« Si la riqueza no vendrá a
los hombres, los hombres irán a la riqueza ». La citación de Alfred Sauvy[2] se acopla sólo a
medias con la realidad socio-religiosa de los 2 096 600 inmigrantes magrebíes
en Europa entre los cuales más del 50% son marroquíes, un poco
menos del 30% argelinos y más del 14% son
tunecinos[3].
En
efecto, los mecanismos, inicialmente contemplados para favorecer el diálogo
Inter.-estatal sobre los temas de la inmigración como las múltiples sesiones
del Diálogo Euro-Mediterráneo 5+5 y sus incontables conferencias sobre el flujo
migratorio mostraron siempre una preocupante negligencia hacia lo que se podría
llamar « integración religiosa » en el sentido de velar por una sana
religiosidad y el respecto de la tolerancia de la religión importada. Para los
inmigrantes musulmanes, ello quiere decir un Islam universal basado en valores
nobles, sean occidentales u orientales que, más que contradictorios como
algunos han aprovechado para dar crédito a sus tesis reduccionistas, son
complementarios e incluso indispensables a una convivencia pacífica de
conformidad con las leyes de cada país de residencia y de sus leyes.
No fue
así...a pesar de que según Naciones Unidas, cerca de 175 millones de personas.
O sea: el 3% de la población mundial vive fuera de sus países de origen[4].
En
ausencia de un estatuto jurídico claro y contundente del Islam en España (y en
Europa) y asimismo de un debate sano y democrático de los actores musulmanes en
torno a los aspectos legislativos y sociales sobre el ejercicio y culto
musulmán, el contagio del radicalismo entre los inmigrantes magrebíes de
España, « economizados » hasta entonces, comenzó a surtir efecto.
Madrid estrenaba temporada. Recién acabadas las
rebajas de las rebajas, muchos inmigrantes lucían sus « conquistas »
en las « ofertas » del Corte Inglés o en el rastro madrileño los
domingos. La mayoría de ellos sabía que en Madrid entre « ganga » y
« ganga » hay siempre otra « ganga »…. Incluso en las
ideas, visiones y creencias. Pero tampoco faltaban los que, dando riendas
sueltas a sus imaginaciones en torno a las informaciones entre los inmigrantes
sobre las detenciones en la operación «Lago», tejían las más extravagantes de
las psicologías del rumor.
—
Dicen que el 70% de los detenidos son marroquíes.
—
¡Claro! porque Marruecos es el principal país de origen
de los musulmanes que estamos acá en España.
Psicología de rumor, campo abonado para redes
yihadistas con tareas de carácter logístico que aprovechan la sencillez que
roza la indecencia de muchos, su ineptitud intelectual y su gran sensibilidad
ante/hacia todo lo que no se ha podido realizar en esta vida y lo puede ser en
la otra para convertirlos en instrumentos al servicio del extremismo y el odio.
Fingen proporcionar protección y cobijo cuando en realidad « cazan »
a los más vulnerables para su posterior reclutamiento radical.
Psicoanalistas en el modo de determinar el perfil
de quien toda su vida era periodos tumultuosos, las redes yihadistas prefieren
en su captación para el entramado terrorista
global a compatriotas de la segunda generación de inmigrantes con una feliz
inconciencia.
Todo el mundo no veía más que manos tendidas y
generosidad en donde sólo haya sacrilegio y miras explícitamente
fundamentalistas.
A falta de respuestas nadie pregunta... nadie
quiere preguntar. Reflexión biótica de quien, sin saber por qué ni cómo ni
desde hacía cuándo, comenzaba a preferir el fracaso del ajeno al éxito propio.
Todos, unos más que otros, se fueron convirtiendo
en trofeo de guerra... su guerra... la del injustificado odio y del desplazado
rencor.
Encarnación de una frustración que nació de la
necesidad absoluta. El tiempo se encargó de inculcarles que no siempre ocurre
lo que se desea.
Las repentinas redadas en Madrid y en otras
ciudades españolas contra los « ilegales » eclipsaban toda otra cuestión y
monopolizaban las discusiones y las tertulias entre los inmigrantes sin «
papeles ».... toda una augusta ocasión para necesitar la « colaboración » de
estos « hermanos » venidos de donde nadie sabía pero que todos admiraban su
plasticidad social y religiosa.
—
El atuendo no hace el monje.
—
Ni el turbante un F’kih.
—
Es que era tan lógico lo que nos contaba Nasser.
—
Sigue escuchando a este predicador terrorista y verás
donde vas a acabar.
—
Bueno...
Nadie explicará nunca el, cuando menos, extraño
comportamiento de los diferentes servicios de seguridad españoles ante tan
peligrosa proliferación de la literatura terrorista ni por qué tanta tolerancia
ante tan seria amenaza.
Ante la ausencia de las medidas que se imponían
por estos servicios de seguridad para hacer frente al inquietante fenómeno, gran
parte de los magrebíes de los suburbios de Madrid comenzaban a considerarlo
como normal e incluso oficial u oficiosamente correcto.
—
Pero ¿Por dónde
andas, Hakim?
—
Entre la casa y los niños, me turno nocturno en el hotel
y el pequeño locutorio de Lavapiés. Cada uno en un lado.
—
Pero bueno, Hakim ¿Y los amigos?
—
Ya te lo digo Yussef no tengo tiempo.
—
Ni para rezar.
—
Ni para esto. Rezo en casa.
—
No te creo. Hay
gato encerrado.
—
No hay ningún gato encerrado.
Todo comenzó con un «el que no duda no sabe cosa
alguna» con que Hakim respondió cuando se le ha pedido una «pequeña
contribución» a una obra de caridad.
—
Yo llevo aquí 27 años. Mis hijos son de nacionalidad
española y nunca me encontré en algún tipo de actividades ilícitas…
—
¿Ilícita?
—
Eso. Quiero decir que debo conocer con detalles y
precisiones el destino de mis contribuciones y las de vosotros.
Nadie se atrevió a comentar la protesta de Hakim…
por que nadie tenía «zorra» idea a dónde iba el dinero de las frecuentes
colectas en el barrio.
Muchos, como Hakim han tratado más de una vez de
«saber un poco más» pero tuvieron que renunciar debido a la exhortación de
«gente de buena fe».
Con sus barbas, sus tónicas de extravagantes
colores y sus atuendos afganos, Lavapiés se transformaba paulatinamente en una
nueva Kandahar sin que ello atrajera la curiosidad de las continuas rondas de
la policía local.
—
Esto es peor que Marruecos. Los hemos contagiado.
[1] Así llama Marc Sageman
(2004) en su « Understanding Terror Networks » a las redes de base. Es
decir los grupos radicales que actúan por cuenta propia sin comunicación con
organizaciones superiores
[2] Especialista francés en los flujos migratorios.
[3] Cifras del 2003 y del momento del 11-M.
[4] Cahiers des Migrations Internationales (Rapport sur les migrations et le développement au Maghreb
Central) por Mohamed Saïd Musset.
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