Al día siguiente del
discurso que el rey Mohamed VI pronunció ayer (viernes 10 de octubre), tiempo
al análisis y a desmenuzar las líneas maestras de este discurso real.
En, primer lugar, se
debe recordar (a lo que lo sabían ya y señalar a los que no lo sabían) que los
años 2015y 2016 serán años electorales por excelencia. No obstante, a falta de
casi tres meses de las citas electorales, el rey Mohamed VI expresa ante los
diputados de la nación y a través de ellos a todos los marroquíes su rechazo
del nivel de debate político (dentro del hemiciclo parlamentario y fuera de
él).
De esta forma, no
incurriríamos en ninguna exageración si valoramos los próximos comicios en
Marruecos como la principal preocupación real, plasmada en su discurso de ayer
con ocasión de la apertura del año parlamentario en Marruecos, tanto mas que el
soberano recordó (a su manera) a los representantes y a los consejeros a
preparar mejor estas citas, expresando el anhelo de que la competición entre
los actores políticos se basara en los programas y “no una arena en la que
dedica a la sobrepuja o a la demagogia electoral y luchas propias de
políticos”.
El monarca ha
interpelado directamente a los partidos políticos: “A menos de un ano de las
elecciones locales y regionales, dijo, me dirijo a todos los actores políticos:
¿Qué élites y qué programas habéis preparado para llevar a cabo la gestión de
los asuntos públicos?”.
Todo el mundo lo ha
comprendido: El rey se refería a las constantes y a menudo estériles disputas
verbales que han marcado los tres anos transcurridos de la actual legislatura y
impactaron negativamente sobre la adopción de muchos textos, y especialmente
leyes orgánicas, que deben ser validadas de aquí al 2016. Un objetivo, salvo un
milagro, difícilmente realizable.
Rey ciudadano, Mohamed
VI ha captado perfectamente los votos de la inmensa mayoría de los marroquíes
sobre lo que debía ser y n o fue el debate político en este país, plasmando
estos votos con diplomacia y sutileza al subrayar que este debate “no
corresponde siempre a las aspiración de los marroquíes, justamente porque suele
estar estibado a cálculos partidistas o políticos”.
Lo que, según el
soberano no podría contribuir al despertar del interés ciudadano por la
política y mas exactamente por las citas electorales. De tal modo que no se
descarta el espectro de la bajísima tasa de participación en las legislativas
del 2007 (37%) mientras los partidos sigan ‘divididos por sus intereses
mezquinos”.
Problema y solución.
Inquietud y remedio: Mohamed VI propuso que una “carta ética de la acción
política sea adoptada de manera general”. Pero, sobre todo, ha deseado que los
electos se consagraran “con la seriedad necesaria a examinar las prioridades
nacionales, haciendo prevalecer, al mismo tiempo, el espíritu de consenso
positivo, especialmente en el curso de la adopción de las leyes orgánicas
relativas a las instituciones constitucionales y a las grandes reformas”.
Una calidad, como lo
subraya “Yabiladi” esta mañana, que brilla cruelmente por su ausencia entre la
mayoría de nuestros políticos.
“Yabiladi” lo resume
atinadamente: “Ante las cámaras todos los diputados y consejeros así como los
ministros se muestran unánimes en saludar y elogiar el discurso del soberano,
aplicándose incluso a buscar los
adjetivos para encomiar las palabras del rey, lo que olvidaran muy rápidamente,
sino nuestra cita será el martes próximo durante la sesión de las preguntas
orales en el parlamento”.
En efecto, el rey no
lo dijo para ninguna sublimación de circunstancia, sino como mapa de ruta a una
acción parlamentaria que todos los marroquíes… o casi todos, desean que sea
mejor y menos ajustada a “intereses partidistas y mezquinos”.
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