Estados Unidos y su presidente
se han dado finalmente la perfecta cuenta de que en el caso de Cuba y en el de
las intervenciones en América Latina en general están literalmente aislados y
que no hay absolutamente ninguna esperanza de poder invertir esta tendencia.
Por ello, en espera de actos y
hechos, cambió de discurso y cambio de retórica…Los presidentes de Cuba, Raúl
Castro y de Estados Unidos Barack Obama se han reunido hoy (sábado 11-4) al
margen de la Cumbre
de Américas en Panamá.
Según la
Casa Blanca, los dos estadistas
mantuvieron una conversación, la primera
desde 1956. es decir: 5 años antes de la ruptura de las relaciones diplomáticas
entre ambos.
Oficialmente consagrada a la
“prosperidad en la igualdad” la
Cumbre debe terminarse sin declaración final porque Estados
Unidos se niegan a aceptar que se mencione un apoyo a Venezuela en su diferendo
con Washington mientras que los 35 mandatarios americanos no pueden aceptar que
haya comunicado sin apoyo a Venezuela.
El 28 de octubre del 2014,
Estados Unidos e Israel fueron los únicos en votar contra la resolución Nº 23
de la ONU que
condenaba el embargo americano contra Cuba por 23 año consecutivo.
Los 12 miembros de la UNASUR, los 33 miembros de la CELAC se unieron para
condenar el ultraliberalismo de EEUU y sus métodos de desestabilización.
El método de encauzamiento
aplicado por Estados Unidos para con Rusia y descrito en el libro El Gran
tablero de Zbigniew Brzezinski en 1997 amenazaba con volverse contra Estados
Unidos.
Desde entonces para
contrarrestar el efecto de este encauzamiento, el presidente Obama decidió,
contra viento y marea, dar un giro de 180 grados en su política
latinoamericana, comenzando por Cuba, debido, evidentemente al unánime apoyo
internacional, salvo el régimen del Apartheid de Israel.
Desde el histórico anuncio de
la normalización con Cuba, Barack Obama ha pedido al Congreso, controlado por
sus adversarios republicanos trabajar con vistas a levantar el embargo, lo que
parece lejos de ser compartido.
En espera del milagro, Obama
ha tomado una serie de medidas para una mayor flexibilidad de este embargo, en
el limite de sus prerrogativas presidenciales, pero son insuficientes para La Habana.
Una de cal y otra de arena…
Desde hace semanas, el
presidente estadounidense es blanco de severas críticas de mandatarios
latinoamericanos por su reciente decisión de firmar un decreto que califica a
Venezuela, principal socio económico de Cuba de “amenaza para la seguridad
interior de Estados Unidos”.
Los 11 Jefes de Estado de la Alianza bolivariana para
las Américas (ALBA) que cuenta con los principales aliados de Venezuela van a
reunirse al margen de la Cumbre
de Panamá para decidir acciones en este sentido.
Viéndose acorralada, la Casa Blanca ha
explicado que buscaba establecer “un dialogo directo con Venezuela” y que Obama
ha querido subrayar el advenimiento de una nueva era en las relaciones en el
seno de el hemisferio occidental, asegurando al mismo tiempo “ingerencias”
americanas en el continente es, desde ahora en adelante, historia.
Historia debería ser también
las mil y una intervenciones de Estados Unidos en Oriente Medio.
Comentarios
Publicar un comentario