"Precintado" de Said Jedidi. Hoy: «Casus Belli»

   "ein ende mit schrecken ist besser als ein schrecken ohne end"
 (Más vale un fin sin angsutia que una angustia sin fin)
                                                                                    Proverbio alemán

 Tenía seis años cuando descubrió la primera de lo que iba a ser, a lo largo de su existencia, una serie de lógicas compasivas. En su elocuencia infantil no cabía aún la tolerancia de la injusticia.
- Mira Omar, hijo mío, le respondió, medio impotente, medio consternado su padre cuando un día, llorando, vino a quejarse por la soberana paliza que le acababa de propinar Si Yussef,  padre de la pequeña Rime, yo no soy más que un pobre conserje y él todo un consejero. Para evitar estos quebraderos de cabeza, desde ahora en adelante sólo jugarás con los niños de tu clase social, le advirtió en forma de ultimátum.
  ¿Clase social? ¿Pero... qué significa esto?
 A pesar de su corta edad y lo poquísimo que ha visto aún, intuía que era algo irremediablemente condenable pero que, como la esclavitud fue abolida en Marruecos desde hacía lustros … por lo menos oficialmente, de ningún modo se podía inscribir en el código penal una realidad inexistente.
Desde entonces, siempre pensó en sentido figurado y soñó en metáforas.
 Muchos años después...
 No sabía por qué, cada vez que terminaba de rezar una de las cinco oraciones del día se acordaba «  automáticamente » de su padre cuando le prodigaba irónico e irritado:
- Sabes Omar, nuestra religión musulmana es como el comercio americano, decía antes de rematar de manera sibilina: …y su religión es como nuestro comercio, con muchos rodeos, solía rematar.
Entre su buen padre y la visión de pesadilla en forma de «  clases sociales » que imponía una sociedad con ideas opacas, comprendió que para poder ser «  alguien » debía ser desmesuradamente paciente.
         Imágenes que se sucedían...
        Terminó la ablución y comenzó en voz baja, la «Chahada»[1]. De repente sonrió, apretando los dientes para evitar la carcajada cuando se acordó lo que el otro día le contó Otman.
“Érase una vez un sondeo sobre la manera de consumir carne. Preguntaron al primero:
-         ¿Qué opinas de la carne?
-         ¿Carne, pero qué es esto? No sabía ni lo que significa carne. El segundo respondió
-         ¿Comer? No sabía lo que quiere decir comer... Al tercero le volvieron a preguntar su opinión sobre la manera de comer carne y respondió
-         ¿Opinión, pero que significa esto? No sabía lo que era opinar.
          Se secó la cara y las manos y se dirigió hacia la mezquita Sidi Ali Ben Raisun, donde solía rezar.
Debe ser una de las consecuencias del pasado, comentó al volver a sentir las ya habituales ganas de pasar la esponja y borrarlo todo.
Sabía que lo de su infancia era una verdad desnuda, con sus paisajes y paisanajes y una visión menos apocalíptica de lo que muchos tenían de la amistad, amor o simplemente aprecio o admiración. Por ello ahora, seguía teniendo un miedo atroz cuando pensaba que era testigo ocular del paso de la procreación a la reproducción-duplicación genética.
- Un atentado a la dignidad de la especie y un insulto a la ética, calificaba cuando pensaba que los personajes que tanto detestaba en su infancia podrían ahora volver a «  resurgir ».
 Omar sabía que no podía ser un principio absoluto, no obstante la «  alergia a toda silueta del pasado y del presente » como llamaba a esta amenaza de resurrección le imponían enigmáticamente una resistencia permanente y un inconfesado miedo incesto.
Tenía razón Becker, solía afirmar sin dirigirse a nadie, « Todos los que no aman o no amaron nunca viven o vivieron dormidos ». Sin embargo sabía que  actuar, basándose en lo que se aprendió  de adulto y fuera de Tetuán sólo correspondía a una visión parcial de la problemática.
 Pocas veces esperó que los demás terminaran su frase. Todos le aburrían soberanamente.
