Probablemente estaríamos viviendo el albor de una nueva era: Después de muchas dudas, mucha parquedad y mucha frustración, los presidentes de Cuba y de Estados Unidos se separaron anoche (sábado) después de un encuentro calificado de manera unánime de “histórico” que, según todos, ha reconciliado a los dos países.
¿Hubiera podido ser lo msimo con un tal Fidel Castro aunque con la misma Cuba? En todo caso, a juzgar por el clima y las
apariencias, Barack Obama y Raúl Castro han puesto fin a más de medio siglo de frío
entre sus respectivos países.
De este modo, los dos
estadistas no solo han enterrado los últimos vestigios de la guerra fría con un
encuentro de una hora muy cordial, sin precedentes desde 1956 entre los máximos
dirigentes de los dos países, sino estrenaron una nueva metodología de zanjar
las diferencias entre Estados.
El propio Obama lo describió ante
los 30 jefes de Estado en la
Cumbre de las Américas en Panamá con estos términos: “El
cambio de política (americana) hacia Cuba marca un antes y un después en el
hemisferio (…). El hecho de que el presidente Castro y yo estemos sentados aquí
hoy representa un acontecimiento histórico”.
En efecto. Obama y no Estados
Unidos se dan cuenta del “despiste” geopolítico creado por la nueva dinámica geopolítica
en América latina.
La buena noticia es el nuevo
enfoque realista y realizable de una política que ya ha permitido a una de las
victimas atroces de Washington de regresar apoteósicamente y por méritos
propios a los grandes conclaves americanos de los que había sido descartada injustamente
desde 1994 a
causa, justamente de su diferendo con estados Unidos, lo que va a tener enormes
consecuencias en las relaciones continentales e incluso en el mundo.
La mala noticia, no obstante
es, por un lado, los muchos desacuerdos
que persisten entre los dos, desde ahora en adelante, antiguos enemigos y la más
que cuestionada capacidad del presidente de estados Unidos de consagrar una
nueva política en materia exterior sin el aval del Congreso con mayoría
republicana, hostil no solo a lo que pueda suceder con Cuba, sino con todo lo
que hace o pueda hacer el presidente demócrata.
Queda ahora Venezuela de la que
el propio Obama dijo ayer que “no representa realmente una amenaza para la
seguridad de Estados Unidos”.
¿Y Entonces?
Por ahora hay indicios de
deshielo pero, como dijo Nicolás Maduro en su discurso ante la Cumbre “La historia de
América latina no escribe en un solo encuentro”.
Cierto, pero como dice el refrán
árabe, el comienzo de la lluvia suele ser gotas…
Estas gotas van a alcanzar
otras regiones del mundo como Oriente Medio. La Cumbre de Panamá debe
servir, en este sentido, de ejemplo e ilustración de lo que deben hacer los países
de otras regiones del mundo como el Próximo Oriente.
Los tiempos cambian. Las políticas
y las posiciones al respecto también. Un mensaje a los incondicionales
domésticos de las superpotencias.
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