Mi estimado, buen amigo
(y jefe en 24 horas de RNE en los años 70) Abel Hernández tenia razón: “El
problema, Said, no es el país, es el paisanaje” me solía “bombardear” cada vez
que me veía pensativo.
Les voy a explicar por
qué me acuerdo de este “rollo” después de casi 44 años:
Esta misma mañana
parafraseando a “Yabiladi” decíamos en
uno de nuestros comentarios que: “Ante las cámaras todos los diputados y
consejeros así como los ministros se muestran unánimes en saludar y elogiar el
discurso del soberano, aplicándose
incluso a buscar los adjetivos para encomiar las palabras del rey, lo
que olvidarán muy rápidamente”.
En efecto, en cada uno
de sus discursos, el rey Mohamed VI traza un nuevo mapa de ruta, que de
aplicarse o, incluso una pequeña parte de este mapa de ruta, constituiría un
inestimable valor añadido para el desarrollo socio-económico de este país, de su
forma de ser política y de la manera de actuar de sus responsables a todos los niveles
y en todos los dominios en particular y a todos los actores de la sociedad
civil: lideres políticos, parlamentarios, autoridades locales, regionales y
prefectorales, dirigentes asociativos, sindicales, intelectuales y sobre todo…
sobre todo de los marroquíes “ de a pie”. En fin… de todos los marroquíes.
¿Se ha aplicado algo
de aquél/este tesoro?
Sinceramente no lo
creo. Tampoco creo que el soberano lo piensa, lo evalúa y lo propone para que
lo vanaglorien ni para que lo sublimen, sino, buen patriota que es (él mismo
dijo en el discurso con motivo de la apertura del año legislativo del 10 de
octubre: “como marroquí lo que quiero más en la vida, es sentirme orgulloso de
mi marroquinidad”, lo piensa y lo propone ( es su responsabilidad en tanto que
jefe de Estado) porque quiere ver a este país avanzar, mejorar cualitativa y
cuantitativamente y optar por las vías y los caminos más propicios y mas
idóneos. En una palabra: en su calidad de primer mandatario (y amir al muminin)
nos establece un mapa de ruta.
Segundos después de
cada discurso, es la misma historia: Unanimidad en las valoraciones dignas de
los grandes poetas de “Al jahilia” (época pre-islámica) en sus poemas de
tributos y de elogios.
Así… hasta el próximo
discurso.
Efectivamente, el
problema no es el país, sino el paisanaje.
Sin embargo, nada es
más fácil que sacar las lecciones pertinentes de cada discurso real, corregir
el tiro (como instan todos los discursos reales) rentabilizar y valorizar sus
ideas y sus consejos e incluso, sus advertencias y capitalizar sus enseñanzas y
su clarividencia en vez de buscar emprender la ya folklórica carrera
contra-reloj en busca de los adjetivos y sinónimos de elogios, adulación y alabamiento.
Comencemos pues desde
hoy: pidamos a nuestros diputados y consejeros a seguir el consejo real, y sentirse
“como marroquíes orgullosos de su marroquinidad”, de su rey y de sus electores,
haciendo de la sesión de preguntas orales del martes próximo un punto
de inflexión en la madurez política y en la comprensión del ejemplo del amor a
la patria y de las orientaciones reales.
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