Otro americano de color matado por la policía en Estado Unidos. Otro error, disfrazado de autodefensa. Otra prueba de los “plenos” derechos cívicos de “todos los americanos e incluso de los no-americanos.
La dificultad de ser americano
no blanco.
Después de Michael Brown en el
Ferguson (Missouri), Eric Garner en y Nueva York, la ciudad de Phonix en
Arizona es objeto de otro escándalo de la policía: un hombre de color de 34
anos ha sido matado por otro policía blanco.
Según el informe de la policía de Phonix, Rumain Brisbon, de 34 años estaba sospechoso de vender drogas. Le mataron en el momento de su arresto cuando, según la policía, que cree que estaba armado, trataba de escapar.
Pretextos (de la policía) allí
en Estados Unidos y en todo el mundo nunca faltan. Incongruencia
tampoco.
La muerte de Arizona
interviene en un momento en que Estados Unidos y con ella, los amantes de la
paz y de la justicia en el mundo están traumatizados por tantas muertes de
desarmados (indefensos) en tan pocos días, con la misma temática y por los
mismos agentes de policía.
Según las estadísticas
oficiales americanas, 461 homicidios fueron cometidos por la policía americana
en el curso del 2013. Una cifra que no corresponde a las verdaderas cifras,
estima el cronista Eugene Robinson que denuncia el uso de la fuerza letal por
los policías y la falta de transparencia de las fuerzas del orden.
No obstante y es lo grave, el
problema no se limita a los “errores” o “meteduras de pata” o “tendencias
racistas” de los que disparan contra los que no tienen su color, sino de la
justicia que, una y otra vez absuelve de todas las acusaciones a los que matan.
En otros países, menos “democráticos”
y más subdesarrollados se hace mejor y se juzga más equitativamente.
El fenómeno no puede ser ni
fortuito ni gratuito y debe imperativamente enmarcarse en otra de estas “estrategias”
tan misteriosas que nadie nunca logra descifrar.
De seguir extendiéndose como
se extiende ahora como una mancha de aceite estas matanzas podrían desembocar
en una situación cuyas dimensiones difícilmente se pueden determinar y menos
aun controlar.
Las actuales manifestaciones
de hoy no son mas que una “pacífica” advertencia a lo que puede suceder mañana
porque el gran problema ahora no es lo que ha ocurrido en Ferguson en Nueva
York o en Arizona, sino lo que pueda pasar en otros estados americanos.
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