« Yamna o Memoria Intima » de Said Jedidi Capitulo I FUEGO LENTO




En el  « Jerrazin » [1] donde se juzga a la gente por la calidad de su negativa, todo el mundo recordaba al  Maalem Sellam [2]  como a aquél que sólo juraba por el humor. Todos le querían, respetaban y admiraban.  Decían sus amigos que su eterna sonrisa sólo era comparable con su amabilidad, su disponibilidad a ayudar al prójimo y sus inauditos pero muy apreciados juegos de palabras, no siempre al gusto de todos. Se convirtieron en una verdadera cultura oral.
     -     Un carpintero de las bromas...
     -     A veces de mal gusto
     -     ¡Hombre ¡ era súper simpático !
     -     De vez en cuando incurría en el hooliganismo humorístico
Comentar la trayectoria de Ami Abdeslam producía siempre atascos en las valoraciones con variantes, según los interlocutores o los actores. A pesar de los años pasados, para sus pocos... muy pocos amigos supervivientes, seguía siendo muy difícil de contar, imposible de olvidar.
Con su pantalón « lingliz »[3],  sus dientes eternamente blancos sin conocer crema dental alguna y una sonrisa a flor de boca parecía emerger de una larga y agradable noche... de juerga. Nunca simulaba su gusto por las mujeres ni su cocktail de orgullo y angustia ante « los que tenían y no merecían ». En sus momentos de gracia sufría una metamorfosis. Cuando se le preguntaba por los partidos políticos de Marruecos « cuna de los contrastes de todo tipo », condenaba lo que llamaba su « concepción absolutista ».
     -     Todos son iguales, respondía
     -     Pero ¿cómo van a ser iguales?
     -     La misma intolerancia sectorial e irracional
     -     ¿Dónde lo has leído?
     -     En la diferencia entre los programas electorales y el ejercicio del poder o de la oposición
     -     Cuando hablas así te juro que no te entiendo
     -     Me refiero, tonto, a sus juegos políticos a expensas de la voz de sus conciencias
     -     ¿Y ellos tienen conciencia o la hayan tenido algún día?
     -      Tú no entiendes de política ni yo tampoco
En la prehistoria de su conciencia en tanto que tetuaní de « pura » cepa, como el resto de sus paisanos, Rabat les consideró siempre como una población inepta a participar en la  arquitectura política o socio-económica nacional.
El resto era, para él, las leyes de la aritmética
     -     ¿Población infantil? le preguntó un día su hijo Nabil
     -     Si. Eso es, le contestó secamente como si no se sintiera atraído por la discusión  evitando, como los demás, extenderse en ella  por si las moscas...
     -     ¿Y Qué significa eso?
     -     Alguien menor de edad o débil.
     -     ¿Y nosotros somos menores o lo hemos sido algún vez?
     -     Ves. Me he arrepentido...
     -     Pero si sólo te pido una explicación.
     -     Otro dìa. De acuerdo.
     -     Papá...
     -     Te he dicho otro día.
Luego explicaba su gesto y su conducta en busca de una distensión tacita que « como la muerte debe ser también una inevitable ley de la naturaleza ».
    -    Es que con los niños nunca se sabe. Aquí hasta los muros tienen orejas y, como se dice, a boca cerrada no le entran moscas. En este país la excesiva prodigalidad puede resultar mortal, explicaba
    -    ¡No me digas!
    -     Me refería a las conversaciones de carácter polίtico
    -     ¿Polίtico?
    -      Bueno… casi
Desde entonces alternativamente o a menudo simultáneamente los dos y el resto de la familia proclamaban en voz alta y en mayúscula las « nobles virtudes de los tetuaníes ». Tanto que decía a propios y extraños que no tenía el sentimiento de engañar a su esposa cuando estaba con su... Tetuán
Afirmaba, muy a menudo con un fuerte acento filosófico, que « negar ser alguien es invitar a que se pensara que lo es ».
     -     Hablar en voz baja conduce siempre a la confusión
     -     Mejor que no hablar.
     -     No lo sé.
     -     Yo sí.
     -     ¿Pero quién piensa en voz alta en esta ciudad?
     -     O en este país
     -     Tienes razón, en este país ¡qué paίs ¡ Aquí hasta la realidad es mestiza
Nunca tuvo ni piensa tener reglas intangibles. Ni siquiera necesitaba una margen de apreciación. No le importaba si su decisión haya sido tomada de manera opaca.
     -     Hay historias que sacuden.
     -     ¿Que quieres decir?
     -     Esto. Historias que nos cuentan diariamente.
     -     Sigo sin entender.
     -     La huerta de R’Huni[4], la casa de Bricha[5] o..
     -     Te refieres a los lugares requisados por la resistencia en 1955.
     -     No eran lugares. Eran campos de concentración, cuya horrible realidad alguien se atreverá a revelar un día. Segundo: no requisados sino confiscados o expropiados lo más arbitrariamente del mundo. Tercero no era resistencia porque…
     -      Porque…
     -     En Tetuán lo que tú llamas resistencia nunca resistió ante el ocupante español sino después de la independencia sus víctimas eran mártires que pensaban de otra forma
     -     ¿Sabes lo que te digo?
     -     ¡Cómo lo voy a saber si no lo has dicho¡
     -     Que exageras y que incluso hablas de lo que no sabes. Que Dios te perdone, Sellam
No sabía cómo decir que el silencio y la pasividad tanto de los autores como de las víctimas de aquella época inspiraron a la nomenclatura del país a tener una errónea concepción de la sociedad-providencia, como a él le gustaba llamar a la suya.
Prefería mil veces ir directamente al grano.
     -     La viuda vive más que su cónyuge.
     -     ¿Ah si?
     -     Tú ya sabes lo que quiero decir. « El libre con el guiño y el esclavo con un puñetazo »[6]
     -     No. Francamente no lo sé. No sé lo que quieres decir
     -     Tu patriotismo ambiguo sólo te permite comprender a los que exaltan la grandeza de los que vibran a la evocación del gesto franquista y...
     -     ¿Yo, franquista?
     -     Tú no. Los que admiras si.
     -     Bueno. De todas formas para mí, francamente, lo que acabas de escupir es todo, menos una sorpresa
