayan surgido o
que puedan surgir. Y es que, por primera vez en la historia de las relaciones
bilaterales entre los dos países, se respira confianza en la clarividencia, en
el dialogo y la concertación para cortar el camino a los que, tanto en España
como en Marruecos ( no precisamente los “ enemigos” del reino) pescan en las
aguas turbias… cada vez menos turbias para que dejen de considerarlas como
terreno de pesca predilecto.
Los recientes baches entre
ambos han resultado, de esta manera, productivos e ilustrativos de la voluntad común
de encarar las dificultades con determinación, franqueza, transparencia y sobre
todo con realismo. Lo que es, para muchos, una buena noticia…
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