Un modelo comportamiento, de valentía moral y
política y de respeto a si mismo y los principios éticos de la nacion musulmana porque, los que, en un alarde de desafío y ultraje a las convicciones
y a los sentimientos del mundo musulmán entero, enarbolaban las nefastas
caricaturas del Profeta Mohamed (SAS) hicieron de ella una marca por el horror
y por el terrorismo.
Pero tampoco era ninguna
sorpresa. Como escribía esta mañana para justificar su decisión de no
participar en esta marcha con multifacéticos objetivos, Philippe Bilger,
cronista de “Figaro Vox”, magistrado honorario y Presidente del Instituto de la
palabra “Pero habría alguna posibilidad, a la vez, moral y cívica, que obligaría
al “hombre honesto” a desplazarse a este desfile dominical que va a mezclar tantos
públicos heterogéneos, tantas pensamientos contradictorios, para no decir
incompatibles, tantas actitudes convencionales, tanta hipocresía a tantas
ilusiones”.
Además de ser teledirigidos
por “otros” que todos conocemos para socavar la participación musulmana,
habiendo sido el objetivo del ataque minuciosamente preparado, el Islam y los
musulmanes, los que, con sus insultantes caricaturas, han optado por el desafío
y por la provocación, han crucificado la esperanza y han impuesto el desgarro, la
mortal fractura, las profundas
divisiones, la desconfianza y la parquedad.
Gracias Majestad por esta valentía
moral, este respeto de nuestros intrínsicos principios y preceptos religiosos. Gracias
Majestad por este respeto de si mismos, de lo que somos y no podemos ser otra
cosa. Gracias Majestad por este claro, explicito y contundente mensaje del
silencio y la abstinencia a manifestar contraen terrorismo caucionando a otro. Gracias
Majestad por este noble gesto, dictado por los principios propios, el derecho
internacional y lo que debería ser y no es ética humana. Gracias Majestad por
protestar tan civilizadamente contra la intolerancia con la ausencia. Gracias
Majestad por este modelo de corrección y de este rechazo del odio, la
intolerancia y la exclusión del otro. Gracias Majestad por haber dado una lección
al mundo de que para acabar con la pobreza no se debe matar a los pobres. Gracias Majestad por habernos dado la oportunidad
de sentirse orgullosos de ser musulmanes, marroquíes, árabes y amazeguies.,
adultos y vacunados, que no admiten el ultraje ni la profanación.
La historia nos absolverá…
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