     -     Lo sé. Sé también que en este mundo hay muchos Francos. Lo que pasa es que cada uno tiene su lenguaje, su forma de actuar y hasta su religión. Fíjate que hay Francos hasta con «Tarbuch »[7]
Con su chaqueta « europea », su pantalón inglés y el « tarbuch »  rojo que cuando se  quitaba liberaba una cascada de pelo negro que incrementaba su visibilidad entre las mujeres, Ami Abdeslam parecía uno de los precursores del renacimiento egipcio.
Basándose en una extraña pedagogía xenófoba, evocaba, sin comprender su alcance y su sentido, el resto del país como un yerno que habla de  un suegro difícil.
Aparentemente bien inspirado, le gustaba esbozar con un humor solemne el destino que permitió que Yamna cruzara un triste día su camino.
     -     Pero si fue él quien cruzó su camino.
     -     Tanto monta, monta tanto Ami Abdeslam como Yamna.
     -     Vamos a ver. Fue su idea, su broma y sus... consecuencias
     -     Las de todos porque todos padecemos con él
Sin desearlo, Yamna marchitó su vitalidad, eclipsando su humor y su salud. Pero él nunca se atrevería a confirmarlo. Sería algo así como confesar su pecado inicial. Se limitaba a maldecir en voz baja a esta « criatura híbrida ».
No obstante, hubo una excepción... Una sola: En una noche del otoño tetuaní, con el cielo encapotado como en un poema de Elià Abu Made [8] confesó que « Ahora que no está Yamna creo que sería legítimo preguntarse si era una simple criada ».
Ninguno de sus gestos, ninguna de sus palabras, ninguno de sus silencios pasaba desapercibido.
Lo había metamorfoseado por completo...
     -     Pero... Sellam ¿Cómo atrapaste todo esto?
     -     Cosas de Dios
     -     Y de alguien más... me imagino.
     -     Tienes razón.
     -     ¿Y qué ?
     -     Y nada... absolutamente nada.
     -     Pero si sufres como un condenado.
     -     Es mi destino.  En estos extraños tiempos en que vivimos si te despiertas una mañana entero dé gracias a Dios
Esquivaba exquisitamente la verdad.
     -     Acontecimientos indecibles, comentaba con una mezcla de misterio y de fatalidad prefabricada  lo que en Tetuán era un secreto de Polichinela.
Pero él daba poco...muy poco crédito a la realidad exterior o a lo que llamaba impresiones subjetivas. Ami Abdeslam nunca necesitó Aragón ni Nizar Kabbani[9].  Sabía cómo hacer una atinada diferencia entre la sana confianza en sí mismo y una autosugestión.
Sus anécdotas eran Tetuán y su gente. Eran una discreta solemnidad de la frustración de toda una población. Eran el reflejo de quien, sin ser obsesionado ni refractario, se negaba a identificarse con el hecho consumado…eran la época en que le tocό vivir.
Prefería pensar en voz baja... Pero con una sonrisa que contagia. Era su peculiar manera de decir a los demás que « cuando si es tetuaní no se puede ser otra cosa ». Ami Abdeslam luchó con todas sus fuerzas para no ser nunca otra cosa.
     -     « Herfat buk laygelbuk » [10]solía decir
     -     Siempre y cuando resulte rentable
     -     Pues qué quieres que te diga, para mí aunque no lo resultara
     -     ¡Claro! Todo el mundo sabe que siempre fuiste un insensato
     -     Un insensato que adora a su tierra
«  El privilegio de haber nacido tetuaní ». A su overdose regionalista  todo el mundo encontraba circunstancias atenuantes...
     -     Cuando salgo de Tetuán me asfixio.
     -     También te asfixias dentro de ella.
     -     ¡Qué gracioso!
Ante hábiles retóricas prefería no buscar argumentos. Desviaba su mirada. Era su mejor manera de terapia. Se cansó de averiguar si era víctima o mártir.
Y un buen día, sin que nadie se lo inculcara, gritó « Ni Nuevo Testamento ni Michna ».
Desde entonces sentía ganas de hablar, de preguntar e incluso a veces de protestar. Pero siempre optaba por olvidar, con discreción y soberbia, la realidad de estar a dos dedos de la tumba.
Se trataba de una confrontación entre una monstruosa evidencia y un olvido voluntario de que, como comentaba « no puedes ganar en la lotería si no la juegas ».
Era su único mensaje de esperanza a los suyos y a los que dudaban, como su eternamente fiel esposa Rabia,  a pesar de la convicción y la firmeza de su tono.
En los años 60 el SIDA aún no había nacido... en Marruecos, por lo menos. Sin embargo Bab L’Mkabar [11] era testigo de tantos amigos que se fueron sin prevenir.
Y él vivía con la pesadilla de que un día se contará la agonía de unos minutos o de años que precedió su muerte.
En materia de psicología del rumor Ami Abdeslam sabía de qué hablaba.
     -     ¿Sabes lo que dijo Hmidu antes de morir?
     -     No dijo nada.
     -     ¿Cómo que no dijo nada?
     -     Porque era hombre de pocas palabras y..
     -     Te digo que...
     -     Y si economizó siempre confidencias es porque no las iba a revelar poco antes de morir.
     -     Bueno, a mí me lo contó su...
     -     Su.. ¿Qué?
     -     Su hermano Milud.
     -     Ese cuenta cualquier cosa.
Por sus múltiples talentos, Ami Abdeslam sabía que entre lo que se solía contar y la realidad había siempre una  inquietante oscuridad. Algo así como una forma deficitaria de la sociedad, del sensacionalismo y de la exageración.  Una colisión entre lo temporal y lo espiritual. Incluso sonreía cuando pensaba que seguramente nadie se quedará en su casa para llorarlo cuando se vaya.
Conocido, más como burlón que como devoto, comenzaba a imitar a su hermano mayor Sidi Mohamed, un « Santo entre los santos ».
     -     ¡Atavismo! añadía cuando sobrepasaba, como se le ocurría a menudo, las líneas rojas del humor
     -      La mona, aunque se vista de chilaba...
     -     ¿Mona? ¡Tu madre!
No le gustaba que le recordaran que, contrariamente a su hermano, lo suyo no es màs que una simple y pasajera leyenda.
Cuando se trataba del patriarca las cosas se ponían fàcilmente serias...muy serias. Siempre había alguien para protestar contra lo que pudiera suponer una « profanación a la dignidad del Fquih »[12]

