Como su amigo George
Clooney, Ben Affleck (ver foto) es un conocido actor y realizador militante y
muy investido en la política americana e internacional, habiendo creado en el
2009 la Iniciativa para el Congo Oriental (ECI), recolectando más de 2 millones
de dólares y habiendo pedido ante el congreso americano, un refuerzo de la misión
de la ONU en la república Democrática del Congo.
Invitado de una emisión
americana para promover Gone Girl, el marido de Jennifer ha tomado parte en un
debate encrespado defendiendo, eso sí, a su manera, al Islam y a los
musulmanes.
En el mismo plato del “Talk-show-
presentado por el humorista Bill Maher, se encontraba también Sam Harris, el
cual en su última obra expone su visión relativamente negativa sobre la religión
musulmana.
Inútil dar más
pormenores del debate y algunas posturas de un irrespeto primario y superficial
hacia el Islam (lo que siempre ha sido y sigue siendo moda en Estados Unidos y
en gran parte de Occidente).
Ben Affleck no es musulmán,
pero si, un artista comprometido con su tiempo y su realidad. Un hombre, como
se dice por allí, de principios.
No es un Tarik Ramadán,
por ello suscita, a la vez reacciones xenófobas debido a la manipulación y a
los incesantes ataques y campañas sionistas contra el Islam y los musulmanes, pero también la perplejidad que
abre el apetito a conocer la verdad o parte de ella sobre el Islam.
Evidentemente cuando
hablamos de campañas sionistas nos referimos asimismo y tal vez, sobre todo a
los países musulmanes, sus mandatarios o sus ilustres personalidades y nomenclatura
que en un afán de servir los intereses de su protector americano, han
presentado/presentan el más valioso servicio a Israel y su, nunca desmentido ni
ocultado odio y rencor contra el Islam y los musulmanes, al crear, armar,
financiar y apoyar a Daech y el resto de las “oposiciones” en Irak y en Siria.
De donde la actitud de
Ben Affleck es la bienvenida, por un lado porque es una buena respuesta a los
que contribuyen con sus riquezas, su odio y sus sueños hegemonistas y a los que
creen que con su Daech habrán encontrado el golpe de gracia a esta nación islámica
que no se arrodilla.
Pero,
independientemente de la actitud de Ben Affleck y de no pocos otros de buena fe
y de principios limpios, y del papel considerable de Estados Unidos y de todos
sus aliados, Daech es obra de nuestro silencio, nuestra complicidad y nuestra conspiración
voluntaria e involuntaria, porque consideraciones de orden estrictamente geopolítico,
nos han hecho (les ha hecho) olvidar que el Islam es misericordia y los
musulmanes somos amantes de la paz, de la justicia y de la…TOLERANCIA.
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