- Si. Es cierto.  Su literatura sociológica se basa en lecturas audaces pero irreales de lo que debe ser la vida, simple y desnuda, solía decir a Rime.
 Nunca pudo olvidar lo que en su tiempo le pareció una «chorrada».
-         La historia de esta ciudad se escribió sin su gente, le advirtió Rime antes de precisar… a menudo contra ellos.
 Pero él daba una importancia frívola a este tipo de aserciones aunque reconocía que la relación de esta ciudad con su gente... toda su gente fue en todo momento históricamente compleja.
En este sentido solía citar a Si Thami Uazzani[2] el primero y último que se atrevió a «  profanar »  los sacro-santos usos y costumbres  al dar el mismo nombre de Abdellah a dos de sus hijos.
Nadie en Tetuán comprendió el alcance socio-humano del genio escritor y filósofo sufí tetuaní, uno de los pocos polígamos en la ciudad y el único, que en vez de ser condenado, fue tolerado, adulado e incluso muy admirado.
-         Esto debería llamarse Tetuán-Museo, le corrigió irónicamente
-         Ni siquiera esto. No son usos ni costumbres. Son y, en parte siguen siendo hasta cierto punto, reglas de juego. Conveniencias que confeccionaron a su antojo y elaboraron a su medida.
Tanto él como Rime eran concientes de que nadie es ni será profeta en su tierra, que ellos no escaparán a la regla y que era más que probable que la padecieran.
Por ello no sabía por qué se sentía triste durante las fiestas y recibía con suma amargura los años nuevos.
-         No eres el único, le corrigió Rime. Todos los musulmanes nos sentimos tristes en nuestras fiestas y en las de los demás.
-         ¿Sabes por qué? Le preguntó segura de su hipótesis.
-         ¿Cómo quieres que lo sepa?
-         Sencillamente porque nuestras fiestas son costosas. Que el borrego, que aquél que vende su nevera en el invierno para comprarse un calentador y vuelve a venderlo con la llegada del verano para volver a comprarse un frigorífico, aquél otro que cae enfermo después de la fiesta por haber pensado y padecido tanto de dónde comprar el cordero o la ropa para los pequeños etc...
  - Tienes razón. Si es clarísimo. Los únicos que gozan realmente  son los pequeños y…
- ¡Exactamente! Le cortó. Porque para ellos la fiesta siempre aporta algo. Incluso, sabiendo el sufrimiento de sus padres, los hijos adultos concientes gozan menos.
- Efectivamente Rime.
-   ¿Cómo quieres que sea de otra manera en países donde los primeros mandatarios sólo se van con los pies por delante o el fúsil en la espalda.
 -  Bueno no solamente ellos. Los demás peor....
¡Claro! Le cortó irónicamente. Sé que acabarás repitiendo aquello de que «  todo esto necesita un análisis minucioso y riguroso ».
 -  ¡Qué vá! Más clara el agua.
 ¿Espíritu de una época ?..
   Tal vez. Pero él, «  gmari »[3] que era y sumamente orgulloso de serlo y de seguir siéndolo tenía la vehemente sospecha de que su origen constituía una discapacitación en una sociedad en donde el origen y el nombre de la familia fueron elevados al rango de concepto público.
 « Os permitieron estudiar única y exclusivamente para comprender lo suficientemente sus órdenes », le solía repetir su padre antes de su metamorfosis social.
  Todo esto parecía ahora áspero... como un remordimiento. Y
 Aunque nadie lo haya denunciado, todos, unos más que otros, eran concientes de que siempre sobró hipocresía y faltó originalidad... sin embargo todos y cada uno, incluso los que no eran considerados como de pura cepa amaban tanto o más a esta sociedad que los « demás ».
 Ahora sonreía cuando recordaba lo que decía su buen padre.
- Debes ser un buen tetuaní. Nunca debes hablar con la boca llena.
   Lo de la justicia, razón, solidaridad, generosidad o cultura de tolerancia no son condenadamente capítulos de la educación.. Como el resto de sus homólogos su padre parecía  persuadido.
