Contrariamente a todo el mundo, Al Fadl nunca le sorprendió
que Ami Abdeslam llevara más de 25 años pasando, cada mañana a las 10 en punta,
a la sede de la Royal Aire
Maroc[1]
en Tetuán para preguntar el horario de los aviones con destino a España sin que
tuviera la más mínima posibilidad de viajar un día al país vecino. De hecho no
tenía ni nunca tuvo un pasaporte ni los requisitos para obtenerlo pero presumía
ante propios y extraños conocer la pandereta, Antonio Molina y la guardia mora. -
El único pasaporte que tiene este hombre, solía comentar con humor y ternura
su hermano mayor, Sidi Mohamed, es un pasaporte para la felicidad. Sus largas reflexiones ante el horizonte mediterráneo
en Martil o en otros puntos del litoral tetuaní no dejaban indiferente a
ninguno de sus amigos ni enemigos, comentándolo con una constante fascinación
los primeros y con una exagerada psicología del rumor los segundos, atinada ilustración
del comportamiento de aquella Tetuán plural de los años cincuenta en que todos
o casi todos se preparaban a estrenar la era de la independencia. Cuentan los
que mejor le conocían que su cuerpo estaba aquí en Marruecos pero su alma allí
en algún punto de la geografía española. Sin embargo y a pesar de sus continuas
circunstancias escabrosas, pocos estaban tan cerca de la realidad tetuaní como él. Antes de encerrarse en
una actitud singularmente evasiva, desconectada y lastimosa, Ami Abdeslam fue
muchas cosas. Todas las cosas. Vivió hasta el fin de sus dίas, como diría Lewis Carol, «
como un niño envejecido que lloriqueaba cada noche » antes de hacer el
amor con su exageradamente fiel cόnyugue.
Era un personaje « que segregaba
misterio », como lo calificaba su hermano H’med « y una fuerza mágica
como si, de repente, invistiera el alma de nuestro venerado hermano
mayor » añadía con audacia e ingeniosidad su hermana Jaduja, una mujer
insociable como un árbol silvestre.
Su dimensión
excesivamente metafórica le valía cierto respeto de unos pero también, a
veces, la ironía simulada de otros. Ambos aceptaban voluntariamente hasta su
grosería y trivialidad.
- A pesar de su acta machista es simpático
Toda una lección de armonía
entre la aparición y la desaparición. Tanto cuando era él como cuando encarnaba
a su hermano mayor en sus diálogos generosos y fecundos, parecía hacer vibrar
la invisibilidad del gesto expresivo.
- ¡Parece mentira con este Sellam[2] !
- ¿Qué te ha hecho?
- Que cuando anda me parece como si baliara
al compás de un movimiento telúrico
- ¿Telúrico? se ve que le quieres poco…muy
poco
- Al contrario. Cada vez me seduce más
- Con tus comparaciones no parece
Sin saber por qué siempre
detestó el dos de noviembre hasta que le dijeron que, para los cristianos, era
el Día de los Difuntos.
Se embriagaba escuchando
durante horas el, más que gorjeo, gorgoteo de los pájaros entre la pared y la
persiana de la ventana de su dormitorio en el quinto piso de un edificio
llamado durante la austera época colonial española « de altos funcionarios » y
juraba que llamó un día a su yerno Fadl y que éste le respondió con su habitual
cortesía.
- ¿Pero... cómo va a ser Fadl
si el pobre hombre falleció hace más de 20 años?
- Lo sé, se limitaba a
contestar con su aire eternamente infelizote sin dar nunca la más mínima precisión
Él creía
firmemente que no necesitaba explicar. Sus aventuras iniciativas invitaban a la
convicción y sus mil y una matizaciones al interés y a la admiración.
- El problema no es el país sino el paisanaje,
solía comentar cuando alguien le desagradaba
Todo el mundo sabía que Ami Abdeslam hizo todo su posible para
olvidarse hasta de la tierra en que
nació pero todos ignoraban por qué.
- Cultiva tanto misterio
- ¿Lo dices porque no juzga
legítimo evocar lo que se ha olvidado?
- Entre otra infinidad de
lagunas
Aliado
apasionado de la utopía y de las dimensiones onéricas,
dotado de una gracia particular y desenmarañando
continuamente los hilos entre la acción y la pasión, el tiempo
le inculcó odiar la lógica del desprecio. Lo real y lo trivial le parecían un
disparate y la llamada fuerza tranquila, una travesura. La suya era más bien
pasmosa.
- ¡Ni príncipes ni mendigos ¡
solía exclamar, con o sin razón, expresando de este modo su manera de
estigmatizar la manera de ser de los que se tomaban por aristócratas sin serlo o sin parecerlo
Yamna y su historia lo
moldearon para siempre.
En vez de escuchar su
difícil respiración durante sus frecuentes crísis de asma,
escuchaba los gemidos de... Yamna.
- La maldición de Yamna,
murmuraba entre los dientes.
