Según la reciente publicación del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la economía marroquí, el 2015 refleja la opinión positiva que tiene esta institución sobre la gestión económica del país.
Lo que, en principio, debería constituir, tanto para la mayoría
como para la oposición, un motivo de satisfacción, porque cualquiera que sea el
color (o colores) políticos del gobierno, sus éxitos financieros o los reconocimientos
internacionales nos conciernen y nos afectan a todos y cada uno.
Cuatro elementos han impactado en esos resultados
exitosos económicos y cada uno tiene una perspectiva favorable a corto plazo:
En un primer tiempo, los analistas (del FMI) estiman que
el crecimiento europeo debe acelerarse (de un 0’9% a 1’3%). Es decir: de 0’2
puntos suplementarios para Marruecos.
Paralelamente, la tendencia bajista en la que se inscribe
el barril del crudo desde hace meses, pesaría positivamente en la balanza de
pagos.
En efecto, las importaciones de petróleo representan el
15% de las importaciones totales, contra el 27% hace a penas un año.
Por otra parte, la producción agrícola podría registrar
una plus-marca que equivaldría e incluso superaría a la del 2013, aportando
cerca de 2 puntos de crecimiento suplementario.
Finalmente los IDE, cuyas perspectivas son favorables,
gracias a algunos proyectos, especialmente en el sector inmobiliario y sanidad.
De manera general, los analistas del Fondo Monetario Internacional,
prevén un crecimiento en Marruecos que ganaría 2 puntos, pasando, de esta
forma, de +2’4% en el 2014 a
cerca de +4’5% en el 2015.
Europa que sale del túnel económico, el precio del barril
de petróleo que corresponde cuando no favorece las previsiones de los proyectos
de la ley de finanzas y una función pluviométrica clemente y hasta generosa.
El mariscal Lyautey lo había dicho hace lustros: “Au Maroc,
gouverner c’est pleuvoir” (En Marruecos, gobernar es llover) y si añadimos (en
nuestros tiempos modernos) la baja de los precios del barril del petróleo podríamos
afirmar, sin riesgo de exagerar “que así da gusto gobernar”…Falta que el gusto
sea compartido por los gobernados, aunque la “baraka” siempre es la bienvenida.
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