La desintegración de Rusia y debilitamiento de la UE que preconiza el análisis Stratfor para la próxima década se parece, como lo calificaría el analista político argentino, Fernando Bossi, a “un borrador del mundo al que aspiraría controlar Estados Unidos”.
Los pronósticos de Stratfor no
abarcan lo que podría ser Estados Unidos, no en la próxima década, sino al
término del mandato del actual presidente demócrata Barack Obama.
Sin embargo, alcanzando un
nivel de improvisación, de precipitación y de descuido de su calidad de súper
potencia mundial, 47 miembros del Congreso acaban de advertir a Irán que “en
caso de acuerdo nuclear con EEUU, este acuerdo seria anulado después de que
Obama se vaya”.
Una advertencia a Irán, pero
también a todo país del mundo que contempla algún acuerdo con las actuales
autoridades estadounidenses. Ni el derecho internacional, ni las leyes vigentes
en el Tribunal internacional de Justicia, ni Naciones Unidas ni nadie ni nada
parece contar para los 47 congresistas a excepción de Israel y sus “intereses
vitales”.
Hace poco lo decíamos aquí en
este blog: “Se equivocan los que creen que Israel es un satélite de Estados
Unidos, porque, en realidad es Estados Unidos un satélite de Israel”. Y así lo
está demostrando el Congreso y parte de sus miembros.
De alcanzarse un acuerdo nuclear con Irán, no seria exclusivamente
bilateral con Estados Unidos, sino con otros socios occidentales, de donde el
desprecio o autosugestión de los 47 congresistas hacia, hasta los propios
aliados.
Casa Blanca-Congreso: dirección prohibida. ¿Con quién se debe tratar, con
quién se debe contar y en quién se debe confiar?
Si no es una desintegración del poder central, lo parece mucho. Desde ahora
todo país que quisiera o tuviera algún acuerdo que rubricar con estados Unidos
lo debería pensar mil veces. Lo que la Casa Blanca ve blanco, el Congreso (o Israel) lo
ve negro. Una manera como cualquier otra de decir, sin riesgo de exageración,
que se trata de una peligrosa anarquía en los centros de decisión que
obstaculizarían mucho el liderazgo americano y a partir de ello, pondría en
tela de juicio su credibilidad y su viabilidad.
Israel y mas exactamente su epiléptico primer ministro Benyamin Nettanyahou
habrá tenido, por lo menos, el mérito, de demostrar que las profundas, casi
mortales divergencias entre las facciones del poder en Estados Unidos son
incompatibles con su estatuto de súper potencia y de “Big Brather” brújula geopolítica
no solo de países, sino de conjuntos regionales y de que deben pesar
nefastamente, primero dentro del centro de edición en Estado Unidos y luego en
sus relaciones con el resto del mundo y con las organizaciones internacionales.
De continuar la actual incertidumbre a nivel de las decisiones, sobre todo,
de dimensión internacional y el actual “tira y afloja” entre el Congreso y la Casablanca en Estados
Unidos, lo ideal seria un “stand by” en los grandes expedientes mundiales y una
reflexión en torno a una nueva relación de fuerza sobre el plan o internacional.
Si el Congreso de EEUU rechaza un acuerdo internacional firmado por el
presidente ¿qué país puede seguir confiando en la congruencia estatal de EEUU?
Desde ahora en adelante y a raíz de la iniciativa de los 47 congresistas,
difícilmente se puede confiar en Estados Unidos… porque de continuar las cosas
así no seria Rusia que se desintegraría en la próxima década, sino el mundo…
todo el mundo.
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