La Iniciativa Árabe de reforma
(ARI) acaba de publicar su Índice de democracia árabe 2014 en el que clasifica a Marruecos en la primera
posición antes de Jordania y Argelia y toma en consideración índices sobre el
nivel de aplicación de la ley de libertad de expresión y el grado de
transparencia de la acción de las instituciones gubernamentales.
Según dicho
informe, realizado por la red de ARI que comprende a centros de investigaciones
árabes, europeos y americanos, Marruecos se ha comprometido en un proceso de
reformas que conoce una constante evolución, lo que ha permitido evitar
eventuales consecuencias negativas como la ausencia de la seguridad y recursos
económicos.
Ninguna
violación de la constitución de las autoridades gubernamentales ha sido registrada
en Marruecos y con la adopción de la constitución del 2011, el reino ha
conocido una importante evolución en las legislaciones relativas a la
separación de los poderes.
Por ora
parte; el informe se ha detenido en las medidas tomadas en materia de lucha
contra la tortura, especialmente la ratificación del Protocolo facultativo a la Convención
internacional de lucha contra la tortura, la revisión del código de
procedimiento penal y del código penal y el refuerzo de la independencia de la
justicia a través del proyecto de reforma de la justicia.
No cabe
duda, se trata de una excelente noticia. No obstante, como decía el rey Mohamed
VI en su mensaje a la
Conferencia « Fikr » de la Fundación del
pensamiento árabe que constituía como los últimos discursos del monarca marroquí
una auténtica inflexión en la función de los discursos árabes de flores de retórica
: “Lo que es desolador y lamentable, escribe el monarca marroquí en su mensaje,
son el desmembramiento y la división, que son una realidad patente en las
relaciones entre estos países (árabes), los cuales viven en su mayoría al ritmo
de crónicas divergencias, conjugadas con estériles disensiones internas sin
hablar de la subida de los demonios del sectarismo, extremismo y del
terrorismo. Algunos de estos Estados (árabes) dilapidan, para colmo, las
potencialidades de sus pueblos en causas ficticias y en conflictos artificiales
que no hacen más que atizar las veleidades de división y de separatismo”.
Una buena
noticia, pues, que se debe tomar con pinzas (como dirían los franceses) puesto
que en un mundo árabe como el actual se debería ser ingenuo para creer en
valoraciones éticas, logros deontológico o acatamiento de valores morales e
intelectuales y menos aun en encarnaciones de democracias, libertades o
derechos humanos.
Y es que para servidor, hablar, en las actuales circunstancias, de la democracia en el mundo arabe es como hablar de un pulpo en un garaje.
Y es que para servidor, hablar, en las actuales circunstancias, de la democracia en el mundo arabe es como hablar de un pulpo en un garaje.
El refrán árabe
dice el que no posee algo no lo puede dar.
Pese a lo
cual…. Algo es algo… mejor que nada, diría el otro.
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