“11-M: Madrid 1425” de Said Jedidi V CAPITULO CORTINA DE HUMO



                                          
                                    VI
    
 Desde uno de los dos balcones de su pequeño apartamento en la madrileña Calle Martín de los Eros, se podían ver todos los movimientos en Plaza de España.
En aquél 12 de marzo del 2004 nada invitaba a observar anomalía alguna. El inquilino y sus cinco huéspedes llevaban casi dos horas contando chistes « del país».
      La esposa de un hincha del Madrid que se encontraba confortablemente sentado en un sofá siguiendo su partido frente al Barcelona, pierde su llave y toca el timbre. Al saberlo, el marido le grita sin quitar su mirada del televisor: « Vete que estás divorciada».
Una salva de carcajadas.
      Uno que solía robar lo que encontraba de la casa de su familia. Un día se le ocurre robar el teléfono móvil de su hermana. Ésta le llama al mismo aparato y le exige que lo devuelva. «Cada vez que desaparece algo – contestó a la alarmada hermana- me lo reprochan a mi».
Otra desenfrenada salvilla de risa.
      Al disponer salir de casa, un agente de la fuerza auxiliar  llama a su esposa y le indica la porra sobre la mesa     : «esconde el arma para que los niños no jueguen con ella».
   Vaporosos comentarios a lo ocurrido en vísperas en Atocha  a lo que Jamal y sus invitados, tres de los cuales conserjes nocturnos en establecimientos públicos, se referían en términos acusatorios.
Un desafío a la lógica.
Jamal, el más intelectual del grupo interrumpía la discusión para contar a sus amigos «la otra obra siniestra de ETA en Madrid» sin olvidar de asociarla a la metodología del Frente POLISARIO.
      Estos separatistas son una lacra.
      ¿Y a mí qué?
      El separatismo es uno e indivisible.
      Si, pero lo de Casablanca era obra de otra gente.
      Las primeras noticias hablan de compatriotas entre las víctimas.
      ¿Muertos?
      Entre muertos y heridos.
      ¡Qué locura!
En el «Rastro»  las preguntas giraban en, torno a la identidad de los «nuestros» «si nuestros ha habido». A nadie se le ocurriría pensar que aquella obra siniestra era de algunos de los «suyos». La preocupación se centraba particularmente en torno a los que suelen tomar estos madrugadores trenes y a los que trabajan en la zona. Las especulaciones y los rumores nublaban tempestuosamente las fuentes de información. A pesar de la insipidez y la contradicción en los relatos al respecto, en Lavapiés y Somos agua algunos sentían llegar algo que nadie podía aún determinar con exactitud.
Las primeras insinuaciones de la autoría islamista comenzaban a cobrar sentimiento.
      COPE y Cadena SER  afirmaba esta mañana que los atentados de ayer pueden ser obra de terroristas islamistas.
      ¡Vete ya! ¿Cómo van a ser musulmanes? ¿Qué musulmán puede cometer tan atroz crimen?
      Mira, Mohamed yo te acabo de contar lo que me han dicho. Además tú, mejor que cualquiera de nosotros porque eres amigo de los «afganos» sabes que hay musulmán y musulmán.
      Si, pero...
      Sin peros, Mohamed. Déjame terminar. ¿Eran musulmanes los que perpetraron los atentados de Casablanca o antes de Nueva York y Washington?
No obstante, sin énfasis ni opacidad, después de observar cierta expresividad que desvela mil eventualidades, muchos musulmanes de Madrid comenzaban a contemplar lo peor.
El comportamiento de algunos de ellos era insólito casi surrealista. Un equilibrio entre el suspense, la inquietud y el miedo de que la, hasta entonces era simple duda, se convierta en una certeza.
Comenzaban a barajar hipótesis, a llevar a cabo investigaciones propias y a insultar « la tolerancia que nos conduciría a la tragedia».
« ¿Dónde estaba ayer fulano, desde cuándo desapareció, con quien iba y cómo actuaba?».
Llovía inquietud por los insitos.
    Con paso de los días se iba acentuando el sentido de culpabilidad de quienes no insistieron en su disconformidad con el desprecio del riesgo, prefiriendo no hacer frente a la paulatina reconversión de los que eran presa de las empresas del horror.
«El que no duda, no sabe cosa alguna», repetía apurado Mehdí como si presagiara la pertinencia o como exigiese una redefinición del concepto de solidaridad.
