Conflicto palestino-israelí: La Mezquita Al Aqsa o la inconciencia occidental



Al día siguiente de su acceso a la alta magistratura americana, el primer expediente diplomático de Obama fue el conflicto israelí-palestino, por el que se había comprometido a solucionar en espacio de un ano.
 
Hoy, a media legislatura, se puede afirmar, sin ningún riesgo de equivocarse que ha sido un fracaso total. Nunca, jamás ha aparecido,  como ahora, tan lejana y casi imposible la solución de dos Estados coexistiendo apacible y pacíficamente en el territorio de la Palestina mandatario.
Los asentamientos judíos se prosiguen y se aceleran en Cisjordania, territorio ocupado por Israel desde 1967, en un gesto desafiador al propio presidente de Estados Unidos, a la comunidad internacional y sobre todo a las naciones  árabe y musulmana.
En este orden de ideas, el mantenimiento de un bloqueo marítimo, la franja de Gaza, se encuentra aun en prisión a cielo abierto para, cerca de, dos millones de palestinos, acorralados entre el orden moral de legítima resistencia de hamas y la sureaccion del aparato militar israelí.
Mismo juego, misma indecencia: el contribuyente americano paga por las bombas israelíes. El fracaso de Obama en la solución de este expediente se debe, en gran parte a su pusilanimidad frente a un Netanyahou, un American Israel Public Affaire Comité (AIPAQC) y un congreso más determinado que el propio presidente.
No obstante, comparada a lo que espera Oriente Medio a raíz de las repetidas y gravísimas profanaciones de los colonos, protegidos por el ejercito israelí de la mezquita Al Aqsa en Al Qods (Jerusalén), la actual situación es un juego de niños.
Ni Estados Unidos ni sus aliados occidentales ni mucho menos los dirigentes israelíes, estimulados por tan criminal indiferencia, saben lo que podría acarrear este estado de cosas.
Se ha dicho y se ha repetido tanto que la Mezquita de Al Aqsa es una línea roja, que Natanyhahou y sus generales acabaron  por creer que se trataba de una broma.
Las próximas semanas, para no decir los próximos días nos aportaran la prueba de que, con  su  incondicional apoyo a Israel, Occidente expone la región y mas allá de ella a un sismo.



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