Falsa simetría que nunca
expresaba públicamente. Sin embargo ni era hipocresía ni puritanismo, sino
simplemente la alergia... su alergia a reconocer los hechos.
Desde que comenzóó a expresar
públicamente
su firme deseo de sepultar para siempre
la primavera y de resucitar indefinidamente al verano, para él, ningún domingo
era de Ramos y todos los viernes y el resto de los días de la
semana de... Dolores. Su pasión favorita pero inevitablemente destructora era
ahora la de maldecir las bromas...todas las bromas.
Al final prometióó que algún día, si el último suspiro se lo permitiera, confesará que fue una “inocente”
broma la que devoró durante más de 45 años su vida y su esperanza.
« ¡Maldita sea
Yamna que me está convirtiendo en un verdadero militante de la memoria ¡ »
Se pasaba la
vida tratando de no creer en ninguna teología primaria.
Legítimamente deseoso de combatir sus defectos descubrió, muchos años después,
que su pecado mortal consistía en su eterna falta de suspicacia.
Reto y reminiscencia. Su
estilo límpido, sin énfasis ni opacidad le prohibía nostalgias fáciles.
Era conciente de su destino. A su edad relativamente avanzada parecía haberlo
comprendido todo incluido el espacio mental en que estaba condenado a vivir.
¡Los héroes nunca
envejecen ¡
Pero él, Ami Abselam, 64
años cumplidos, excesivamente maduro pero sin vacunar, asmático, cuyo amor
brujo al humor incluido el irritante, le costó el ojo de la cara no es, nunca pensó
en ser, ni héroe ni mártir.
Lo descubrió un 14 de
enero de 1984 cuando en Tetuán, patas arriba, acuadrillada por batallones
armados hasta dientes y con el gatillo fácil, estaba de rodillas ante sus
verdugos, ni él ni nadie se atrevió a contar los muertos y los heridos. Todos
se limitaron a murmurar La haula uala Kouatta Ila Bi Lah[3].
- No. Ni siquiera tocando en
homenaje a uno de los nuestros hemos podido ser mejores.
Él y el resto de los
tetuaníes corroboraron luego en coro pero en voz muy baja el escandaloso
balance de las pérdidas « en vidas humanas de aquellos disturbios » dado por
los poderes públicos y la versión oficial de los hechos y sus causas.
En los vestíbulos de las
enormes casas de las familias de origen andalusíí, con la
enorme llave de « cuando regresaremos al hogar en Granada »[4] se siguió
comentando los tristes acontecimientos, atreviéndose algunos a esgrimir la
verdad durante más de 22 años… después.
- Profanaban todo, contaba un
joven con barba descuidada y que afirmaba que una bala perdida le pasó rozando
las orejas, disparaban contra todo lo que se movía. Ha habido muchas victimas
en las azoteas y los balcones de las casas, principalmente criadas que las
pobres nunca se habían imaginado que las escenas de Farid Chauki y Mahmud El
Mliyi[5] iban a
reproducirse en pleno centro de Tetuán.
- En aquellos días murió todo
lo que se movió, precisó un anciano oculto tras una espesa chilaba de color gris
antes de gritar que ¡Parece mentira, todo el mundo es chivato ¡ Advirtió antes
de gritar que él no ha dicho nada « Ni ahora ni cuando la ciudad estaba patas
arriba »
- ¡Vete a la
mierda, cobarde!
- Todo el mundo hablaba del
entierro de Si Mestassi, comentó otro.
- ¿Por qué?
Las miradas convergieron de
repente hacia Ami Abdeslam, quien antes de comenzar su relato recorrió el inmenso
umbral con repetidas miradas furtivas en busca de un « intruso ».
- Llevábamos más de un día esperando
una calma. ¡Nada ¡ Al final alguien nos aconsejóó correr el
riesgo y enterrar al difunto Si Mestassi. Nunca se sabe. Obviamente el cadáver
del pobre hombre no podía soportar más y ya saben lo que dice nuestra religión
al respecto
- Pues... os aconsejóó mal el
cabrόn ¿ Y qué ?
- ¡Acojonante ¡
- ¿A qué te refieres?
- Os juro que nos hicieron
colocar el féretro con el cadáver y…
- ¡No
¡ exclamaron en coro, indignados pero con una aparente sed de conocer el resto
de la asombrosa historia del entierro de Si Mestassi
- Si. Peor aún.
- ¿Ah sí?
- Con la punta de sus fúsiles
daban vuelta entre todos al cadáver en busca de vaya Usted a saber qué.
- Seguramente armas. Buscaban
armas entre los cojones del difunto ¿Y vosotros?
- ¿Qué podían hacer
ciudadanos de a pie en un país donde... no hace falta
que termine? dijo en una evocación salaz, buscando exhaustivamente por todos
los pilares del enorme umbral
- Pues no sé. Oponerse, quizás.