Quería acusar a alguien… a algo…pero lo dejaba para su intimidad porque era conciente de que « de ser como dicen pondrían colofón a largos y difíciles esfuerzos por una mejor convivencia y cohabitación confesional». Estaba seguro de que « por más mínima que fuese la implicación musulmana en lo ocurrido, siempre habrá quien lo exageraría».
 La ecuación securitaria y la posterior avalancha de arrestos impidió a algunas lenguas, dilatadas desde que se supo «una supuesta implicación islamista» a mostrarse mas reservadas, mas discretas y mas tímidas. El curso de las investigaciones no podía ser peor.
      ¿Pero si han dicho que era ETA?
      Creo que ETA...BAN confundidos
      Lo de los musulmanes debe ser…
      No hace falta avanzar argumentos ni...
   Durante días el abominable crimen de Atocha eclipsaba todos los comentarios de la comunidad musulmana de Madrid y de España.
  Con las primeras certezas comenzó una mezcla de vergüenza y consternación. Críticas y autocríticas. Acusaciones, insultos, sospechas y estigmas a los que « ya le dicho a mi hijo Bachir que cuide con el afgano este…»
   La psicosis del miedo y de la incertidumbre llegaba hasta el extremo del llanto y de crisis de alucinación.
      ¡Oye, Alí, ¿Dónde estabas la madrugada del pasado día 11?
      Contigo, aquí en casa ¿No te acuerdas, mamá, cuando me contaste la historia de quien madrugó y Dios ayudó, encontrando 100 euros?
      No, hijo, Dios no ayudó a nadie aquella madrugada. Además desde ahora en adelante debes saber que a quien cayeron los cien euros madrugó antes de quien los encontró.
      ¿Pero, qué te pasa?
      Nada, como decimos nosotros en Marruecos, por los hijos cobardes, las madres no suelen inquietarse.
      Dante y su Divina Comedia. Abu Al Alaa Al Mari y su «Episodios y finalidades» .
    En las familias musulmanas de la capital de España el clima era literalmente irrespirable a pesar de la total ausencia de indicios de una eventual caza de brujas.
    En efecto ni en el aeropuerto internacional de Barajas ni en las recepciones de los hoteles en Madrid asustaba aún el pasaporte verde del Reino Jerifiano.
   Una normalidad que, además de asustar, intrigaba.
     Tanto estas madres como otros francotiradores de la igualdad de las oportunidades y de una integración armoniosa han tenido que esperar más de cinco años antes de que el Parlamento Europeo rechazara con los votos de 431 eurodiputados contra 55 y 94 abstenciones la creación de clases especiales para los menores de edad inmigrantes en los Estados miembros, a los que se insta a evitarlas. Con ello el Parlamento Europeo respaldaba la integración lingüística de los pequeños inmigrantes, solicitando incluso que se incluya su lengua materna en los planes de estudio y financiar el aprendizaje de la lengua del país de acogida con profesores que entiendan la lengua materna de los hijos de los inmigrantes.
     La cuestión de la inmigración y más concretamente su integración social es tan seria como para no dejarla entre las manos de los ministerios del interior. Nada, efectivamente, es más complejo que el tejido familiar de las generaciones de la inmigración. En la misma familia existen diversas corrientes del pensamiento que delimitan las fronteras de estas generaciones. La emergencia de una generación migratoria, cualquiera que fuera el país acogedor, no disuelve la anterior. De tal manera que las ideas conviven de manera frágil y a menudo reveladora de inevitables conflictos generalizaciones que llegan a veces hasta la ruptura y la negación de los valores intrínsicos del país de origen e inversamente de los del país de acogida con lo que ello representa en tanto que amenaza a la estructura familiar inmigrante y a la paz social en general en el país huésped.
   Tanto en Marruecos como en España, se han llevado a cabo estudios de un inestimable valor social e incluso analítico que desgraciadamente, en vez de ser complementarios, la inercia política o intelectual de algunos en los dos países, transformó, a pesar de la buena voluntad de muchos, en contradictorios y por consiguiente inútiles y superfluos.
   Todo el mundo prefirió optar por  la cooperación securitaria… Era más fácil y más cómoda.
    Los milagros del garrote vil.

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