Por su parte Yamna insultaba sonriendo. Su diferencia ante tan libres interpretaciones se debía a que se acostumbró a vivir con la pequeña historia de la infructuosa reconquista de su salud o de su dignidad. Tenía 12 años, muchísia ambición y  una insólita, casi surrealista clarividencia, heredada de su padre que nadie pudo nunca conocer, cuando irrumpió en el « mercado de trabajo ».
     -     Dicen las malas lenguas que Yamna nació de una relación extra-conyugal por esto nunca habla de sus padres
     -     ¿Y qué?
     -     No. Lo digo porque...
     -     Te pasas la vida diciendo barbaridades de esta pobre mujer
Detràs de la habilidad dialéctica se ocultaba siempre un miedo atroz de cambiar de perfil y de parecer.  Màs que saber, todo el mundo adivinaba las intenciones. Nadie esperaba que su interlocutor terminase su sentencia. Ningún propósito era buen sentido. Todo era ideas preconcebidas o cuando màs sίmples suposiciones transformadas en versículos de libros sagrados.
Hablaban.. Hablaban y... nunca paraban de hablar. A nadie le interesaba permanecer inerte o estéril porque así podía presumir de una vida activa.
Hablaban...hablaban y...Hablaban



[1] Babuchera
[2] Maestros
[3] Pantalón inglés
[4] Huerta en las afueras de Tetuán conocida por las atrocidades que conociό a comienzos de la independencia de Marruecos ( 1956 )
[5] Una de las grandes casas de Tetuán, requisadas por la resistencia y donde fueron torturados a muerte muchos patriotas de color polίtico distinto
[6] Refrán marroquí
[7]
[8] Ilustre poeta libanés exiliado en EE.UU.
[9] Poeta sirio, ex embajador en Madrid
[10]Refràn marroquí: El oficio de tu padre para que no te puedan derrotar
[11] Puerta del cementerio




[12] Docto

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