Formular alguna reserva, naturalmente de manera educada y amable o
simplemente...
- No digas tonterías Haj Krimu. Amabilidad, educaciòn ¿Y qué más
has dicho?
- Re...ser...va, repitió
balbuciente Haj Krimu
- Pues, para aquella gentuza,
estos términos eran como un pulpo en un garaje. ¿Tú has visto alguna vez un
pulpo en un garaje ?
- Ni fuera de él. Pero ¿Vas a seguir
o no?
- Era evidente. Todo el mundo
lo comentaba pero en voz baja y a escondidas baja: los soldados tenían permiso
y yo diría incluso órdenes de disparar contra lo que querían. Si, hermano,
contra lo que querían. Estas úúltimas palabras las
repitiò masticando las sílabas
- ¡Santo Dios ¡ Qué salvajes.
Oye que es realmente asombroso. ¡Qué barbaridad!
- ¿Y nosotros? ... pues
nosotros, señores, nos pusimos a
temblar, denigrando la maldita suerte de
encontrarse en el mal lugar en el peor momento. No os podéis imaginar el
horror que escupían aquellas caras largas, llenas de odio y de rencor, como si
las órdenes que tenían eran las de exterminarnos a todos.
- ¡Hijos de puta ¡
- Claro. Ahora no están.
- Aunque estuvieran..
- ¿Quiénes?
- Todos. Los que dieron las
órdenes y los que aceptaron ejecutarlas.
Al unísono pero
cada uno con su peculiar expresión, se pusieron a lamentar el destino póstumo de Si
Mestassi « Que Dios tenga en su santo seno » pero cada
uno de los testigos oculares devolvía la responsabilidad como si
se tratara de una patata caliente.
- Aunque fuese Emiliano Zapata.
Han pasado muchos años. Ami
Abdeslam nunca olvidó ni aquél profanado entierro que calificaba con su
habitual ironía de « violación a título póstumo de la intimidad » ni lo que
hicieron las fuerzas del orden, aquél enero de 1984 en la eternamente pacífica
ciudad de Tetuán.
Cada vez que juzgaba
oportuno, lo presagiaba a su manera: en voz baja pero categóricamente: «
Las cicatrices y las llagas permanecerán abiertas durante mucho… muchísimo
tiempo ».
- De todos modos, solía
protestar, no somos « Aubash » [6].
- El derecho al servicio de la
fuerza, murmuraba la mayoría silenciosa de una ciudad que se acostumbró o la
acostumbraron, desde entonces a hablar y a comprenderse con gestos o con
telepatía
-
Tonterías. Marruecos no es Estados
Unidos. Aquí no hay ni jamás habrá, gracias a Dios, Norte y sur
- Tienes razón. Entre
nosotros nunca hubo guerra alguna.
- Al contrario lo que ha
habido, hay y habrá siempre fue y sigue siendo mucho amor, mucho destino común
y mucha solidaridad
- ¡Hijos de perra! Que soίs unos hipócritas y unos lama-culos ¿Por dόnde vίsteis amor y solidaridad?
Seguramente es una broma, porque los norteños somos marroquíes de segunda
- Tú siempre con tu xenofobia
A pesar de las
variaciones del acento y a menudo de declaraciones públicas y circunstanciales,
Tetuán vivió largos y silenciosos años de inconfesada resignación y de
simulada consternación.
La reconciliación tardó
mucho, lo que permitió la eclosión de una
visión mecanista hacia la historia contemporánea del país.
Luego vinieron las
ventajas equivocadas e inversiones con fondos perdidos.
Cuenta Ami Abdeslam que
un amigo « bien colocado en Rabat » le dijo el otro día que el 98’3%
de la mano de obra en el Puerto Mediterráneo era forastera. Por ello pocos
deseaban ser testigos oculares de su inauguración.
Debido a la singular
naturaleza de sus relaciones con los « lideres » tetuaníes del rumor público, Ami
Abdeslam pudo enterarse después de que el providencial proyecto lo era para las
multinacionales y en menor medida para los naciolaes que tienen más.
Le bastaba y decía que le
sobraba ver, desde la cafetería de Hutú, cómo este Mediterráneo acariciaba la
fina y entonces muy limpia arena de la costa de Martil.
- Ahora ya es otra cosa, se
lamentaba
- Dicen que era angelical
- Yo no sé si era tanto pero,
eso sí, era mejor que ahora y quizás infinitamente mejor que mañana
[1] Lineas Aereas de Marruecos
[2] Diminutivo del nombre àrabe Abdeslam
[3] No hay
potencia ni fuerza que la de Dios ( en àrabe)
[4] En casi
todas las casas de las grandes familias andalusíes, expulsadas del Andalus
durante la Inquisición,
està colgada en el vestíbulo la llave de la casa de Granada con la esperanza de
volver un día
[5] famosos
actores del cine de acción egipcio muy admirado por cierta categoria social
marroquí
[6] Chusma o gentuza
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