Una semana después de Ferguson y su ola de agitación, un
gran jurado en Nueva York ha decidido ayer no inculpar a un policía blanco implicado
en la muerte de un negro a pesar de que el médico forense de Nueva York
concluyo a un homicidio.
Poco antes, el procurador de Staten Island, declaro en un
comunicado que “tras deliberación sobre los elementos de la investigación que
se le ha presentado, el gran jurado ha encontrado que no existe una causa
razonable de votar por una inculpación” de Daniel Palntaleo, el policía
directamente implicado en la muerte del ciudadano de color Eric Garner.
Otro borrón y cuenta nueva con el riesgo de una nueva ola
de protestas y de descontento de los americanos de color.
Signo de la volatilidad de la situación, el alcalde de
Nueva York, Hill Blasco ha instado a la calma y ha anunciado que se desplazará
inmediatamente a Staten Island, la circunscripción de Nueva York donde murió
Eric Garner, 43 anos en julio.
El asesinato de Garner tuvo lugar el 17 de julio cuando,
sospechoso de venta ilegal de cigarrillos, Garner, un padre de familia de seis
hijos, que había intentado brevemente de resistir había sido colocado cara al
suelo por muchos policías blancos, entre ellos Daniel Pantaleo que lo agarraba
por el cuello, quejándose la victima, obeso
y asmático de no poder respirar antes de desmayarse, siendo declarado muerto en
el hospital a donde fue trasferido.
Al conocerse la decisión del gran jurado (una asamblea de
ciudadanos encargada de decidir o no una inculpación sobre la base de elementos
de la investigación), llamamientos a manifestaciones han sido inmediatamente
lanzados para protestar contra “la falta de justicia para Eric Garner con
congregaciones anunciadas en, especialmente Unión Square y en la estación del Gran
Central.
De hecho sucesos como este y como el de Ferguson eran y
siguen siendo muy frecuentes en Estados Unidos. El actual relieve se debe a la
presidencia de un americano de color, Barack Obama y los cacareados derechos cívicos, valores morales y
respeto cuando no veneración de la autoridad moral de quien cree ser el Big
brather no solamente de sus ciudadanos, sino de todo el mundo.
¿Puede o debe seguir dando lecciones de democracia,
derechos humanos y justicia la administración americana?
Una pregunta a la que cada uno (sobre todo los que no son
americanos) debe responder conforme a su conciencia y al curso de los
acontecimientos en Ferguson ayer, en Nueva York hoy, en Estados Unidos y en el mundo
siempre.
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