Creíamos, o por lo menos así lo esperábamos que la serie que comenzó con el 24-8 (del 1994 en Marrakech) y terminó por el 11-M (del 2004 en Madrid), pasando por el 16-5 (del 2003 en Casablanca), el 28-4 (del 2011 en Marrakech) y el 11-9 (en Nueva York y Washington) ha terminado. Ayer lo que creíamos un alivio resultó el comienzo de una nueva y horrible pesadilla. Con el ataque del “Charlie-Hebdo” ya podemos ir hablando de un 8-1 (del 2015 en Paris) sin hablar de decenas de trágicas fechas en Siria, en Irak, en el Yemen, en Egipto, en Libia, en Filipinas, en Pakistán, en Afganistán, en Somalia, en Nigeria y la lista es interminable con enormes pérdidas en vidas humanas y en gastos materiales. No obstante, ninguno de ellos ha podido constituir un acicate para adoptar otra visión en las relaciones internacionales, objeto de codicias económicas y geopolíticas y su consiguiente recurso a bandas terroristas, a armas (noticias sin confirmar hablaban esta mañana de que las armas utilizadas por los terroristas contra el semanario “Charlie-Hebdo” formaban parte de un lote obsequiado por Francia a la “oposición moderada” en Siria que tan bien conocía el dúo infernal Cherif y Said Kouachi y que tan bien los conocían los servicios secretos franceses, pero ¡esto es otro cantar!
Ni en Libia, donde la
proliferación de las armas más sofisticadas se ofrecían generosamente
(Bernard-Henry Levy sabe algo), ni en Siria ni en Irak se habia pensado nunca
que aquello parecía como una gota de agua a la historia de Frankestein.
Sin embargo, nunca es tarde
para aprender, sobre todo cuando se sufre la desgracia, en este caso, la
atrocidad, en el propio cuerpo. Hoy, como ayer no bastan muestras de
solidaridad, ni las expresiones de simpatía ni todos los pésames. Hoy es
necesario, es acuciantemente indispensable reflexionar, concebir y actuar por
la paz, por la concordia y por la convivencia entre todos. Me imagino que los
que han podido crear tanto odio en Oriente Medio pueden hacer un esfuerzo para
crear un poco de amor y de respeto al prójimo… antes de que fueran, a su vez
victimas del monstruo que han creado o han contribuido a crear.
Hoy, como ha sido
infructuosamente, muchas veces, es una gran oportunidad para darse la acolada,
tender la mano y optar por reconciliación.
Nadie está protegido contra el
terrorismo que es uno e indivisible. Por ello una cultura de dialogo y de distensión
es necesaria para tratar de poner fin a tanto horror, a tanto odio, a tanto
rencor y a tanto “sangre por sangre”.
Seria el mejor homenaje póstumo
a los caídos en la sede de “Charlie-Hebdo” y en todas las escenas bélicas del
mundo.
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