- Otra cosa es la abolición de todos los privilegios, murmuró irónicamente pensando que su padre, que Dios le perdone, siempre pasó «  rozando los postes ».
Ni él ni Rime ignoraban que Tetuán nunca esperó políticas de descentralización o de autonomías elaboradas por «otros» para desarrollar una identidad. Tenía desde siempre una forma de ser y un entorno propios... admirablemente propios.
Ambos sabían que el colonialismo en 1956 y más tarde los poderes públicos nacionales se fueron de puntillas de Tetuán y del Norte desde hacía lustros para que nadie lo sintiera… dejando muchas zonas de oscuridad en cuanto a la posibilidad, el modo y el modelo de desarrollar socio-económicamente la zona.
 Las acusaciones o cuando menos las alegaciones en total desconocimiento de causa y en lenguaje parlamentario-ministerial-partidista del subdesarrollo, la pobreza y a veces incluso la incapacidad y falta de potencialidades y de recursos de la región sólo suscitó- suscita desconfianza e irritación cuando no ironía.
 Como todo el mundo en esta ciudad, con variaciones de acento y de reivindicaciones, los dos no ignoraban que todo esto obedecía a criterios de una urbano fobia y deseaban con ardor pero entre esperanza y fatalismo que ellos y lo suyos dejaran de estar al margen…fuera del sistema y que alguien en esta ciudad… su ciudad decidiera de una vez por todas denunciar esta actitud de judo en la que se aprende el continuo autocontrol.  Escucharon tantas veces aquello de que «  en Tetuán hace demasiado frío, demasiada gresura... demasiado viento... demasiada… »
 ¡Será posible!
  Tetuán fue y sigue siendo otra cosa...algo que no necesita figurar en los folletos turísticos. Su código, su lenguaje y su visión de futuro no correspondían en absoluto a los criterios de los que, por obra y gracia de una de estos paréntesis de la historia del país, se convirtieron en «hombres fuertes ». Pero, como todos los «hombres fuertes» acabaron por creer que eran inoxidables. Tanto que, padeciendo el incurable síndrome de «ruralitis» tuvieron la audacia de imponer una élite, en un entorno donde siempre y para siempre fué expresión cultural y geográfica.
 Vivieron, actuaron y se fueron con la enigmática idea de que Tetuán y el norte era, más que materia pendiente, su ejercicio obligatorio.
 Triste especie que creía en la posibilidad de poner el derecho al servicio de la fuerza… y de la «  persuasión ».
 Total... al fingido entusiasmo y exhibiciones de previligio siguieron-siguen la indignación, el desaliento y el hastío.
 Francis Bacon dijo hace cuatro siglos que «el verdadero poder es el conocimiento». Los que nunca encarnaron la esperanza democrática e incurrieron  en una blasfemia regionalista, nunca contemplaron otra forma de pensar.


ís, se convirtieron en «hombres fuertes ». Pero, como todos los «hombres fuertes» acabaron por creer que eran inoxidables. Tanto que, padeciendo el incurable síndrome de «ruralitis» tuvieron la audacia de imponer una élite, en un entorno donde siempre y para siempre fue expresión cultural y geográfica.
 Vivieron, actuaron y se fueron con la enigmática idea de que Tetuán y el norte era, más que materia pendiente, su ejercicio obligatorio.
 Triste especie que creía en la posibilidad de poner el derecho al servicio de la fuerza… y de la «  persuasión ».
 Total... al fingido entusiasmo y exhibiciones de previligio siguieron-siguen la indignación, el desaliento y el hastío.
 Francis Bacon dijo hace cuatro siglos que «el verdadero poder es el conocimiento». Los que nunca encarnaron la esperanza democrática e incurrieron  en una blasfemia regionalista, nunca contemplaron otra forma de pensar.





[1] El primero de los pilares del Islam : «  No hay Dios más que Dios y Mohamed es su profeta »
[2] Ilustre personaje tetuaní: escritor, humanista, poeta y periodista.
[3] En referencia a Gomara, comarca de Tetuán.

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