El jefe del gobierno, Abdeilah Benkiran está en
Egipto al frente de la delegación marroquí que representa al rey Mohamed VI en la Cumbre árabe de
Charm-el-Cheikh prevista para hoy y mañana (28-29-3).
Es la primera vez que el secretario general del
PGD pisa territorio egipcio desde la destitución (para él, su partido PJD, para
Annahda tunecino y el PJD de Ordogan un
golpe de Estado) del ex presidente Mohamed Morsi lo que el PJD nunca
ceso de condenar hasta ahora, participando junto a sus socios tunecino y turco
en una campana internacional contra el presidente golpista (para ellos)
Abdelfattah Sissi.
El ultimo viaje de Benkiran a Egipto remonta al 7
de abril 2013 cuando fue recibido por el entonces presidente de aquél país
Mohamed Morsi en el cairo.
Difícil posición del jefe del gobierno que
seguramente deberá condenar con sus homólogos, miembros de la Liga árabe otros golpes y
otras intentonas aunque menos evidente que la egipcia.
Difícil posición no solo para Benkiran, sino para,
en principio, todos los mandatarios presentes en esta Cumbre de Charm el-Sheikh
de la que, dicho sea de paso, a excepción de las cadenas árabes cortesanas,
nadie le presta en el mundo la menor atención. Difícil por la incoherencia en
las posiciones y una flagrante actitud de mil pesos, mil medidas: en Siria la Liga y gran parte de sus
miembros combate, desde hace más de 4 años al régimen sirio aportando una más
que generosa ayuda a sus oponentes y a los que vienen de más allá
(mercenarios). En Irak, lo mismo hicieron con el gobierno de Malki y en el
Yemen es lo contrario: “La tempestad de la fraternidad” contra los houthis, que
se inspira de “La tempestad del desierto”
de Bush en Irak en 199, se anuncia “oficialmente”,
aunque pocos lo creen, para socorrer al presidente Abed Rabbo Manssur Hadi,
cuyo mandato se había terminado y que él mismo presentó su dimisión.
Abstracto panorama árabe creado por los intereses
de unos, la indiferencia otros y la incertidumbre de todos. A excepción de Israel
y de Estados Unidos, artífices materiales de todos los acontecimientos que desangran
actualmente al frágil cuerpo del mundo árabe, nadie se interesa por un
simulacro de Cumbre en la que las decisiones fueron tomadas entre pocos ricos a expensas de la mayoría
pobre y otros “caza recompensas”.
El reto, evidentemente no es el anunciado hasta
ahora, de devolver al presidente elegido constitucionalmente al poder, sino de
poner fin a la influencia de los houthis, acusados de ser aliados de Irán.
Mientras que “La tempestad de la fraternidad”, un
huracán regional que podría transformarse en huracán devastador para el conjunto de la región, la Liga árabe, carente de una
cultura de reconciliación busca alianzas, apoyos y argumentos.
Primera decisión: formar una fuerza árabe común,
en vez de una comisión permanente de reconciliación inter-árabe. En las
circunstancias que atraviesan el país y su presidente anfitriones difícilmente
creer que esta fuerza sea para contrarrestar las miras terroristas…
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